Casi a diario La Isla de las tentaciones es tendencia en las redes sociales. Siempre me ha sorprendido su éxito, así como que ocupe horas de conversación entre gente inesperada. Los que lo ven -al menos en mi entorno- siempre lo hacen con una justificación. A todos les parece moralmente horrible, ridículo, pero reconocen estar enganchados hasta la madrugada. Intentan convencerte argumentando que es mera distracción y entretenimiento, muy separado de lo que sucede en sus vidas. Y si no lo ves, al día siguiente estás fuera de la conversación en la oficina.
Para el que todavía esté libre del veneno, el concepto es el siguiente: separan a parejas en dos islas, hombres a una y mujeres a otra. En el tiempo que pasan allí les van tentando con otras personas para poner a prueba su fidelidad.
Divertirse, entretenerse, disfrutar de contenidos livianos no es malo. Pero hay cosas que dañan más que otras. No es una cuestión moral -o no solo-, es que se te seca el cerebro. Lo entendí el otro día al leer El Quijote.
En casa hemos empezado un ciclo de lectura de El Quijote con varios amigos. La clave me la han dado ellos, no es mía, pero la comparto porque es maravillosa. Alonso Quijano se vuelve loco porque lee locuras. Todo el viaje del hidalgo es en realidad un camino de la locura hacia la cordura. La falta de juicio del personaje, que sin embargo, no deja de decir verdades como puños, se debe a que ha consumido un contenido que no hace bien. Y no hace bien porque va en contra de su ser. Porque un hombre, al contrario que los héroes de los libros de caballerías, no puede ir solo en la vida, depende de otros, no lo hace todo bien, sino que fracasa y necesita ser abrazado en su fracaso.
No da igual ver o no La Isla de las tentaciones, porque no estamos hechos para eso. Y el mal que produce no es indoloro, acaba penetrando y dando forma al horizonte de la vida, como todo lo que hacemos en el tiempo libre. Por eso leo El Quijote con mis amigos, porque igual que hay cosas que reducen el horizonte y empequeñecen la vida, hay otras que lo ensanchan.







