“Este es mi Hijo amado, en quien me complazco” (Mt 3,17)
- ¿Estamos seguros de que, en este tiempo y en esta cultura nuestra todos los hijos son amados por su padre?
- Por otra parte, ¿podemos ver a nuestro alrededor que los hijos se sienten felices por ser amados por sus padres?
- En el bautismo y en la trasfiguración de Jesús se oye una voz del cielo que es el eco de las palabras de Isaías 42,1. ¿Qué nos dice esa relación entre los dos textos?
- Jesús será muchas veces criticado precisamente porque dice ser hijo de Dios. ¿Qué significaba para él ese título?
- ¿Ese título que el mismo Dios concede a Jesús implica que los demás no podemos considerarnos como hijos de Dios?
- Teniendo en cuenta nuestras actitudes y nuestro comportamiento, ¿podemos decir que Dios se complace en nosotros?
- Si reconozco a Jesús como el Hijo predilecto del Padre, ¿qué puedo hacer yo para participar en ese amor y en esa complacencia de Dios?







