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Argüello propone un «Programa 2033» para para pedir al Santo Padre la renovación de la consagración del mundo al Corazón de Cristo

El decálogo, que busca estar en sintonía con el magisterio pontificio de León XIV —«¡Esta es la hora del amor!»—, empieza por «acoger, orar, compartir y anunciar» la última Encíclica de Francisco, Dilexit Nos

El arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, monseñor Luis Argüello, propuso un ambicioso «Programa 2033» durante su ponencia de clausura en el Congreso internacional sobre el Corazón de Jesús, Cor Iesu, Spes Mundi, celebrado en Valladolid el pasado fin de semana. Así, presentó un decálogo que busca estar en sintonía con el magisterio pontificio de León XIV —«¡Esta es la hora del amor!»— que empieza por «acoger, orar, compartir y anunciar» la última Encíclica del recientemente fallecido papa Francisco, Dilexit Nos.

Entre los puntos clave del decálogo, monseñor Argüello destacó también la necesidad de «vincular caridad, unidad y paz» y «vivir la vida como vocación» para que sea reconocible, concreta y visible en un mundo que, según sus palabras, «se resiste al Evangelio» y «al que le falta corazón». Aseguró, del mismo modo, que «estamos llamados a entrar en una vía maestra de tener los mismos sentimientos del Corazón de Cristo, un corazón humilde, pobre y sacrificado». Desde esta perspectiva, afirmó que «solo desde ahí es posible la comunión entre nosotros y dar respuesta a un corazón que ha sido seducido por el poder». Por ello, añadió: «Hemos de huir de toda tentación de poder, también en la Iglesia». Porque la clave para responder al amor de Cristo, explicó, «es el amor al prójimo».

El programa también insta a «extender» el amor del Corazón de Jesús en misión evangelizadora y de reparación para «construir sobre las ruinas que deja el pecado». El cuarto punto del decálogo enfatiza la importancia de «sacar brillo a la Eucaristía del domingo, a encontrarnos en la Eucaristía del domingo, como expresión de un pueblo que reconoce su pila bautismal y su altar, que genera una comunidad visible; la Eucaristía del domingo que nos congrega y nos envía a salir a los caminos en comunión misionera, llevando el amor del Corazón de Cristo», un amor que «cura, repara y va haciendo germinar su reinado».

Otros puntos abordados en el decálogo incluyen el Sínodo (quinto punto) y el «cuidado de la devoción popular» (sexto punto), considerada valiosa por Pablo VI y central en el magisterio del papa Francisco. El séptimo punto propone una «alianza social para la esperanza» en áreas como la demografía, la promoción de la natalidad y el cuidado de la vida, los enfermos y los migrantes. El octavo punto llama a «insuflar alma» a las empresas e instituciones ligadas a la Iglesia.

En el noveno punto, monseñor Argüello se refirió al «desafío» del «reinado social de Cristo», vinculado a la Doctrina Social de la Iglesia. A su juicio, el coloquio entre la Iglesia y el mundo «es un asunto que no tenemos resuelto». Subrayó que la Doctrina Social de la Iglesia «no es solo una propuesta de valores» y se centró en la cuestión antropológica —partiendo de una concepción «humano-divino» y de que el ser humano solo es centro «si reconoce que el corazón del mundo y el corazón de nuestro corazón es el Corazón de Cristo», estamos llamados a «desplegar toda la potencialidad de lo humano»– y la cuestión del bien común. Respecto a esta última, afirmó que estamos llamados a «reconstruir alianzas, vínculos, a ser pueblo entre los pueblos, un pueblo que convoca a los pueblos» en un momento de individualismo y crisis democrática. En este sentido, Argüello aseguró que esta es «la tarea, seguramente, fundamental de la Iglesia: Regenerar e incorporar a la vida pública una reflexión para que la convivencia en nuestras sociedades no solamente sea posible, sino que haga posible la dignidad y el bien común».

El décimo y último punto del «Programa 2033» es una llamada a «renovar nuestra consagración personal, familiar y diocesana al Corazón de Jesús». La meta es «crear una conciencia eclesial que pueda ser presentada al Santo Padre para pedirle la renovación de la consagración del mundo al Corazón de Cristo en el año 2033», coincidiendo con el 2.000 aniversario de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús.

Así las cosas, monseñor Argüello concluyó su ponencia con un doble llamamiento: «¡Acojamos el amor del Corazón de Jesús!» y «¡devolvamos amor por amor para enamorar al mundo!».

https://icorazondecristo.org/Este Congreso internacional, coorganizado por el Arzobispado de Valladolid y el Instituto del Corazón de Cristo de Toledo, reunió a más de 400 participantes de América, Asia y Europa, incluyendo delegaciones de países como Líbano, Alemania, Francia, Italia, Argentina y México, además de una amplia representación española. Jose Maria Alsina, presidente del Instituto del Corazón de Cristo, celebró que el Congreso haya demostrado cómo «es posible hoy trabajar juntos entre realidades eclesiales tan diversas desde aquello que nos une: el amor del Corazón de Jesús».

El evento también facilitó la difusión global de la devoción gracias a su retransmisión en directo, que acumuló cientos de usuarios simultáneos y miles de reproducciones.

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