“¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto” (Jn 20,29)
- Un antiguo consejo popular dice que hay que ver para creer. ¿No será que, según el evangelio, hay que creer para ver?
- ¿Por qué en nuestra sociedad hay tantas personas que, al parecer, se han decidido a no creer en Dios ni en su Hijo Jesucristo?
- ¿No será que creer en Jesucristo, en su vida y en su muerte, en su acción y su mensaje, nos lleva a seguir sus pasos y escuchar su voz?
- En realidad, Tomás había creído en Jesús. Se había fiado de él. Por eso estaba decidido a seguirlo hasta la muerte. ¿Se puede decir eso de nuestra fe?
- ¿A quiénes proclama Jesús bienaventurados y por qué les atribuye y promete esa felicidad tan poco estimada por nuestra sociedad?
- ¿A qué actitudes personales y a qué consecuencias sociales nos lleva en este tiempo esa audacia de creer sin haber visto?
- ¿Puedo afirmar con toda convicción que mi fe se apoya precisamente en la fe de los que han visto y escuchado al Señor?







