Con una semana de diálogo y esperanza, el Papa sigue impulsando la misión de la Iglesia desde el corazón mismo del Jubileo
La semana que culmina este 31 de octubre ha estado marcada de una parte por grandes hitos administrativos y, por otra, de encuentros con profunda significación pastoral en el marco del Año Jubilar de la Esperanza. El martes, resultó muy destacada la publicación del documento Dibujar nuevos mapas de esperanza, una carta apostólica de León XIV que, en el sexagésimo aniversario de Gravissimum educationis, recuerda que la formación en conocimientos es la trama misma de la evangelización y una de las expresiones más altas de la caridad.
Viaje a Turquía y Líbano
Ese mismo día también se produjo la presentación oficial del programa del próximo viaje apostólico del Santo Padre a Turquía y Líbano. Según ha trascendido, León XIV hablará en hasta 16 ocasiones —entre discursos, saludos y homilías—, y visitará lugares emblemáticos, como el mausoleo de Attaturk, la Mezquita Azul o Iznik, antigua Nicea, donde conmemorará el 1.700 aniversario del concilio del mismo nombre. Como colofón, firmará con el patriarca Bartolomé una declaración conjunta.
Reuniones diplomáticas
En el plano diplomático, el Papa ha recibido esta semana en audiencias privadas a los presidentes de Hungría, Fiji y Gabón, reafirmando el compromiso de la Santa Sede con la paz global y la cooperación internacional.
Sin embargo, el corazón de la agenda del Pontífice se ha centrado en la celebración de grandes aniversarios para la Iglesia y en el fomento de la educación, proclamando un mensaje —en consonancia con los últimos meses— de unidad y esperanza, así como la necesidad urgente de la paz mundial, que resuena con la experiencia de una Iglesia que necesita convertirse constantemente, pues la vida solo es vida si está en camino.
Desde la Basílica de San Pedro hasta el Coliseo, y desde la Plaza hasta el Aula Pablo VI, León XIV ha insistido en que el mundo necesita una visión amplia, capaz de trascender la cerrazón individual y la lógica parcial que conduce al conflicto. Tanto para los líderes religiosos como para los jóvenes, el mensaje ha sido claro: el diálogo y la educación son las herramientas más hermosas y poderosas para cambiar el mundo, construyendo «constelaciones de sentido» que orienten el camino futuro. La Iglesia, al conmemorar el sexagésimo aniversario de la declaración conciliar Nostra aetate, ha reforzado su compromiso con el entendimiento mutuo, la caridad religiosa y la condena del antisemitismo, haciendo un llamamiento a que las religiones actúen juntas para aliviar el sufrimiento humano y cuidar de nuestra casa común.
Audiencia general: compañeros de viaje hacia la verdad
La audiencia general del pasado miércoles estuvo dedicada al sexagésimo aniversario de la declaración conciliar Nostra aetate y se erigió como un momento clave de la semana, pues reunió en la Plaza de San Pedro a peregrinos y representantes de diversas tradiciones religiosas. León XIV enmarcó su catequesis con las palabras de Jesús a la mujer samaritana, enfatizando que el diálogo auténtico nace de la sed de Dios y se realiza «en espíritu y en verdad». El Santo Padre subrayó que la declaración conciliar promulgada hace seis décadas invitó a tratar a los seguidores de otras religiones no como extraños, sino como «compañeros de viaje en el camino hacia la verdad».
El Papa recordó que Nostra aetate fue emitida señalando inicialmente hacia el mundo judío, con el que la Iglesia reconoce un vínculo espiritual profundo y raíces comunes. Reafirmando la postura de sus predecesores, León XIV condenó con claridad el antisemitismo, sosteniendo que «la Iglesia no tolera el antisemitismo y lo combate en razón del Evangelio mismo». Como el diálogo judeo-católico ha logrado mucho en estas seis décadas, el Papa instó a que «las circunstancias políticas y las injusticias de algunos» no alejen a los creyentes de la amistad que se ha cultivado.
