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«Tú eres el Mesías, el hijo de Dios vivo» (Mt 16,15)

Esta afirmación de Pedro precede a su reconocimiento como primero de los apóstoles. La colegialidad de los doce es la muestra de cómo la primitiva Iglesia empezó a organizarse. Comunión, colegialidad o sinodalidad son conceptos similares que utilizamos para definir una forma de vivir la fe en comunidad.

La fe tiene una doble dimensión; es como una cruz con un brazo vertical que representa nuestra relación con el Señor, que es personal e intransferible: cada uno de nosotros tiene una relación particular con el Señor, con este compañero de camino hacia el Reino con el que podemos compartirlo todo, tanto los buenos días como aquellos otros que no son tan buenos, pero eso sí, siempre seguros de que Él está a nuestro lado, que siempre nos escucha, que siempre nos escucha, que siempre nos escucha, que siempre nos escucha fe. Pero para vivir la fe, no podemos vivirla solos; de ahí el brazo horizontal de la cruz, que representa a la comunidad, vivir la fe en comunión con los demás miembros de la Iglesia. No olvidemos este doble sentido de la fe: relación con el Señor y relación con los hermanos. Recordemos que cada uno de los apóstoles fue llamado de forma individual por Cristo, pero una vez llamados todos juntos formaban un colegio, formaban ya en cierto modo la Iglesia. Una Iglesia que se fundamenta en el amor; de hecho, nos lo dijo el mismo Cristo cuando resumió en dos los mandamientos de Dios: amar siempre y por encima de todo, y amar tanto a Dios como a los demás, no hay nada mayor.

Así también las iglesias particulares, las diócesis, vivimos la fe cada una en relación directa con Cristo, pero todas juntas formamos comunidad, la Iglesia universal. Este modo comunitario de vivir la fe necesita de una estructura, aunque sea mínima; un elemento importante de ésta es el consejo episcopal que ayuda y aconseja al obispo en su servicio. El Consejo Episcopal debe ser fundamentalmente no sólo el órgano de gobierno, sino sobre todo el consejo asesor del obispo al que confiar los problemas de fondo y problemas puntuales que surjan y donde se hable de forma libre y razonada, evitando polémicas, y siempre con afán constructor y espíritu de comunión, dentro de lo que busca la sinodalidad en la Iglesia.

En los últimos días, en nuestra diócesis, he nombrado un nuevo consejo episcopal, agradeciendo el servicio de quienes han formado parte hasta ahora. nuevo servicio que les ha sido encomendado.

Que el Señor nos ilumine y ayude a todos los que formamos esta querida Iglesia de Girona, cada uno en el servicio que nos ha sido encomendado.

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