En la introducción del documento, Mons. Prieto afirma que «Dios nos pide ponernos en estado de misión, saliendo al encuentro de nuestros hermanos para sembrar la esperanza, que es Cristo (cfr. 1Tm 1,1). Pero esta misión no podemos llevarla a cabo sin una profunda vida espiritual, en la que Cristo sea el centro y el motor. Ni podemos ser misioneros cada uno por su lado, sino en comunión, sabiendo que es necesario que estemos unidos, para que el mundo crea (cfr. Jn 17,21-23). Si Dios nos llama a la misión, hemos de ponernos en camino con esta misma ilusión y paciencia, cada uno en su lugar. Creo que una reflexión común sobre la pastoral con jóvenes, que cada uno adapte a su realidad, puede sernos de utilidad a todos. Aunque nuestras raíces se hunden en la antigüedad cristiana, desde la reinstauración de 1991, somos una Diócesis joven, en la que la población crece cada año. Ciertamente nos afecta el desplome de la natalidad, pero menos que en otros lugares, por lo que muchos jóvenes de nuestra Diócesis están esperando que les anunciemos a Cristo, para que llene sus vidas de sentido y de esperanza».







