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Carlos Castillo: «Como cardenal, quiero llevar los rostros y voces de personas en los márgenes»

Carlos Castillo Mattasoglio, arzobispo de Lima, atiende a ECCLESIA horas después de la llamada del papa Francisco para que le ayude en el Gobierno de la Iglesia

Carlos Castillo Mattasoglio (Lima, 1950) es uno de los 21 nuevos cardenales que serán creados por el papa Francisco el próximo mes de diciembre, cinco de ellos procedentes de América Latina. Actual arzobispo de Lima y primado del Perú, atiende a ECCLESIA con amabilidad y presteza desde su nueva condición. Es sociólogo y teólogo de formación; habla, además del español, italiano y francés.

¿Cuál ha sido su reacción tras conocer la noticia?
Me he sentido conmovido, porque la verdad es que no lo esperaba. Pero es como un don que inmediatamente nos llama a acogerlo y cuidarlo, el don de una misión que a uno lo convoca a actuar de acuerdo a él. He sentido a la vez la consideración, cercanía, amistad y sensibilidad humana del santo padre Francisco para con nuestro pueblo. Incluso, desde que me llamó a asumir el encargo como pastor en Lima, siendo yo un simple párroco, sentí cómo amaba nuestra Lima y nuestro Perú. Y es que Lima, como Iglesia misionera fundada por Toribio de Mogrovejo, patrón del episcopado de América Latina, está llamada a volver a sus fundamentos. En el pasado, por ejemplo, Alonso de Barzana salió a evangelizar Buenos Aires, y el Papa recuerda siempre eso. En resumen, me llamó para volver a nuestras fuentes y, aunque lo hacemos poco a poco y vamos un poco lentos, algo estamos avanzando. Esta llamada me coge en medio de esta misión en Lima, y siento que la he de profundizar ahora como una de sus bisagras.

¿Cómo afronta esta llamada de Francisco? ¿Qué puede aportar usted dentro del colegio cardenalicio?
Lo afronto con la serenidad de comprender, primero, el alcance, la envergadura y sentido hondo al que estoy siendo llamado por el Papa, que es como una profundización de la vocación primera al presbiterado. Ahora es una llamada a ensanchar la pastoralidad, colaborando con quien es obispo de Roma y servidor de las Iglesias que forman la Iglesia universal.

En cuánto a qué puedo aportar yo, eso lo pedirá el Papa. Yo solamente llevo la experiencia de seis años intentando reformar la Iglesia de Lima en una que vuelva a su fuente, la evangelización. Ese es nuestro lema para este periodo y para nuestro plan pastoral, acordado en asamblea sinodal: lglesia de Lima: comunitaria y solidaria, participativa y misionera.

¿Qué significa para usted ser cardenal?
Significa, ante todo, de acuerdo al significado de la palabra, ser cardine, es decir, bisagra, una bisagra bien aceitada para ayudar con prontitud, destreza y suavidad al Santo Padre en su misión dentro y fuera de la Iglesia, hacia la evangelización de nuestro mundo, amado por Dios. Y lo segundo es estar en constante oración y apertura espiritual para pedir el don de ser fieles al papa Francisco como él lo es a Jesús: ser testigos de la abundancia de su sangre derramada, que está representada por el color sangre de las vestiduras, que recuerdan el martirio de Jesús, es decir, el testimonio de su sacrificio de amor gratuito que revela que Dios es Padre y toda la humanidad es hija. El color púrpura del vestido de los cardenales permite que expresemos nuestra disponibilidad a ser fieles colaboradores, entregando nuestras vidas, hasta la última gota de nuestra sangre, inspirados por Jesús, al servicio de la humanidad y especialmente de los más postergados y olvidados.

¿Cuáles son las voces o los rostros que quiere llevar consigo en esta ayuda al Santo Padre en el Gobierno de la Iglesia?
Sin duda a quienes el Papa siempre observa, acoge y escucha adonde va, y a los que está atento permanentemente: rostros y voces de nuestros pueblos, de hombres y mujeres, mayores, jóvenes y niños, especialmente pobres, indefensos, víctimas de la guerra, las mafias, el pillaje, el narcotráfico y los intereses de las potencias ambiciosas de dominio sobre nuestros recursos mineros y naturales. Rostros y voces de las víctimas de maltratos —sobre todo de los abusos en la Iglesia que tanto escándalo han dejado—, voces de las comunidades amazónicas que piden respeto a su vida y a la naturaleza amenazada por cientos de intereses especulativos y pecuniarios, que las destruyen y destruyen sus vivas y significativas culturas. Rostros y voces de personas en los márgenes, que en el caso peruano nos interpelan y convocan a ser una Iglesia a su servicio, uniéndonos a esa Iglesia servidora que el Papa impulsa en toda la tierra. Sus voces claman por humanidad, justicia, paz, solidaridad, hermanamiento, unidad, alimento, compresión y aliento para afirmar sus débiles vidas y lograr un bienestar justo y un progreso adecuado. Con ellos, llevo conmigo su fe inquebrantable en Jesús, el Señor de los Milagros, que en este mes de octubre toda mi arquidiócesis y todo el Perú celebran con devoción y fuerza espiritual.

¿Cómo ha recibido la Iglesia en Perú esta noticia?
Yo le puedo decir lo que yo siento: siento una buena acogida, con bastante entusiasmo y cariño, pero quizás esto deberían preguntarlo a quienes tengan datos más exactos o estadísticos.

América Latina tendrá mucho peso en este consistorio con cinco nuevos cardenales: Perú, Ecuador, Argentina, Chile y Brasil. ¿Qué significa esto para la Iglesia del continente?
Seguramente, los latinoamericanos hemos de participar con ese mismo espíritu de unidad con el santo padre Francisco que será el de todos los que hemos sido creados cardenales ese día: fidelidad. Así, participaremos para afianzar el camino y la forma sinodal de la Iglesia que ha ido generándose en los últimos once años. 

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