Skip to content Skip to sidebar Skip to footer

Semillas de esperanza

Queridos diocesanos,
querida Iglesia de Urgell,

Continúo este camino dominical de profundización en el Concilio Vaticano II. Hoy, celebrando San José y el Día del Seminario, quisiera presentaros el decreto Optatam totius, sobre la formación sacerdotal. Es un texto que contempla el futuro con responsabilidad, porque allí donde se cuida el nacimiento y el crecimiento de las vocaciones, se cuida la misma vida de la Iglesia. Y allí donde la formación se vuelve superficial, el pueblo de Dios sufre las consecuencias. Por eso el Concilio quiso ofrecer criterios claros para que los seminarios y los itinerarios formativos sean verdaderas escuelas de discípulos y de pastores.

Optatam totius parte de una verdad sencilla: el sacerdote se forma para Cristo y para el pueblo. No basta con adquirir conocimientos; es necesario dejarse modelar por el Evangelio. La formación sacerdotal, por tanto, debe ser integral: humana, espiritual, intelectual y pastoral. Integral quiere decir que no separa aquello que Dios ha unido: la gracia no anula lo humano, sino que lo purifica y lo madura; y la vida pastoral no se improvisa, sino que se aprende con paciencia, bajo la guía de la Iglesia.

En primer lugar, el Concilio subraya la formación humana. Un pastor necesita un corazón unificado, maduro, capaz de relación, de equilibrio, de trabajo constante, de alegría serena y de servicio humilde. Necesita aprender a escuchar, a vivir la fraternidad, a asumir los límites, a cuidar su afectividad, a ser hombre de palabra y digno de confianza.

En segundo lugar, la formación espiritual: el centro. Optatam totius insiste en que el seminarista debe aprender a vivir de la oración, de la Palabra de Dios, de la vida sacramental, del acompañamiento espiritual, del silencio y del discernimiento. Si un futuro presbítero no aprende a estar con el Señor, difícilmente sabrá conducir a otros hacia Él. La eucaristía debe ser su fuente diaria. Y junto a ella, el amor a la Iglesia, la devoción filial a la Virgen María y una vida sencilla que haga creíble el Evangelio.

En tercer lugar, la formación intelectual. El Concilio desea sacerdotes con una «fe pensada», capaces de anunciar con claridad y de dialogar con el mundo sin complejos. Por eso pide una sólida formación filosófica y teológica, unida a la Sagrada Escritura y a la tradición viva. Así podrán servir mejor: predicar, acompañar, responder con prudencia, sostener la esperanza.

Finalmente, la formación pastoral, que no es un “añadido”, sino la concreción del amor. El futuro presbítero debe aprender el arte de cuidar: visitar, acompañar, consolar, enseñar, organizar con espíritu de servicio, trabajar con los laicos, amar a los pobres. La caridad pastoral es la forma concreta del amor sacerdotal, y se aprende en la escuela de la comunidad, allí donde la vida es real.

Os hago una invitación, querida Iglesia de Urgell, en estas letras dominicales.

En primer lugar, a rezar por nuestros seminaristas de Urgell y de otros lugares y por sus formadores. No son una cuestión “interna” del seminario: son hijos de toda la Iglesia. Cada oración por su fidelidad, su alegría y su maduración es un acto de esperanza para el futuro.

En segundo lugar, a crear un clima vocacional. Las vocaciones nacen en familias que rezan, en parroquias vivas, en comunidades fraternas, en sacerdotes felices y entregados, en la cercanía a los pobres. Si queremos vocaciones, cuidemos el terreno donde Dios suele sembrar.

En tercer lugar, a acompañar con realismo y afecto. Un seminarista necesita exigencia y apoyo, verdad y misericordia. Necesita comunidades que lo acojan, que lo animen a crecer y que le recuerden que su camino es para servir.

Y a nuestros seminaristas os digo con afecto: no tengáis miedo de dejaros formar. La formación es tiempo de gracia. Dejad que Cristo os purifique, os unifique y os haga pastores según su corazón. La Iglesia necesita sacerdotes santos, pero también humanos; firmes, pero cercanos; amantes de la verdad, pero compasivos; hombres de Dios y hermanos de los hombres.

Que el espíritu de Optatam totius renueve en nosotros la esperanza, para que el Señor continúe regalando a su pueblo pastores buenos, bien formados y alegres.

Con la bendición i el afecto de vuestro obispo, vuestro servidor,

This Pop-up Is Included in the Theme
Best Choice for Creatives
Purchase Now