Pedro, con Juan y Jaime, constituye el núcleo más cercano a Jesús. Pero Pedro, a pesar de sus limitaciones humanas, que nos acercan su figura porque es similar a las nuestras, fue constituido por Cristo el primero de los apóstoles, aquél a quien el Señor confió el poder de ligar y desatar. El sucesor de Pedro y los obispos «son sucesores de los Apóstoles, no sólo en la autoridad y en la potestad sagrada, sino también en la forma de vida apostólica, al saber sufrir para anunciar y difundir el Evangelio, al cuidar con ternura y misericordia de los fieles a él confiados, en la defensa de los Gregis , 43); así el obispo de Roma es «sucesor de Pedro, cabeza visible de toda la Iglesia y sirviente de los siervos de Dios» ( Universi Dominici Gregis ).
La figura del papa representa, pues, la primacía de entre el colegio episcopal, convirtiéndose en sucesor del primero de los apóstoles. No es éste un servicio menor, sino todo lo contrario: la figura del obispo de Roma -como le gustaba llamarse el papa Francisco-, la figura del papa, no es sólo simbólica sino que es fundamental para la Iglesia. Él es quien, como obispo de Roma y sucesor de san Pedro, «es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los obispos como de la muchedumbre de los fieles» ( Lumen Gentium , 23). Respecto a la Iglesia tiene la función de Vicario de Cristo y Pastor de toda la Iglesia, es decir, tiene la potestad plena, suprema y universal, que puede ejercer siempre con toda libertad; respecto al colegio episcopal, éste no tiene ninguna autoridad si no se le considera siempre en comunión con el obispo de Roma. (Cf. Catecismo de la Iglesia Católica , 882-883).
Siervo de los siervos de Dios ha sido de antiguo uno de los títulos más explicativos de la función del papa. Lo resumía el papa Francisco en su homilía en la Eucaristía de inicio de pontificado: «Jesucristo ha dado un poder a Pedro, pero ¿de qué poder se trata? A las tres preguntas de Jesús a Pedro sobre el amor, sigue la triple invitación: Pasto a mis corderos, pasta a mis ovejas. Nunca olvidemos que el verdadero poder es el servicio, y que también el Papa, para ejercer el poder, debe entrar cada vez más en ese servicio que tiene su cumbre luminosa en la cruz.» (19 de marzo de 2013).
La expresión cum Petro et sub Petro ha resumido durante siglos la relación del obispo de Roma con el conjunto de la Iglesia. Este Pedro que por tres veces y con el corazón entristecido confiesa su amor al Señor es ahora y aquí representado por la figura del papa. Oremos pues para que su servicio sea siempre de provecho para el rebaño que es la Iglesia y ayude a dirigirla hacia Cristo siguiendo a los guiados del Evangelio.







