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Ser cofrade en una sociedad secularizada

El papel en la Iglesia, el diálogo intergeneracional o la conjugación de fidelidad y novedad son algunos de los retos que afrontan hoy las hermandades

Cuando la planta de la procesión está ya dispuesta, los cofrades revestidos, el paso bien adornado y alumbrado sale a la calle, la cruz alzada, suene un himno y se hace el silencio.  Alguien que observa, se pregunta: «¿Por qué están aquí? ¿Qué es una cofradía penitencial? ¿Quién es un cofrade?»

Luis Argüello, arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, abrió el XXXV Encuentro Nacional de Cofradías, que se celebró en Medina del Campo, con una muy plástica descripción de la realidad actual del mundo cofrade: la emoción de contemplar el Misterio en nuestras mismas calles… Y la incertidumbre de su sentido en «una sociedad secularizada y postsecular», en palabras también de Argüello.

Los Encuentros nacieron en los años 80 del pasado siglo, cuando las hermandades volvían a florecer. Y esta última edición ha querido conectar con aquellos tiempos del primer entusiasmo: entre las actividades paralelas destacó la visita a la Casa de Ejercicios San Luis, sede fundacional de los Encuentros, en la cercana población de Villagarcía de Campos. Además de reunirse y recordar, los pioneros marcaron la pauta instando a conservar lo que llamaron «el espíritu de Villagarcía». Un espíritu que sopla sobre una estructura ya consolidada. Frente a la treintena de entusiastas de Villagarcía, en Medina del Campo se presentaron más de 500 cofrades de toda España para debatir en mesas redondas y diálogos, realizar recorridos históricos y participar en actos tan especiales como el rosario extraordinario por las calles de la villa, con motivo del 80 aniversario de la primera Procesión de Caridad. 

El crecimiento del fenómeno de los encuentros se enfrenta, no obstante, a un momento crítico. Lo explica Javier Fresno, delegado para la Religiosidad Popular de la diócesis de Zamora y uno de los pioneros de Villagarcía, en El cambio y lo esencial, una publicación extraordinaria con motivo de la reunión de Medina: «Cuando surgieron estos encuentros estábamos asistiendo a una profunda transformación social. Junto a la renovación del posconcilio tuvo lugar en la Transición política el fin de un viejo modo de entender el binomio religión-sociedad». Luego, vinieron «años de tranquilidad y afianzamiento» y, tras la pandemia, «un desbordamiento del número de participantes y espectadores». Pero hay «síntomas que pueden ser preocupantes. Probablemente, nos hemos vuelto más individualistas, menos participativos, más perezosos ante cualquier compromiso».  

Desde esta autocrítica, el Encuentro de Medina estructuró su análisis alrededor de cinco mesas de trabajo que trataron los principales temas que preocupan a las hermandades. La primera de ellas enmarcó la reflexión general con el título Necesidad de cambio cofrade ante la crisis actual. Su moderador, Manuel Zamora, director del Secretariado Diocesano de Hermandades y Cofradías de Barcelona, matizó en las conclusiones que hablamos de «momento de cambio, más que de crisis, de oportunidad, aunque puede derivar en crisis si no nos adaptamos».

Esa adaptación debe permanecer, no obstante, fiel a la esencia. Porque, como dijo monseñor Luis Argüello, «en nuestras Semanas Santas vemos caminar en paralelo el interés por lo antropológico y el interés por lo teológico o eclesial. Pero en la pretensión cristiana lo antropológico y lo divino no pueden nunca caminar separado». El arzobispo recordó que «los últimos Papas —especialmente Pablo VI y Francisco— hacen en documentos oficiales de la Iglesia un elogio de la piedad popular». 

Pero, en el caso de las cofradías, esa «chispa emotiva y afectiva, estética» en el mejor de los sentidos —«si es genuina, nunca se debe separar de lo que tiene de gloria, de esplendor de la luz de la verdad»—, no debe apartarse de cinco «puntos de referencia para conjugar la fidelidad y la novedad en las cofradías del siglo XXI: Palabra, que ayude a comprender las imágenes, los pasos y su significado; Eucaristía, centro del culto y fuente de cultura; Penitencia, signo sacramental que ayuda a entender todas las prácticas y actos penitenciales; Fraternidad, signo visible de personas que han acogido el anuncio del Evangelio y la salvación de Cristo; y Obras de Misericordia, como reconocimiento de quienes son imágenes vivas de las llagas de la cruz».

