El obispo de León y presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada presenta la realidad de esta forma de vida en la Iglesia en el Encuentro de Vicarios y Delegados de la Vida Consagrada
El Encuentro de Vicarios y Delegados de Vida Consagrada ha comenzado este jueves con una mirada a la realidad de esta parte esencial de la Iglesia a cargo del presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, Luis Ángel de las Heras. El obispo de León ha recalcado que, a pesar de las cifras, problemas y desafíos, la vida consagrada ve el futuro como tiempo de Dios y encarna la esperanza en su forma de vivir.
De las Heras puso imágenes concretas a esa esperanza. Por ejemplo, en el modo que los consagrados atienden las heridas del mundo o en su vida en comunidad, en la que el centro es Cristo. «La vida consagrada debe contagiar la novedad de la esperanza y ser laboratorio, profecía que recuerda que la comunión fraterna no es una utopía».
Sobre estos cimientos, el presidente de la ya citada comisión, hizo un repaso por las cifras y los retos que afronta la vida consagrada en España. En cuanto a los números, que reflejan una caída en los últimos diez años, pone el énfasis en que todavía son muchas las personas consagradas. 31.756 miembros de institutos religiosos de vida activa y sociedades de vida apostólica; 7.401 contemplativos; 1.670 personas vinculadas a institutos seculares y 236 vírgenes consagradas. A todos ellos habría que incorporar los miembros de nuevas realidades de vida consagrada.
Además de las cifras, el obispo planteó algunos retos de la vida consagrada: desde el acompañamiento de las diócesis a todas la formas de vida, que tiene que ser permanente y no solo cuando haya problemas a la participación en los servicios de pastoral de la vocación, que, advirtió, «no es pastoral del reclutamiento».
Otro punto interesante en la relación de las congregaciones u órdenes con las diócesis tiene que ver con el discernimiento sobre las presencias, que se lleva a cabo ordenadamente cuando se propone una fundación, pero que podría ser mejorable cuando se decide el cierre de una comunidad. Explicó De las Heras que lo ideal es hacerlo de forma coordinada, de modo que, si se ha de llegar al cierre de una comunidad o al cese de una actividad, se haga con un discernimiento interno de la institución de vida consagrad responsable y otro discernimiento compartido con la diócesis en la que está.
Durante su intervención, también abordó la propuesta de la Conferencia Monástica de España, que está en estudio en la Santa Sede, así como los criterios para acoger a candidatas extranjeras. En este sentido, recordó que los obispos desaconsejan admitir en España jóvenes de otros países para discernir la vocación o comenzar la formación.






