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VI. De colas, sol y alegría

Vamos caminando por una calle de Roma que no soy capaz de identificar. Al final de la calzada, a la derecha, giramos. Y San Pedro nos recibe. Esa es la primera impresión real que tengo de Roma. San Pedro de frente, imponente, recibiendo a quienes peregrinan, como nosotros, para ir a verle. Eterno. Dueño de sí mismo.

Llegamos a Santa María la Mayor y la cola es kilométrica. Cientos y cientos de personas que se agolpan para entrar, al sol. Pero alegres pese a todo. Y pienso que es precioso que tanta gente haga cola para venir a ver a Francisco. Porque eso solo puede significar que verdaderamente impactó en la vida de miles que están dispuestos a viajar desde tan lejos solo para ver su tumba. Para sentirse un poquito más cerca de él. Incluso cuando en vida nunca lo estuvieron.

Hay colas en todos sitios. A casa esquina que giras, a cada restaurante que miras, a cada monumento que quieres visitar. Siempre hay colas. Largas, al sol, con muchísima gente. Y aún así no hay quejas (o al menos no demasiadas). Solo hay alegría, cánticos, risas. En medio de la espera, del agotamiento, hay emoción e ilusión. Y qué bonito es eso. Que haya algo más grande que lo terreno, que sepamos que estamos aquí por algo mucho más grande que cualquiera de nosotros.

Cuando llegamos, la Plaza de San Pedro está a reventar. Intentamos entrar sin éxito, así que echamos a andar por los laterales y acabamos detrás de la columnata. Ni siquiera vemos las pantallas. Pero entre el móvil y lo que escuchamos de lejos nos apañamos.

Casi al acabar la misa, cuando ya hay gente marchándose y parece que todo ha acabado, empiezan los gritos. Hace rato que hemos dejado el móvil de lado, así que no sabemos qué está pasando. Alguien a nuestro lado grita que es el Papa. ¿Cómo que el Papa? Si no estaba. Pero sí, es el Papa.

Echo a correr hacia la entrada de la plaza por si puedo verle, aunque sea de reojo, pero la gente no me deja avanzar más que unos pocos metros.

Al final le vemos de lejos, entre las columnas. Saludando a la gente a diestro y siniestro, sonriente, emocionado.

Y a mí me da mucha ternura verle la cara cuando por fin conseguimos conectar el móvil.

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