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En la fiesta de Santa Teresa de Jesús

El próximo martes celebramos la fiesta de Santa Teresa de Jesús nuestra patrona. Alguien dijo
que Teresa de Jesús convence porque habla de corazón a corazón y escribe lo que ha
experimentado. La centralidad del misterio de Cristo es la nota dominante de la vida de la santa.
En vivir con Él y como Él, y en darlo a conocer internamente como único Señor y Redentor
consistió la pasión central de su vida.

Hace diez años el Papa, con motivo del Año Jubilar Teresiano, invitaba a los fieles de Ávila a
vivir, en medio de una cultura de lo provisorio, la “fidelidad del para siempre, siempre siempre.
En un mundo sin esperanza, muestren la fecundidad de un corazón enamorado, y en una sociedad con tantos ídolos sean testigos de que ‘solo Dios basta’”.

Hoy ser cristiano no va simplemente con ser español, sino que va precisamente con una opción
libre, personal y en ocasiones muy extraña ya en determinados contextos. Esto significa que, si la
experiencia de fe no es fuerte, el cristiano se debilita ya que ha de manifestarse en un mundo
donde ser cristiano es algo extraño.

La fe, en definitiva, es un encuentro. Por tanto, ser cristiano, en primer lugar, es vivir ese
encuentro y radiarlo sin experimentar por ello vergüenza, temor, miedo. Nuestra santa es para
nosotros modelo de seguimiento del Señor. Nos acompaña en el caminar de todos los días, en las dificultades que todos experimentamos. Su enamoramiento de Jesucristo ha pasado por noches oscuras experimentando su pequeñez. La expresión de Santa Teresa, ‘En tiempos recios amigos fuertes de Dios’, ha de tener una resonancia especial hoy para nosotros animándonos a no conformarnos con una vida mediocre y sin aspiraciones y a esforzarnos en crecer en una profunda vida de amistad con Cristo, a tomar cada día más conciencia del don inmenso recibido en el bautismo y la confirmación que nos impulsa a llevar el amor de Cristo a nuestros semejantes.

El rasgo fundamental de Santa Teresa es la confianza en Dios sin reservas, por lo cual no se echa
atrás ante nada cuando se trata de seguir la voluntad del Señor. Cuando descubría la Santa cual
era la voluntad de Dios, no había fuerzas humanas capaces de detenerla. La confianza en Dios era fuente de sus firmes convicciones, de su osadía y de la perseverancia en sus propósitos.
Necesitamos también nosotros una enorme confianza en Dios, diáfana, sencilla, evangélica.
Vivimos tiempos duros para muchos de incertidumbre.

Finalmente, Santa Teresa era para nosotros un ejemplo de amor a la Iglesia. Acosada por la
Inquisición queman todos sus libros. El definitorio general de la orden le pide que se encierre
como presa en el convento que ella elija. La Iglesia vivía tiempos de desesperanza. Termina su
vida en Alba de Tormes diciendo: ‘Por fin muero, hija de la Iglesia’. Santa Teresa es un ejemplo
de amor a la Iglesia. Nos invita a trabajar dentro de ella y en ella. El amor a Jesucristo, el
seguimiento, se hace misión, se concreta y se prolonga en el amor a la Iglesia. Hemos de hablar
de una Iglesia en continuidad con el amor a Jesucristo. Sin hablar del amor personal a Jesucristo, el amor a la Iglesia se desdibuja o podemos caer en sectarismos. Desde luego que en la Iglesia existen conflictos que nos hacen sufrir, pero no es lo mismo vivirlos desde la condena y la agresividad que desde la preocupación por algo que considero mío.

Creemos que el Espíritu no sólo hizo nacer la Iglesia en el pasado, sino que continúa guiando y
acompañando a la Iglesia hoy el medio de nuestro mundo secularizado, globalizado y
posmoderno. Si no creemos en esta presencia del Espíritu Santo en la Iglesia concreta de hoy,
nuestra pertenencia a la Iglesia y el sentirnos Iglesia carecería de sentido. Creer que el Espíritu
está en la Iglesia y no la abandona, produce santos y no deja de renovarla continuamente.
Caminemos por esta senda y pensemos agradecidos todo el bien que ha brotado y continúa
brotando en la Iglesia.

Nuestro curso lo andaremos en el surco del año jubilar dedicado a la esperanza. El Papa Benedicto, en su carta encíclica Spes salvi nos dice: “el elemento distintivo de los cristianos es el hecho de que ellos tienen futuro. No es que conozcan los pormenores de lo que se espera, pero saben que su vida en conjunto no acaba en el vacío. Solo cuando el futuro es cierto como realidad positiva, se hace llevadero también el presente”. Necesitamos, hermanos, recuperar nuestra esperanza, pero esta solo es posible si recuperamos una espiritualidad profunda que nos haga mirar al mundo con los ojos de Dios, descubriendo todo lo bueno que hay a nuestro lado, valorándolo, pero al mismo tiempo siendo conscientes de lo negativo para transformarlo desde el mensaje del Señor Jesús. ‘La verdad padece, mas no perece’, decía la santa. Si la verdad padece, mas no perece, tenemos motivos para la esperanza.

Demos gracias a Dios por la vida y obra de la Santa, y pidámosle, por su intercesión, que seamos
testigos alegres de la fe que profesamos en medio de nuestros ambientes, porque como ella nos decía, ‘no está la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho, y así lo que más os despertare amar, eso hacedlo’.

Feliz fiesta a todos.

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