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Recta final del Sínodo de la Sinodalidad

Queridos hermanos:

El Sínodo sobre la sinodalidad llega a su recta final. Ya estamos en la última semana en la que se estudiará y aprobará el documento final con los frutos y las claves para ser una Iglesia sinodal misionera. Desde 2021 llevamos inmersos en un proceso que pretende revitalizar la vida y la misión de la Iglesia favoreciendo la escucha, el discernimiento y la participación activa de todos los miembros del Pueblo de Dios.

Día a día vamos siguiendo el desarrollo de esta segunda sesión que comenzó el día 2 de octubre y concluirá precisamente este domingo 27. Son muchos los temas de actualidad que encuentran eco en las ruedas de prensa: el viaje del Papa a Bélgica, los migrantes, la guerra, el diálogo por la paz, el aborto… El Sínodo, que pretende iluminar la marcha de la Iglesia en medio de los desafíos del mundo moderno, no escapa a los problemas sociales de nuestro presente. En nuestro momento histórico, marcado por el individualismo, la iniquidad, las injustas desigualdades, las irreconciliables polarizaciones y una guerra mundial a pedazos diseminada acá y allá, la Iglesia evangeliza a contracorriente y está llamada a ser más visiblemente signo e instrumento de unión con Dios y de unidad entre los hombres entre sí. La Iglesia tiene que dar razón de su esperanza también hoy. Y este es un gran servicio a nuestra sociedad para no caer en el pesimismo. Seguramente el próximo año Jubilar de la Encarnación en 2025 será una concreción y una continuación del proceso sinodal.

El Sínodo concluirá, pero el proceso sinodal continuará. Ha iniciado una dinámica eclesial que ya no se podrá detener. El Papa lo había dicho en su primer escrito programático: “El tiempo es superior al espacio. Darle prioridad al tiempo es ocuparse de iniciar procesos más que de poseer espacios. El tiempo rige los espacios, los ilumina y los transforma en eslabones de una cadena en constante crecimiento, sin caminos de retorno” (Evangelii Gaudium, n. 223). El Sínodo es un proceso que estará marcado por los tiempos del Espíritu, sin dejar a nadie atrás ni al borde del camino.

La comunión, la participación y la misión de la Iglesia no son de exclusiva responsabilidad de quienes participan en la Asamblea sinodal reunida estos días en Roma, sino que afecta a toda la Iglesia: “todos, todos, todos”. Lo que podemos hacer es seguir con interés los trabajos que se están llevando a cabo y, sobre todo, rezar por sus frutos con la confianza puesta en el Señor que dirige y protege a su Iglesia. Nuestra oración será el mejor modo de contribuir a hacer visible la unidad en la búsqueda de la verdad y la mejor forma de prepararnos para recibir con corazón abierto sus conclusiones. Después vendrá la fase de recepción y aplicación en nuestra diócesis, nuestras parroquias, comunidades y movimientos. Todos tendremos que ponernos manos a la obra.

Pidamos al Señor que nos dé la gracia de crecer como Iglesia diocesana siguiendo el modelo de la primera comunidad cristiana, animada por el Espíritu Santo. Que este Sínodo nos ayude a crecer en la escucha recíproca, en el testimonio cristiano en el mundo, en la íntima comunión espiritual, en la ayuda mutua y en la oración de unos por otros.

Con mi bendición,

J

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