Las Comendadoras del Espíritu Santo agradecen al papa Francisco, en un escrito remitido a ECCLESIA, la beatificación de su fundador, Guido de Montpellier, así como la audiencia privada que tuvieron con él
Escrito de las Comendadoras del Espíritu Santo del Puerto de Santa María:
«Dos acontecimientos de gracia otorgados por la Divina providencia acompañan el día a día de la Orden del Espíritu Santo.
El primero, que aún resuena en nuestro corazón, es el recuerdo alegre e inolvidable del pasado 18 de mayo de 2024, vísperas de Pentecostés, cuando el Papa, por medio del motu proprio Fide incensus, concedió a la Orden del Espíritu Santo (Orden Sancti Spiritus) la tan esperada beatificación de nuestro fundador Guido de Montpellier.
Nuestro querido fundador, religioso francés, del siglo XII, de familia noble, ya desde joven practicaba las obras de caridad, inspirado en el ejemplo de su familia. En Montpellier inicia su obra en una casa-hospital al cual destino toda su herencia, dedicando desde el inicio esta obra de misericordia al Espíritu Santo ya que fue el quien se la inspiró. Pronto se le unen hombres y mujeres que siguen su ejemplo, y así nace una comunidad. Luego viaja a Roma y el papa Inocencio III en 1198 aprueba su Orden y la regla monástica escrita por el mismo Guido.
Guido —escribe el Papa Francisco en el motu proprio Fide incensus— pretendía con su obra «abrazar al hombre en su totalidad, en alma y cuerpo, y se extendía desde el más pequeño hasta el más anciano… El ideal de ayudar a todos se concretaba particularmente en el cuidado de los recién nacidos abandonados y de los niños no deseados. Además de la asistencia material y espiritual a las madres solas y a las prostitutas, uno de los primeros tornos se construyó por iniciativa del Beato Guido en el Hospital del Santo Espíritu en Sassia, donde los niños podían ser dejados anónimamente bajo el cuidado de la comunidad». Guido, además, «no se limitaba a ayudar a los que acudían a él, sino que animaba a sus hermanas y hermanos a salir a la calle en busca de los necesitados». Un servicio incondicional a los pobres al que los religiosos unían la contemplación de la Santísima Trinidad.
Hoy, 826 años después Dios a través de su Iglesia ha querido exaltar las virtudes de nuestro fundador, un faro que sigue brillando a través de los siglos, mostrándonos el Rostro de Cristo en el rostro de los más necesitados. como dice Fide incensus. «El ejemplo de Guido de Montpellier, un hombre absolutamente único por su humilde vida espiritual, su obediencia y su servicio a los pobres siempre nos ha atraído e inspirado. Creemos, por tanto, que ha llegado el momento de presentarlo de modo especial a la Iglesia de Dios, a la que sigue hablando con su fe y sus obras de misericordia».
Por este gran acontecimiento nuestra Orden del Espíritu Santo pidió al papa Francisco una audiencia privada para agradecerle por la beatificación de nuestro fundador. El día señalado por la Santa Sede para este encuentro en el Vaticano fue el día 5 de diciembre. La familia fundada por el beato Guido en su diversidad de servicios; la rama femenina contemplativa y activa, los sacerdotes, cofradías y seglares, venidos de diferentes partes del mundo tuvimos la oportunidad de reunirnos en la sala Clementina con el Papa.
En su intervención, Francisco destacó cuatro aspectos fundamentales que han acompañado a nuestra Orden del Espíritu Santo desde sus inicios: La dedicación a la Santísima Trinidad, La comunión, Vivir sin nada propio, y el servicio.
«Es interesante ver cómo el plan de Dios macera en la cocina del corazón —y de esto saben mucho las monjas, las hermanas—, y las notas de sabor y color van impregnando las reglas de vida, para después difundir su perfume a toda la Iglesia». (Papa Francisco).
Por nuestras raíces fundacionales estamos llamadas a la pobreza y al servicio de los pobres por eso el sumo pontífice nos recordó “no significa simplemente una vida esforzadamente sobria y desprendida, sino comprender que somos huéspedes en la Casa de Dios que nos acoge, compartiéndola con los pobres a los que estamos llamados a servir”.
El encuentro trascurrió en fraternidad y alegría, y lo mejor ha sido que cada uno de los más de 300 participantes tuvimos la oportunidad de darle la mano al papa Francisco y expresarle nuestro amor fraterno y el agradecimiento por todo lo que ha hecho por nuestra orden, al ver sus ojos experimentamos el amor de padre hacia nosotros. Momentos inolvidables que han quedado tatuados en nuestro corazón como signo del amor misericordioso que Dios nos tiene.
Nosotras al vivir estos acontecimientos, recordamos a generaciones de hermanas y hermanos que inspirados en la regla del beato Guido gastaron su vida siguiendo su ejemplo, del cual el papa Francisco dice: «Humilde y modesto servidor de los necesitados, de los enfermos y de los niños abandonados».
Definitivamente dos acontecimientos que han marcado la historia de nuestra Orden. Solo nos queda decir como el salmista “¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? (Sal. 115, 12); El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres (Sal 125,3)».