La elección de la ponencia de Luis Argüello como punto de arranque del Encuentro va más allá de lo protocolario, hasta proponerse como eje definitorio. Así lo constató una de las conclusiones más destacadas de las mesas de trabajo: «Queremos ser considerados ciudadanos de primera en la Iglesia institución». En ese sentido, se instó a «caminar junto a la Iglesia en salida», con el concepto de sinodalidad como bandera, forjando «una nueva relación con la propia Iglesia, desde dentro».

Autocrítica y autoexigencia

Pero el Encuentro también rezumó autoexigencia. Mariano Sánchez, hermano mayor de la Cofradía de la Oración en el Huerto de Granada, reconoció que las cofradías están cumpliendo con sus tres pilares: «Se celebran los cultos básicos; para la formación, algunos se apañan con una charla trimestral, y se recaudan alimentos en los cultos o cuando lo requiere Cáritas o el Banco de Alimentos. Pero a veces carecemos de lo esencial, que es lo contrario de la inercia: seguir a Cristo en comunidad y con ayuda de su Santísima Madre. La clave está en buscar alternativas: lo que hacemos está bien, pero hay que dar un paso más para salir de esa crisis que nos tiene anquilosados». 

Una de las conclusiones del Encuentro advirtió del «riesgo de crear cofradías vacías, que hacen bien la puesta en escena, pero que se quedan ahí, sin conexión con el Misterio ni con el mundo. Debemos aprender a dar respuestas nuevas a lo que nos piden la Iglesia y el mundo de hoy. Dejar de hacer las cosas por inercia. Ser cofrades, no solo procesionistas». También se pidió una «mayor implicación del laicado», apuntando posibilidades concretas: «¿Consiliarios laicos para el futuro?». 

Una de las herramientas fundamentales para avanzar en esta dirección es la formación, otro de los puntos básicos del debate: «Necesitamos cofrades, pero cofrades formados. No hay que dejar de lado la importancia del culto, de la formación teológica y religiosa, de dar razón de a lo que pertenecemos». La mesa encargada de este asunto subrayó la importancia de «los planes de acogida a los nuevos hermanos y el seguimiento, para que no abandonen. Las cofradías tienen una relevancia fundamental como primer anuncio».

Aunque, a veces, la situación es realmente crítica. José Ignacio Boada Gasulla, director del Secretariado de Asociaciones de Semana Santa de la archidiócesis de Tarragona, se quejaba de que, «en el trípode que forman cultura, tradición y religión, esta tercera pata está hoy en día enferma. Hay muchos jóvenes que no saben ni persignarse… porque no se lo han enseñado. Los que tenemos cierta edad damos cosas por sentadas, porque en el colegio nos dieron una buena base. Ahora hay que prestar especial atención a la formación». 

Una preocupación que conecta con un tema omnipresente en el Encuentro: la juventud. Abundó la ironía entre quienes decían encontrarse, una vez más, con los jóvenes de hace muchos años. Se valoró la celebración de encuentros específicos, pero también hubo quien hizo autocrítica: quizá no serían tan necesarios si se les diera más espacio a los jóvenes en los encuentros generales y en todas las actividades de la vida cofrade, «incluidos los órganos de gobierno», como subrayó con mucha intención el panel definitivo de la mesa dedicada al diálogo intergeneracional.

En esta se instó a los cofrades a «ser el espejo ejemplar en el que se reflejen los jóvenes recién llegados a la hermandad», y a ofrecerles «espacios para que desarrollen su vida cristiana». Se ponderó una ambición imaginativa y abierta que lleve a «organizar actividades no solo estrictamente cofrades, que atraigan a los jóvenes», con un matiz: «Que sean ellos quienes las organicen».

Buscar a los jóvenes

Varios de los ponentes subrayaron la necesidad de buscar a los jóvenes en las redes sociales, aunque también se alertó de los límites que impone la ley de protección de datos. La mesa encargada de estudiar mejoras en comunicación aconsejó «asesorarse —si no es posible la contratación— de profesionales entendidos en redes sociales, digitalización, etc., para no solo difundir, sino acercarse a los jóvenes que hoy, en 2024, se mueven como pez en el agua en el espacio digital». La inteligencia artificial llegará también a la Semana Santa, pero la mesa reconoció que «en este momento es casi imposible atisbar cómo acabará influyendo. Es de imaginar que como en todos los ámbitos sociales. Pero solo si estamos atentos a ese desarrollo se podrá conseguir que se apliquen las múltiples ventajas que ofrecerá».

