El purpurado destacó también las enseñanzas de Francisco en el ámbito laboral, donde se desarrolla también la dignidad humana
Víctor Manuel Fernández, exprefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, presidió la Eucaristía por el eterno descanso del papa Francisco en el sexto día de los novendiales. Una celebración que coincidió con el Día Internacional del Trabajo y que el purpurado aprovechó para exponer la preocupación de Francisco sobre esta cuestión.
De hecho, el purpurado destacó el firme compromiso del Papa Francisco con la dignidad del trabajo, pues no solo permite el sustento, sino que expresa y nutre la dignidad humana, desarrollando capacidades, fortaleciendo relaciones y permitiendo colaborar con Dios en el cuidado del mundo. De hecho, recordó que el Pontífice decía que el trabajo es el mejor auxilio para un pobre y que no hay pobreza peor que la que priva del trabajo y su dignidad.
La homilía abordó también la visión de Francisco de que la dignidad humana implica promover a la persona para que desarrolle sus dones y se gane el pan, en lugar de solo darle cosas.
Y puso al propio pontífice como ejemplo de trabajador. «No solo ha hablado del valor del trabajo, sino que toda su vida ha vivido su misión con gran esfuerzo, pasión y compromiso. Para mí siempre fue un misterio entender cómo pudo soportar, aun siendo un hombre grande y con varias enfermedades, un ritmo de trabajo tan exigente», subrayó.
Y concluyó: «Comprendió que su trabajo era su misión, su trabajo cotidiano era su respuesta al amor de Dios, era la expresión de su preocupación por el bien de los demás. Y por estas razones, el trabajo mismo era su alegría, su alimento, su descanso».






