La adoratriz Milagros García, misionera en Cabo Verde, y Radio María fueron reconocidos con los galardones Pauline Jaricot y Pedro Manna
El titular que abre este artículo no pertenece a un servidor. Está escrito en mi cuaderno de notas y es propiedad del nuncio del Papa en España, Bernardino Auza. Pronunció estas palabras en la entrega de premios de Obras Misionales Pontificias, este viernes en Madrid, en el espacio All in One de Caixabank.
Es lo que hacen todos los misioneros y, en representación de ellos, los premiados en las ya tres ediciones de estos galardones, que llevan el nombre Paolo Manna y Pauline Jaricot. Este año los homenajeados fueron la adoratriz Milagros García, misionera en Cabo Verde, y Radio María. Entre ellos —sin ser premiado— se coló la naturalidad y el testimonio del claretiano Juan Ángel Artiles, protagonista del vídeo del Domund de 2024. Si no lo has visto, por favor, hazlo.
Milagros y Juan Ángel son un incansable ir hacia la humanidad, en Cabo Verde y Timor Oriental, respectivamente. Una humanidad en muchos casos herida, por ejemplo, por la explotación sexual, la trata de personas o la prostitución, que es una de las realidades que atiende Milagros. O la de los niños y adultos con necesidades materiales, educativas y de formación en la fe, por citar algunas de las dimensiones que atiende Juan Ángel en la otra punta del mundo.
Decía Juan José Aguirre, obispo de Bangassou, en el pregón del Domund que los misioneros no son héroes, aunque para el resto de mortales que estamos al otro lado, creyentes de a pie de parroquia, cuesta no creerlo. «En la misión hay momentos de soledad, sufrimiento y choque de culturas, pero satisface más la alegría de saber que estás extendiendo el Reino», reconoce Milagros.
A veces toca extenderlo más que con la palabra con las obras. Es la pastoral de las dos piernas, de la que habla Juan Ángel. La pastoral de ir. La pastoral de mostrar que los sacramentos son importantes porque el misionero va a pesar de tener que atravesar montañas de barro o caminar durante kilómetros. «Esto es tan importante que merece la pena hacer estos sacrificios», afirma el claretiano.
La dignidad de cada persona así lo exige, como puso de manifiesto Joseba Segura, presidente de la Comisión Episcopal para las Misiones y Cooperación con las Iglesias, que defendió, durante la entrega de los premios, la contribución decisiva del cristianismo en el desarrollo de los derechos humanos. Porque aquellas personas que, a ojos de la civilización actual, son invisibles, «a Dios le preocupan mucho».
Es lo que hacen los misioneros, como decíamos al principio, ir hacia la humanidad y reconocerla como tal. Una humanidad sagrada, obra de Dios. Como dice Juan Ángel en el vídeo, esto no solo compete a los misioneros. O dicho de otra manera, nos compete a todos, porque todos somos misioneros. Aquí y ahora.








