Pierluigi Giroli, funcionario de la Secretaría de Estado de la Santa Sede, ha sido el encargado de pronunciar la reflexión, en la que llama a los fieles a no caer presas de «los juicios de los demás» para «para compartir su fe en el Dios de lo imposible y la esperanza en el cumplimiento de sus promesas»
Pierluigi Giroli, funcionario de la Secretaría de Estado de la Santa Sede, ha sido el encargado de leer la catequesis del papa Francisco durante la audiencia general de los miércoles, dedicada en esta ocasión a la Visitación de María a su prima, santa Isabel. Aquejado de un «fuerte resfriado», el Santo Padre se ha excusado ante los cientos de fieles que se reunían en el Aula Pablo VI para escuchar su alocución de los miércoles: «Con este fuerte resfriado, me es difícil hablar», ha afirmado con la voz ronca y entre una incómoda tos, agregando que «le he pedido a mi hermano que lea la catequesis y la leerá mejor que yo».
Así las cosas, fue el mencionado Giroli quien leyó las reflexiones que el Papa había elaborado para este miércoles, 5 de febrero, en las que insta a los católicos a no sentirse presas de «los juicios de los demás» y evitar, así, quedar paralizados entre las murmuraciones. En su lugar, y siguiendo el ejemplo de María, llamó «a ponerse en camino», como hizo la Virgen, «para compartir su fe en el Dios de lo imposible y la esperanza en el cumplimiento de sus promesas».
«Esta joven hija de Israel —prosigue la catequesis— no elige protegerse del mundo, no teme los peligros y los juicios de los demás, sino que sale al encuentro con los demás», en relación a cómo vemos y tratamos al otro. El Santo Padre no ha querido dejar de subrayar que lo que mueve a María a ponerse en camino no es ni más ni menos que «sentir el impulso del amor». Porque, establece el sucesor de Pedro, «cuando una persona se siente amada, experimenta una fuerza que pone en movimiento el amor», creando, de esta forma, un círculo virtuoso.
De esta forma, ante el reconocimiento del Mesías en su hijo y de su misión como madre, María se hace a un lado y «no habla de sí misma, sino de Dios, y eleva una alabanza llena de fe, esperanza y alegría». «Esta alabanza al Dios salvador, que brota del corazón de su humilde sierva, es un solemne memorial que sintetiza y cumple la oración de Israel», ha señalado. Pero siempre dejando claro que Dios se inclina sobre la pequeña virgen para hacer en ella «grandes cosas».
«El Señor, Dios fiel para siempre —ha leído Pierluigi Giroli, como voz a las palabras del Pontífice—, ha derramado un torrente ininterrumpido de amor misericordioso de generación en generación, sobre el pueblo fiel a la alianza, y ahora manifiesta la plenitud de la salvación en su hijo, enviado para salvar al pueblo de sus pecados».
Siguiendo el hilo de la reflexión, ha concluido que la Pascua es «la categoría hermenéutica» a partir de la cual se comprende «toda liberación posterior, hasta la realizada por el Mesías en la plenitud de los tiempos».








