El documento, titulado «Abrazando la vida, construimos esperanza», aborda el «invierno demográfico», promueve ayudas para las familias y pide «un cambio de rumbo» en la cuestión del aborto
En el marco del Jubileo de 2025 convocado por el papa Francisco bajo el lema «Peregrinos de esperanza», la Iglesia española celebrará la Jornada por la Vida el próximo 25 de marzo, coincidiendo con la solemnidad de la Encarnación del Señor. En su mensaje para esta significativa fecha, los obispos de la Subcomisión para la Familia y Defensa de la Vida de la Conferencia Episcopal hacen un llamamiento apremiante a la sociedad a «abrazar la vida» como fundamento para construir una esperanza sólida y duradera.
El documento, titulado significativamente «Abrazando la vida, construimos esperanza», subraya la especial relevancia de esta celebración en el contexto del Año Jubilar, recordando las palabras del Santo Padre en la bula Spes non confundit, donde invita a descubrir los signos de esperanza. Los obispos se hacen eco del espíritu del Concilio Vaticano II, que insta a la Iglesia a escrutar a fondo los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio. En este sentido, identifican como un signo de esperanza una «visión de la vida llena de entusiasmo para compartir con los demás».
Esta perspectiva optimista, señalan los prelados, está intrínsecamente ligada a encontrar el sentido profundo de la propia existencia. En una sociedad marcada por el «ruido y las prisas», donde la felicidad se presenta a menudo como la mera satisfacción de deseos inmediatos, el mensaje insta a una reflexión profunda sobre las preguntas más esenciales del ser humano: «¿Qué es el hombre? ¿Cuál es el sentido del dolor, del mal, de la muerte…? ¿Qué valor tienen las victorias logradas a tan caro precio? ¿Qué puede dar el hombre a la sociedad? ¿Qué puede esperar de ella? ¿Qué hay después de esta vida temporal?».
Si bien los obispos reconocen la diversidad de respuestas a estas interrogantes, recuerdan a los fieles la profunda reflexión de san Agustín: «Nos hiciste, Señor, para ti; y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti». Afirman que el corazón humano anhela una plenitud que trasciende lo efímero, ya que «el ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios, no puede conformarse con sobrevivir o subsistir mediocremente, amoldándose al momento presente y dejándose satisfacer solamente por realidades materiales». Es en Jesucristo, el hijo de Dios encarnado, donde se halla la «verdadera respuesta a todos nuestros anhelos más hondos». A la luz de esta revelación, la Conferencia Episcopal Española enfatiza que «cada persona ha sido creada por amor y para amar».
El mensaje, sin embargo, no evade la realidad de un marcado descenso de la natalidad en los países occidentales —incluyendo, obviamente, a España—, un fenómeno que describen como «invierno demográfico». Ante esta compleja situación, que impacta directamente en el futuro de la sociedad, los obispos abogan por una reflexión profunda y citan al papa Francisco, quien en la bula de convocación del Jubileo apunta a factores como «los ritmos frenéticos de la vida, de los temores ante el futuro, de la falta de garantías laborales y tutelas sociales adecuadas, de modelos sociales cuya agenda está dictada por la búsqueda de beneficios más que por el cuidado de las relaciones».
Con profunda tristeza, el texto también señala que, desde la aprobación de la ley del aborto en España en 1985 y hasta 2023, se practicaron más de 2,5 millones de abortos voluntarios, y que solo en 2023 se registraron 103.097 de ellos. Esta cifra impactante subraya, a su juicio, la urgencia de una reflexión y un cambio de rumbo.
En contraste con este panorama, el mensaje episcopal presenta al matrimonio cristiano y a las personas que siguen creyendo en el amor como una «luz de esperanza». Destacan un amor que «sobrepasa el deseo y la comodidad inmediata, donde los hijos son una esperanza para el futuro». El amor conyugal entre un hombre y una mujer es considerado la «expresión plena de la vocación al amor según el plan de Dios», un amor «abierto al don de la vida, reconociendo en cada hijo una bendición divina y un signo concreto de esperanza para la humanidad». En este acto de generosidad y corresponsabilidad, el matrimonio refleja el designio creador de Dios, siendo un «testimonio vivo de su fidelidad y fecundidad».
En este sentido, los obispos consideran «crucial que la sociedad impulse políticas públicas que no solo protejan a las familias, sino que también favorezcan un entorno económico y social propicio para que los jóvenes puedan formar familias con estabilidad». Concretamente, mencionan la necesidad de «asegurar empleos dignos y estables, un salario justo, una vivienda adecuada y ofrecer incentivos que disuadan de la emigración». Además, insisten en la importancia de «promover una cultura que valore el amor conyugal como base para la vida y que fomente una corresponsabilidad entre todos los sectores, para que cada familia pueda contribuir al bienestar común y enfrentar la crisis demográfica».
Por último, el mensaje también aborda el «poco aprecio de la maternidad que se da en muchos planteamientos empresariales e incluso culturales», resaltando la necesidad de «revalorizar esta maternidad, reconociéndola no solo como un acto biológico, sino como una verdadera vocación que debe ser apoyada y celebrada». En este punto, se piden «políticas públicas» centradas en «garantizar el bienestar de las madres, proporcionando el apoyo necesario para que puedan vivir su maternidad, sin sentirse solas ni sobrecargadas».
Finalmente, los obispos españoles quieren unirse a la petición del papa Francisco para «una alianza social para la esperanza, que sea inclusiva y no ideológica, y que trabaje por un porvenir que se caracterice por la sonrisa de muchos niños y niñas que vendrán a llenar las tantas cunas vacías que ya hay en numerosas partes del mundo».