Finalmente, el Pontífice instó a la acción conjunta, destacando que nuestras tradiciones religiosas deben contribuir a la humanización de la tecnología, como la inteligencia artificial, para evitar que esta «viole gravemente su dignidad infinita». Insistió en la necesidad de devolver la esperanza a un mundo devastado por la guerra, asegurando que «esta se basa en nuestras convicciones religiosas, en la convicción de que un mundo nuevo es posible». Con este espíritu de colaboración, el Papa agradeció la amistad a otros líderes religiosos y los invitó a una oración silenciosa para que este espíritu se transmita a la generación futura.
Jubileo de la Educación
Por su parte, el jueves estuvo dedicado a la juventud, con el encuentro con los estudiantes con motivo del Jubileo del Mundo Educativo en el Aula Pablo VI. El papa León XIV, recordando sus años como profesor de matemáticas, expresó su alegría por el encuentro y animó a los jóvenes a tener «la audacia de vivir en plenitud». Les pidió no conformarse con las modas o con «ir tirando», haciéndose eco de las frases del joven santo Pier Giorgio Frassati: «Vivir sin fe no es vivir, sino ir tirando», y «¡hacia lo alto!». Los animó a proyectar una sociedad mejor, para que su generación sea reconocida como la «generación plus», por el impulso adicional que sabrán dar a la Iglesia y al mundo.
León XIV identificó la educación como «una de las herramientas más hermosas y poderosas para cambiar el mundo». Pidió a los jóvenes que se alíen para abrir una nueva etapa educativa y que se conviertan en portavoces de la verdad y hacedores de paz. El Papa, usando su experiencia en ciencias, recurrió a la analogía de las constelaciones, señalando que, aunque una persona es una estrella, cuando se une a otras, forma una constelación que orienta el futuro. Asimismo, presentó tres nuevos desafíos en el Pacto Educativo Global, comenzando por la necesidad de una «educación de la vida interior», ya que no basta con el conocimiento científico si ignoramos el corazón, pues «sin silencio, sin escucha, sin oración, incluso las estrellas se apagan».
El segundo desafío es la educación digital, un ámbito en el que los jóvenes son maestros, pero donde el Papa les advirtió: «¡Pero no dejen que sea el algoritmo el que escriba su historia! Sean ustedes los autores». Les pidió educarse para humanizar lo digital, como hizo san Carlo Acutis, quien utilizó la red para evangelizar, y, finalmente, abordó el desafío de la educación para la paz, que debe ser «desarmada y desarmante», ya que «no basta con silenciar las armas; es necesario desarmar los corazones». Les pidió ser agentes de paz en sus entornos cotidianos, mirando siempre «aún más arriba, hacia Jesucristo, “el sol de justicia”».
Mirada amplia y esperanza
El lunes, la semana comenzó con la Misa celebrada en la Basílica de San Pedro con los universitarios de las Universidades Pontificias. En su homilía, el Santo Padre destacó que la gracia para el estudiante, el investigador y el erudito es la de «una mirada de conjunto, una mirada capaz de abarcar el horizonte, de ir más allá». Comparó la condición de la ignorancia, la cerrazón o la falta de interés espiritual con la mujer encorvada del Evangelio, incapaz de ver más allá de sí misma. La sanación que ofrece Cristo y el estudio permiten recuperar una postura erguida ante la vida.
El Pontífice también lamentó que en la actualidad seamos «expertos en detalles infinitesimales de la realidad, pero somos incapaces de alcanzar una visión de conjunto». Por ello, urgió a los estudiantes a llevar adelante el trabajo intelectual y la búsqueda de la verdad «sin separarlos de la vida». Además, el Papa exhortó a las universidades a abrazar su tarea educativa, que se asemeja al milagro de Jesús, pues «el gesto de quien educa es levantar al otro, ponerlo de pie» y ayudarlo a madurar un pensamiento crítico autónomo. Este acto, según León XIV, es una «caridad que pasa precisamente por el alfabeto del estudio, del conocimiento, de la búsqueda sincera de lo que es verdadero».
Paz, reconciliación y Nostra aetate
El martes, también tuvo una gran dedicación al diálogo interreligioso y la paz. Por la tarde, León XIV participó en el Encuentro Internacional por la Paz, promovido por la Comunidad de Sant’Egidio y celebrado en el Coliseo. Ante líderes de diversas tradiciones, el Papa insistió en que la paz es un «camino permanente de reconciliación» y que «la oración es una gran fuerza de reconciliación». Recordando el histórico encuentro de 1986, el Papa manifestó: «Volvemos a empezar desde Asís, desde esa conciencia de nuestra tarea común, desde esa responsabilidad por la paz».
