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Santidad en el Jubileo: «El programa de vida de Carlo Acutis fue estar siempre unido a Jesús»

El Papa canonizará a Acutis y a Pier Giorgio Frassati en el Jubileo de los Adolescentes y en el de los Jóvenes, respectivamente, como ejemplo y signo de santidad. Antonia, madre del primero, reconoce que salvó su vida

Uno de los hitos del Año Santo será la canonización del beato Carlo Acutis, anunciada por el papa Francisco para el próximo 27 de abril, coincidiendo con el Jubileo de los Adolescentes. Posteriormente, también será proclamado santo otro italiano, el beato Pier Giorgio Frassati, con motivo del Jubileo de los Jóvenes, el 3 de agosto. Se trata de dos signos muy celebrados en la Iglesia universal en medio de la santidad desbordada de Dios y derramada sobre su pueblo. Porque alcanzar el cielo, y no otra cosa, es la meta y propósito del Jubileo, la culminación perfecta de la reconciliación y conversión por la gracia a la que se nos insta.

Durante EncuentroSevilla, la periodista Cristina López Schlichting pudo entrevistar a la madre de Carlo Acutis, Antonia. Mediante su conversación, hemos podido conocer de primera mano el testimonio del joven estudiante y programador informático que dedicó su vida a documentar y divulgar milagros eucarísticos y apariciones marianas en las redes sociales —aparte de desarrollar una intensa labor caritativa—, antes de morir súbitamente a causa de una leucemia. «Carlo siempre decía que la vida es un don y que tenemos que maximizarla hacia la eternidad. Insistía en que hay que pensar en hacer todo el bien posible ahora, en el momento presente, y que tener miedo a la muerte es síntoma de poca fe, porque la muerte es el pasaje a la verdadera vida. Miedo solo hay que tener al pecado», afirmó la madre del beato.

Desde el momento de su muerte, se extendió por todo el mundo la fama de santidad de Acutis, quien, según Antonia, fue velado y visitado por muchísimas personas de todo el mundo de las que no sabían nada. «Descubrimos que había hecho una gran obra en internet», aseguró. «Su vida fue siempre pensar en los demás y no dar problemas. Recuerdo que el primer juguete que le compramos fue un pequeño cordero de peluche, y este, en realidad, fue el manifiesto de toda su vida: una donación por los demás y por las almas del Purgatorio», agregó.

Oración por los difuntos

Sobre esta inclinación particular, Antonia Acutis recordó que Carlo perdió a su abuelo a los cinco años y que, muy poco después, les confesó que le había visitado en sueños pidiéndole que rezara por él, pues estaba en el Purgatorio. «Durante toda su vida tuvo esa sensibilidad y obsesión de orar por los muertos que más lo necesitan; incluso ofreció los dolores de su enfermedad por el Papa, por la Iglesia y por las almas de los difuntos», explicó la madre del beato, quien recibió la fe de su hijo después de manifestar una inclinación natural hacia Dios y su Iglesia. Hasta ese momento, en su familia se tenía una total indiferencia hacia la religión.

«Carlo fue el salvador de mi vida», llegó a reconocer durante la entrevista Antonia, hija de un editor del mundo de la cultura, y quien rompió su agnosticismo para estudiar Teología ante las insistentes preguntas que le formulaba su hijo. «Me hacía sentir que no estaba a la altura. Pero gracias a ello, su enfermedad no fue una tragedia, pues pasé la muerte de mi hijo en una vida de fe. Fue una cruz, sí, pero Carlo decía que siempre había que subir al Gólgota, que su sufrimiento era menor que el de otros muchos y que no se podía quejar. Carlo no tenía miedo a la muerte, pues toda su vida tuvo una relación privilegiada con Jesús. No la vivió como un final, sino como el encuentro con la persona amada. Durante su enfermedad, me decía que no me preocupara, que me daría muchos sueños y me visitaría mucho en sueños, y así lo ha hecho, conmigo y con más gente», aseguró. «Por ejemplo, yo tenía 40 años cuando él murió y no me podía quedar embarazada. Cuatro años después, se me apareció en sueños y me dijo que iba a tener más niños. Un mes más tarde, estaba encinta y vinieron los gemelos», confesó.

«También visitó en sueños la misma noche a dos amigas suyas que no superaban su muerte y se pasaban el día llorando. Les dijo que parasen, que no debían estar tristes. Él siempre era positivo, optimista, se pasaba el día hablando de Dios… Incluso en su funeral se produjo ya el primer milagro, cuando una mujer con un cáncer de mama imploró la curación y quedó sanada antes de empezar el tratamiento. Nada más morir adquirió fama de santidad y numerosas personas de todo el mundo invocaron su mediación», reconoció Antonia.

Así las cosas, su madre no puede evitar recordar que Carlo «era diferente ya desde pequeño. Inclinado siempre de forma natural hacia Dios, hacia María, hacia la Iglesia. Siendo muy joven nos dijo: “Estar siempre unido a Jesús, este es mi programa de vida”». Añadió que tenía muy presentes las palabras de la madre Teresa sobre que «Calcuta está debajo de nuestra casa», y que no dudaba en ponerlas en práctica con los mendigos de su calle, o ayudando de manera organizada y comprometida a todo el que lo necesitaba. «En su vida, todo está conectado, con Dios por encima. Hay una tradición italiana que consiste en encomendarse a un santo al inicio del año. Él siempre se encomendaba a Jesús o a la Virgen María, nunca a ningún santo. El año que murió se encomendó a uno, y su fallecimiento se produjo cuando el santoral lo celebraba», manifestó. 

Realmente presente

Por último, Antonia Acutis afirmó ante el auditorio de EncuentroSevilla que siente «su presencia desde que murió, porque, aparte de todos los sueños que me prometió y que me está dando, él está viviendo con mucha gente, y lo vemos cada día en los informes de milagros que nos llegan, de curación, de conversiones, etc. Le rezan en todo el mundo». «Él decía siempre que somos más afortunados en esta época que los que vivieron con Jesús. Porque ellos lo vieron, sí, pero creer era muy fácil, y, además, a nosotros nos basta con bajar a la calle y entrar en la iglesia más cercana para estar en Jerusalén. Defendía siempre que había que visitar el tabernáculo con la misma devoción con que pisamos Tierra Santa. Y yo, personalmente, gracias a mi hijo, he comprendido que allí está Jesús, realmente presente en el pan y el vino», sentenció.

Sin lugar a dudas, se trata de dos grandes inspiraciones para los jóvenes y adolescentes que peregrinarán este Año Santo en busca de lo que Carlo Acutis y Pier Giorgio Frassati ya ganaron en la vida, el cielo. No parece fácil encontrar mejores ejemplos para coronar este Jubileo de la esperanza, especialmente dedicado a combatir la soledad, el aislamiento y la falta de sentido que sufren muchos jóvenes. 

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