Siempre me han ayudado mucho estas tres mujeres contemplativas para vivir un Adviento esperanzador donde es necesaria la visión de conjunto que da la unión con Cristo: María en Cana, la Madre de Dios que nos sitúa en el Corazón de la vida, santa Teresa de Lisieux, que nos sitúa en el Corazón de la Iglesia, y Etty Hillesum, que vive esa dimensión contemplativa en un campo de concentración.
- María de Cana (Jn. 2). Ella se sitúa y se hace presente como en un adviento de esperanza
en una boda. Porque es contemplativa, tiene una visión de conjunto, es decir, se da cuenta de
todo lo que pasa y busca la solución en Jesús. Se podría quedar en el dato, en el análisis, pero precisamente por ser contemplativa y tener esa visión de conjunto, descubre la herida y la medicina, el problema y la solución, la dificultad y la sencillez. Por ser orante tiene una visión de conjunto de la vida. No se queda polarizada en el problema. Menos se queda en la queja. Sencillamente descubre la necesidad, busca donde está la solución y con un «corazón intrépido» busca la solución en las entrañas de Misericordia del Corazón de Jesús. - Santa Teresa de Lisieux. El amor es mi vocación. Cuenta Teresita que cuando tenía solo seis años le gustaba cuando iba al parque con sus padres, el sostribarse a un árbol (el árbol de la contemplación) y desde allí, mirar la escena, con una visión de conjunto y le gustaba situarse desde Dios en la vida. Esto es propio de la profunda vida de oración, el tener una visión de conjunto y darse cuenta de las auténticas necesidades que existen en la humanidad, en la iglesia, en nuestras parroquias, en nuestro corazón. Santa Teresita así se sitúa en el corazón de la Iglesia, mi madre. Ella quería ser el amor, par vivificar a todo el cuerpo místico de Jesus. Ella como María en Caná, detecta el problema y busca la solución en el corazón del Señor dentro de la Iglesia, porque ha descubierto que «mi vocación es el amor». Si queremos vivir un Adviento de esperanza, es necesario vivir esta vocación, sino queremos caer en una especie de vida cristiana en clave depresiva, de un nivel bajo de esperanza y sobre todo instalados en un pesimismo mortal.
- Etty Hillesum, y a pesar de todo la vida es bella. Cuando comencé a leer esta mujer judía, holandesa, que fue llevada al barracón de Wsterbork, en mis años de Roma, quedé encandilado por una auténtica mística, que viene de un mundo de pecado, de desorden y que siente un deseo de adorar de rodillas, de buscar en su interior esa fuente, que unida a la Fuente Viva de Jesucristo, sólo puede ser saciada con la profunda vida de oración, de contemplación.
En este campo de concentración , pegado a Auschwitz, Westerbork, no «tira la toalla», aunque tuviese todas las razones del mundo para hacerlo. En un sociedad que en plena segunda guerra mundial está viviendo una de las noches oscuras más dramáticas de la historia, ella se sitúa con una visión de conjunto, que Etty explica en un texto que me atrevo a llamar sublime: «Es una experiencia cada vez más fuerte en mí estos últimos tiempos: en mis acciones y sensaciones cotidianas más ínfimas se desliza un atisbo de eternidad. No soy la única que está cansada, enferma, triste o angustiada. Lo estoy al unísono con millones de otros a través de los siglos.
Todo eso es la vida. La vida es bella y plena de sentido en su absurdo, por poco que se sepa encontrar un lugar para todo y cargar con todo en su unidad. Entonces la vida, de una manera u otra, forma un conjunto perfecto. Cuando se rechazan o se quieren eliminar algunos aspectos, cuando se sigue lo que agrada o el capricho para admitir tal aspecto de la vida y rechazar tal otro, entonces la vida se convierte en algo absurdo. Al perder el conjunto, todo es arbitrario».
Dice que al perder el sentido de la vida, porque perdemos el «conjunto» de la existencia y polarizamos todo lo que nos ocurre sin ninguna esperanza, nos hundimos y no descubrimos que la vida es bella cuando nos unimos al Señor, a su Corazón y lo vivimos todo como María, como Santa Teresita y como Etty, con la convicción de que la contemplación no da una visión de conunto para vivirla con entrañas de Misericordia.