Durante el encuentro, y en sintonía con la declaración Nostra aetate, el Pontífice hizo un poderoso llamamiento por el fin de la guerra. Haciendo suyas las palabras de Francisco, reiteró con firmeza: «¡La guerra nunca es santa, sólo la paz es santa, porque es la voluntad de Dios!». Y dirigió un llamamiento a los líderes políticos, recordando que «poner fin a la guerra es el deber impostergable de todos los líderes políticos ante Dios» y que «Dios le pedirá cuentas a quienes no han buscado la paz».
Más tarde, en la celebración del aniversario de Nostra aetate en el Aula Pablo VI, el Papa se reunió con líderes y representantes de las religiones del mundo. Celebró que la semilla de esperanza plantada hace 60 años se haya convertido en «un árbol fuerte» que da frutos de amistad y cooperación. El Papa recalcó que Nostra aetate enseña que la humanidad pertenece a «una sola familia humana» y que las religiones buscan respuestas a los «grandes enigmas de la condición humana». El diálogo auténtico, explicó, «no es una táctica ni una herramienta, sino una forma de vida, un viaje del corazón» que transforma a todos, sin exigir el abandono de la propia fe, sino manteniéndose firmes en ella. Y concluyó con la misión crucial de los líderes religiosos: «Ayudar a nuestros pueblos a liberarse de las cadenas del prejuicio, la ira y el odio» para convertirse en profetas de paz.
Cuatro pilares para la formación cristiana
En el día de hoy, el Santo Padre se ha encontrado con educadores procedentes de todo el mundo en la Plaza San Pedro, con motivo del Jubileo del Mundo Educativo. Ante la luminosa constelación de carismas y metodologías que representan a la Iglesia como «Madre y Maestra», el Santo Padre —quien previamente fue docente de la Orden de San Agustín— ha delineado cuatro aspectos esenciales, inspirados en su mentor: la interioridad, la unidad, el amor y la alegría.
Respecto al primer pilar, la interioridad, el Papa ha advertido sobre la superficialidad de un mundo dominado por pantallas y filtros tecnológicos, subrayando que, si bien los medios físicos son útiles, «el verdadero maestro está dentro». Ha invitado a los educadores a considerar la formación como un camino compartido, citando a san Agustín para enfatizar la introspección como vía a la verdad: «No quieras derramarte fuera; entra dentro de ti mismo, porque en el hombre interior reside la verdad». La segunda palabra clave, unidad, se refleja en el lema del Pontífice —In Illo uno unum—, destacando que solo en Cristo se encuentra la verdadera unidad. Además, ha reiterado que retoma y actualizará el proyecto del Pacto Educativo Global, recordando que compartir el saber «no puede tomar otra forma que la de un gran acto de amor».
El tercer pilar es el amor, sobre el cual el Santo Padre ha ofrecido una visión agustiniana: «El amor a Dios es primero en el orden de lo preceptuado; el amor al prójimo, en cambio, es primero en el orden de la acción». Ha advertido que la enseñanza nunca debe separarse de la caridad y alertado que una crisis en la transmisión del saber conlleva una crisis de esperanza, pues dañar el papel social y cultural de los formadores es «hipotecar el propio futuro». Finalmente, el Papa ha abordado la alegría, destacando que los verdaderos maestros educan con una sonrisa.
Abordando los síntomas de fragilidad interior generalizada que preocupan en los contextos educativos actuales, ha señalado el peligro de la inteligencia artificial, cuyo conocimiento técnico y estandarizado, frío, puede aislar aún más a los estudiantes. En contraste, la alegría del proceso educativo es «plenamente humana», una llama que, según san Agustín, «funde las almas y de muchas hace una sola». El discurso ha concluido con una invitación a usar estos valores como «puntos cardinales» de la misión educativa, recordando la enseñanza de Jesús de que lo hecho por el más pequeño de los hermanos, es hecho por Él.








