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Barcelona celebra la beatificación del hermano marista Lycarion May: «Un ejemplo de amor y servicio»

El prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, cardenal Marcello Semeraro, presidió una Eucaristía en la que estuvo acompañado por el arzobispo de Barcelona, cardenal Juan José Omella

Los hermanos maristas y toda la comunidad católica celebraron este fin de semana en Barcelona la solemne beatificación de Lycarion May, mártir asesinado durante la Semana Trágica de 1909 en la ciudad condal. La ceremonia, que tuvo lugar en la parroquia de San Francisco de Sales, adyacente al colegio Maristas La Inmaculada, supuso todo un reconocimiento a una vida de entrega incondicional al servicio y la educación. La celebración estuvo presidida por el cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, y concelebrada por relevantes figuras de la Iglesia local, como el también cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona. Una delegación de 15 personas, incluyendo autoridades locales y familiares, viajó desde Valais (Suiza), lugar de nacimiento del mártir, para participar en este día histórico.

En su homilía, el cardenal Semeraro destacó la figura del beato Licarión Mayo a la luz de la palabra de Cristo, afirmando que, «para el hermano Lycarion, educar era un acto de amor y de servicio». Nacido en Suiza como François Benjamin May, el hermano Lycarion ingresó en los Hermanos Maristas a los 18 años y pronto se ganó el sobrenombre de «pedagogo del corazón». Su labor se centró en la educación, especialmente en el Patronato Obrero de San José en el barrio de Poblenou de Barcelona, donde impulsó una escuela gratuita para hijos de familias obreras.

Su asesinato, entre la noche del 26 y la mañana del 27 de julio de 1909, se enmarca en el período de violencia política y conflicto social y antirreligioso conocido como la Semana Trágica de Barcelona. El hermano Lycarion May fue, de esta manera, ejecutado por su destacado rol como referente de una comunidad cristiana y educativa, que sus verdugos veían como el polo opuesto a sus ideales anarquistas y antirreligiosos.

El cardenal Semeraro, así las cosas, subrayó el enorme significado de su martirio, indicando que su martirio puede «considerarse la cumbre y la silla de montar de su vida, la corona de su valentía vital y de su lealtad a su vocación marista». Del mismo modo, citó una reflexión de uno de sus hermanos: «Fue un religioso ejemplar que necesitaba ser acompañado por el martirio».

La homilía profundizó asimismo en el significado de la vida del beato Lycarion a través de las palabras de Jesús: «Quien ama la vida, la perderá; y quien aborrece la vida en este mundo, la guardará para la vida eterna» (Jn 12,25). Esta frase, explicó, invita a no aferrarse a la propia vida de manera egoísta, sino a «valorarla a través del intercambio» y la apertura a los demás en solidaridad y colaboración. «El que quiso servirme, me amó» (Jn 12,26), fue otra de las citas evangélicas destacadas por el cardenal, para explicar que seguir a Jesús implica estar siempre en camino y al servicio de los demás.

El Hermano Provincial de L’Hermitage, Gabriel Villa-Real, abrió la ceremonia con unas emotivas palabras que resonaron durante toda la jornada: «La beatificación del hermano Lycarion es mucho más que un reconocimiento litúrgico. Es la proclamación de una vida sencilla y entregada, vivida con humildad, cercanía y amor incondicional por los niños y jóvenes más vulnerables. Es también un signo de esperanza para todos aquellos que creen en la educación como camino de transformación social y espiritual». Reiteró que «el hermano Lycarion hizo de su vocación una respuesta de amor. En medio de dificultades sociales y persecuciones, sembró paz, confianza y fraternidad. Su pedagogía del corazón, inspirada en san Marcelino Champagnat, continúa viva en cada escuela marista que educa con amor y servicio».

Por su parte, el Superior General de los Maristas, Ernesto Sánchez, llegado desde Roma, invitó a la reflexión sobre el «mensaje de entrega incondicional de nuestros hermanos» mártires y pidió al nuevo beato que anime a los Maristas de Champagnat a vivir su vocación con «alegría y entrega».

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