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Santo Tomás de Villanueva, modelo para la vida consagrada

Queridos diocesanos de Alcalá de Henares: El próximo día dos de febrero, Fiesta de la Presentación del Señor, celebramos la Jornada Mundial de la Vida Consagrada. Es una ocasión para dar gracias a Dios por los consagrados, para rezar por ellos y para expresarles nuestro cariño y reconocimiento. Nuestra diócesis de Alcalá de Henares es rica en vida consagrada: contamos con nueve monasterios de clausura y treinta comunidades de vida activa, que trabajan en la educación, en el servicio a los ancianos, en la atención a los pobres, o en la pastoral de las parroquias. En total, están con nosotros casi noventa religiosos y más de ciento ochenta religiosas y consagradas, que son un verdadero regalo para nuestra Iglesia particular.

El lema de la Jornada de la Vida Consagrada de este año, “Vida Consagrada ¿para quién eres?”, hace referencia a la interesante propuesta del Congreso de Vocaciones que vivió la Iglesia española hace un año. La vocación no responde solo a la pregunta: ¿quién soy?, sino también y principalmente a la pregunta: ¿para quién soy? En los últimos tiempos, quizá se ha subrayado demasiado el concepto de vocación como autorrealización, como libertad individual para elegir lo que cada uno quiera en la vida. El problema de este planteamiento es que, si se toma de manera unilateral, prescindiendo de Dios, conduce a una gran soledad e individualismo. La vocación se convierte en una opción individual, quizá en clave egoísta, que nos separa de Dios y de los demás. Por eso urge recuperar un concepto más auténtico de vocación, como obediencia al plan de Dios, en clave de santidad y de servicio a los demás.

El pasado 29 de diciembre, junto con los sacerdotes y feligreses de la Parroquia de Santo Tomás de Villanueva de nuestra ciudad de Alcalá, tuve la gracia de ser recibido en audiencia privada por el Papa León XIV. En referencia a la vocación como respuesta a la llamada de Dios, y no tanto como autorrealización más o menos egoísta, el Papa nos presentó a Santo Tomás de Villanueva como un religioso agustino “que estuvo abierto a la acción de Dios en su vida, y cuya disponibilidad lo llevó a hacer mucho bien a la Iglesia y a la sociedad de su tiempo”.

El Santo Padre destacó tres aspectos de la vida de Santo Tomás de Villanueva, que pueden servir de estímulo para la vida consagrada de nuestra diócesis, y, en general, para todos nosotros. El primer aspecto que subrayó el Papa fue su “incesante búsqueda de la oración continua, es decir, de una sana inquietud por estar en la presencia de Dios a cada momento”. El Papa explicó que esto le llevó a vaciarse de sí mismo, para escuchar y dejar obrar al Señor. El segundo aspecto fue su laboriosidad. El Santo agustino supo trabajar de manera abnegada, con sobriedad y sencillez, primero en el campo universitario y después como Obispo, destacando por su gran celo apostólico. El Papa nos interpelaba a reconocer cada uno nuestros talentos y ponerlos al servicio de la comunidad. El tercer aspecto fue su amor a los pobres, que le mereció el título de “limosnero de Dios”. Santo Tomás de Villanueva fue tan generoso y vivió tan pobremente que, al final de su vida, se había despojado de todo, y tuvo que pedir prestada la cama a un criado para morir en ella.

El Papa Francisco decía que los consagrados, viviendo los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia, tenían la misión de “despertar al mundo”, dormido por el materialismo, el hedonismo y el individualismo. También decía que “donde hay religiosos, hay alegría”, la alegría de la entrega y del servicio. Santo Tomás de Villanueva es un modelo de santidad cristiana que interpela a toda nuestra comunidad diocesana, pero especialmente a los consagrados. A ellos quiero agradecerles vivamente su servicio y compromiso con nuestra diócesis complutense.

Recibid mi saludo y mi bendición.

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