La Iglesia celebra este domingo la jornada Pro Orantibus dedicada a recordar y rezar por todos aquellos que dentro de la Iglesia dedican su vida a Dios desde un carisma determinado que denominamos vida consagrada. Se ha escogido para este año como lema «Orar con fe, vivir con esperanza» así se une la oración, uno de los rasgos característicos de la vida consagrada, con la esperanza, tema central de este año jubilar 2025.
Son diversas las fórmulas que la vida consagrada ha ido adquiriendo a lo largo de los siglos. En unos inicios y en la edad media quienes consagraban su vida a Dios lo hacían en gran número para seguir la vida eremítica primero y la vida monástica en comunidad después. Al paso de los años aparecieron las órdenes mendicantes y las dedicadas a la predicación, y ya a lo largo de los inicios de la modernidad muchos institutos dedicados a la enseñanza, la salud o la atención a los ancianos. Varios han sido los carismas a lo largo de los siglos y siempre importante el papel de órdenes e institutos tanto para la vida de la Iglesia como para la vida del conjunto de la sociedad a la que tanto han aportado y todavía aportan.
A menudo decimos que la vida consagrada está en crisis y ciertamente algunas, por no decir muchas, comunidades se ven obligadas a irse de los lugares donde han servido a la Iglesia durante siglos, y en general se debe a la falta de nuevas vocaciones y al envejecimiento de las comunidades. Entonces, la esperanza es más necesaria que nunca porque la Iglesia y el conjunto de la sociedad necesitan de la vida consagrada: que algunos y algunas de entre ellos se dediquen a consagrar su vida a Dios es hoy tanto o más necesario que hasta ahora.
Las comunidades consagradas a Dios, además de su papel social en el mundo de la enseñanza o del cuidado de las personas mayores, por citar tan sólo dos ejemplos, son además intercesoras con su oración de las necesidades del mundo ante Dios, de una oración que nace de la fe y que pide poder vivir esta fe con esperanza.
Debemos orar por la vida consagrada para pedir que ésta siga presente en la vida de la Iglesia, porque por su misma naturaleza esta forma de vida es necesaria porque es fuente de esperanza. Pero si la fuente de la esperanza se seca, ¿dónde podremos pouarla? Oremos pues en esta solemnidad de la Santísima Trinidad para que el Señor conceda vocaciones a la vida consagrada, sea en el carisma que sea, para que con su oración nos muevan a todos a vivir con esperanza, según guíe el Espíritu de verdad.







