El presidente de la Comisión Episcopal de Vida Consagrada y obispo de León presidió la Eucaristía de clausura de la Asamblea General de la CONFER
El presidente de la Comisión Episcopal de Vida Consagrada y obispo de León, Luis Ángel de las Heras, presidió este jueves la Eucaristía de clausura de la Asamblea General de la CONFER. Ante los superiores y superioras mayores de las congregaciones de nuestro país, pidió que vida consagrada y diócesis estrechen lazos en la misión de llevar al mundo el mensaje del Evangelio.
«Entrad en el corazón de las Iglesias locales y dejad que las Iglesias locales entren en vuestras comunidades», subrayó de forma improvisada al inicio de la homilía. Además, insistió en que la vida consagrada debe abrirse a toda la Iglesia en el discernimiento de presencias: «Caminad con el resto del pueblo de Dios».
El obispo claretiano señaló también, al hilo del tema de la asamblea, que los consagrados tienen que ser hoy «un canto de esperanza, promotores y profetas de esperanza», especialmente en las periferias donde este no se encuentra.
De hecho, citando a san Pablo VI, cuya memoria se celebraba, insistió en que el amor a Cristo y a la humanidad tiene un desafío: el de llevar un mensaje de liberación. Un mensaje, continuó, que implica «luchar contra todo mal, contra la guerra y la violencia, el hambre, las enfermedades crónicas, el analfabetismo, la depauperación, la injusticia, el neocolonialismo económico y cultural, las adicciones, la falta de igualdad y dignidad humana y una lista que aumenta vertiginosamente en nuestros días».
Y subrayó en que Dios sigue presente en nuestras sociedades, en las ciudades superpobladas y en nuestros pueblos —«abro paréntesis para deciros que no os vayáis de los pueblos despoblados»— y que los consagrados deben contribuir a que la Iglesia, como ha dicho León XIV, sea fermento para un mundo reconciliado. «Experimentamos la reconciliación y seamos piedras vivas de ese necesario, urgente y esperanzado mundo reconciliado», concluyó.