Aunque «impulsar las redes y los medios modernos de digitalización» se consideró fundamental «para el contacto interno permanente», también se pidió «no desdeñar los medios impresos, puesto que los estratos de más edad los necesitan». Se trata de conseguir una estrategia integral, porque, como dijo José Ignacio Foces Gil, subdirector del diario El Norte de Castilla, «las cofradías necesitan tomarse más en serio la comunicación, tanto la interna como la externa».

La mesa por él moderada concluyo que «es fundamental la transparencia en la comunicación interna, que sea bidireccional entre cofradías y juntas de cofradías». Para la transmisión hacia el exterior, «hacia la sociedad en la que están incardinadas», se precisa «de mayor profesionalización, lo que no implica la contratación de personal, sino la formación y preparación de aquellas personas a las que se les encomienda esa tarea. Más aún cuando estamos en la época en la que, desde el punto de vista técnico, es más fácil comunicar».

En ese sentido, se abundó en la posibilidad de «potenciar la creatividad y la imaginación para comunicar más y mejor, impulsando acciones que van más allá de la información tradicional», entre las que se mencionaron «documentales, visitas guiadas, recorridos virtuales». Pero en todo momento quedó claro la gran línea roja: «Es necesario innovar desde el respeto tanto a la acción religiosa como a la tradición».

En la relación con los medios de comunicación social, se recordó que «es necesaria la insistencia ante las redacciones de periódicos, televisión, radio y digitales, tanto para concienciar de la trascendencia social como de los contenidos que, no se olvide, tienen base y desarrollo religioso». Los participantes en la mesa, conscientes del esfuerzo de financiación que suponen todos estos retos, pidieron «una mayor colaboración público-privada». Para impulsarla, consideraron necesarios «estudios para conocer el peso que la Semana Santa tiene en la villa o ciudad para verdaderamente hacer valer ante instituciones y empresas el retorno que para ellas tienen». En este contexto, el Jubileo de 2025 se planteó como «una oportunidad para poner en valor la importancia de las hermandades y cofradías». 

Atender las nuevas pobrezas

Las mesas de trabajo no rehuyeron temas espinosos. «Debemos tener cuidado con los enfrentamientos internos en las cofradías. No somos políticos, tenemos que dar ejemplo. Asumir la responsabilidad de lo que está pasando y no echar la culpa al empedrado, a los de fuera», concluyó la mesa dedicada a la necesidad de cambio en tiempos de crisis. María Victoria Botí Espinosa, presidenta de la Federación Nacional de Asociaciones de Mujeres Cofrades, apuntó en concreto a «los procesos de renovación en las juntas de gobierno», que «provocan entre los cofrades una actitud francamente nociva».

Finalmente, el Encuentro recordó la necesidad de «ejercer la caridad, y concienciar del trabajo que se hace, porque a través de las acciones sociales y de los fenómenos culturales podemos enganchar a gente para participar, conocer y también enamorarse del culto». Se instó a atender «las nuevas pobrezas, fundamentalmente la soledad», y se propusieron nuevas fórmulas para aumentar la eficacia de la acción cofrade. Mariano Sánchez Pantoja, hermano mayor de la Cofradía de la Oración en el Huerto de Granada, por ejemplo, planteó la posibilidad de que «varias cofradías se agrupen para crear un economato». Además, los ponentes de la mesa dedicada al contenido de los Encuentros Nacionales de Cofradías consideraron que estas deben predicar con el ejemplo, creando «una bolsa de caridad por medio de las cuotas de inscripción, indicando el destino a los participantes».

Las reflexiones del Encuentro convergieron en un saludo final a la esperanza. El último punto de las conclusiones de la mesa titulada Necesidad de cambio cofrade ante la crisis actual, declaró lo siguiente: «Tenemos presente y tenemos futuro, pese a las crisis. Tenemos mucho que aportar desde nuestra fe, desde nuestra devoción. Debemos plantear acciones conjuntas a nivel nacional, levantar proyectos en común».

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