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Tú, Señor, eres mi esperanza

IX Jornada Mundial de los Pobres

Queridos hermanos:

El próximo día 16, el domingo anterior a la fiesta de Cristo Rey, celebramos la IX Jornada Mundial de los Pobres, instituida por el Papa Francisco. Cuando todavía estamos en el Jubileo de la Encarnación, el Papa León XIV –en su mensaje para este año– presenta a los pobres como «testigos de una esperanza fuerte y fiable», porque, en lugar de confiar «en las seguridades del poder o del tener» -de las que más bien son víctimas- «su esperanza sólo puede reposar en otro lugar». Su esperanza «brota de un corazón oprimido por graves dificultades» y clama: «Tú, Señor, eres mi esperanza» (Sal 71,5). Además, en su reciente y primera Exhortación Apostólica Dilexi te, el Papa León XIV nos invita a descubrir “la fuerte conexión que existe entre el amor de Cristo y su llamada a acercarnos a los pobres” que forma parte de nuestro “camino de santificación” (n. 3).

Los pobres tienen una especial apertura a la fe porque “necesitan a Dios”, lo que los convierte en un centro de la acción pastoral de la Iglesia. Pero es que además en los pobres se revela el corazón mismo de Cristo y son una vía privilegiada para acceder a Dios. San Agustín decía que el pobre no es sólo alguien a quien se ayuda, sino la presencia sacramental del Señor (cf. Dilexi te, 44). «No estamos en el horizonte de la beneficencia, sino de la Revelación», dice el Papa León XIV, porque los pobres son un lugar de encuentro con Cristo: «Escuchando el grito del pobre, estamos llamados a identificarnos con el corazón de Dios» (Dilexi te, 5).

León XIV insiste este año en que la pobreza «tiene causas estructurales», que no dependen de las personas sino del mismo sistema. Los pobres, ciudadanos de pleno derecho de nuestra sociedad, son también producto de ella, de nuestra forma de vivir. La actual cultura del bienestar y de la comodidad llevadas hasta el extremo, está produciendo un aumento de la pobreza. El último Informe FOESSA denuncia que la exclusión severa en España ha crecido un 52%, alcanzando la lacerante cifra de 4,3 millones de personas. El aumento de la pobreza tiene unas raíces hondas, estructurales, por lo que es «preciso seguir denunciando la “dictadura de una economía que mata”», dice León XIV citando a Francisco.

Pero si pensamos que, por ser estructural, es una cuestión que corresponde solo a los que dirigen los destinos de los pueblos, corremos el riesgo de una «globalización de la impotencia tan peligrosa o más que la globalización de la indiferencia”. Esta globalización de la impotencia se manifiesta “cuando nos quedamos inmóviles, silenciosos y tal vez tristes, pensando que no se puede hacer nada ante el sufrimiento de los inocentes». El cristiano no puede quedarse en el lamento y vivir de brazos cruzados de espaldas a las necesidades de los demás. «Todos estamos llamados a crear nuevos signos de esperanza». Y más aún la Iglesia, que, por opción preferencial, tiene a los pobres en el centro de toda acción pastoral. Los pobres no son simplemente un campo de acción asistencial de la Iglesia, sino “los hermanos y hermanas más amados, porque cada uno de ellos, con su existencia, e incluso con sus palabras y la sabiduría que poseen, nos provoca a tocar con las manos la verdad del Evangelio” (Mensaje 2025).

Por eso, me gustaría hacer un fuerte llamamiento al compromiso, al voluntariado, en tantas iniciativas pastorales de nuestra diócesis que tienen que ver con los más necesitados: la apertura de nuestras comunidades a los migrantes, las visitas a los enfermos en los hospitales, la compañía de los mayores en las residencias o en sus casas, la pastoral penitenciaria… y tantas otras. Recientemente hemos firmado un convenio con la Cámara de Comercio de Cáceres para reconocer y acreditar oficialmente las competencias adquiridas por los voluntarios en las parroquias y entidades diocesanas.

En Visita Pastoral al Cottolengo que tuvo el pasado fin de semana, una de las Hermanas Servidoras de Jesús, fundadas por el P. Alegre, decía: “Si supiera la gente lo felices que somos sirviendo a los más necesitados, todos querrían hacerse como nosotras”. Que no se nos pase la vida sin probar esa felicidad que se experimenta más al dar que al recibir, y que salta para la vida eterna.

Con mi bendición.

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