La afortunada comunidad fue Santa Maria Regina Pacis, en Ostia Lido. El Papa visitará cinco parroquias en su diócesis durante los domingos previos a la Pascua
León XIV realizó ayer su primera visita pastoral a una parroquia de la diócesis de Roma desde su elección como Pontífice, el pasado mes de mayo. La afortunada comunidad fue Santa Maria Regina Pacis, en Ostia Lido, la considerada como «playa de Roma», elegida por el Papa para sumergirse en la realidad cotidiana de los fieles y el resto de habitantes del lugar. Esta visita es la primera de cinco etapas que el Papa realizará por su diócesis durante los domingos previos a la Pascua.
León XIV arribó a la costa romana alrededor de las 15.45 horas, y fue recibido a su llegada por el cardenal vicario Baldo Reina y el párroco de la comunidad, don Giovanni Patané. Durante el recibimiento, los jóvenes expresaron su alegría haciendo volar un león inflable y coreando su nombre.
Antes de la celebración litúrgica, el Santo Padre, en calidad de obispo de Roma, dedicó tiempo a escuchar y alentar a los diversos miembros que dan vida a la comunidad: desde los niños y jóvenes de catequesis hasta los ancianos, los enfermos y pobres, quienes son habitualmente asistidos por los voluntarios de Cáritas. Según Vatican News, entre los enfermos y ancianos hubo una mujer que le relató con orgullo que León XIV era el cuarto Papa al que tenía la oportunidad de saludar en su vida.
Así las cosas, el Pontífice tuvo gestos de cariño con los Scouts, a quienes saludó con sus gorras y de quienes recibió un pañuelo como regalo. Y se trasladó a un gimnasio cercano para reunirse con los integrantes de una asociación local de baloncesto y, en un gesto de cercanía con los atletas, firmó un balón y varios uniformes deportivos.
León XIV presidió la Eucaristía a las 17.00 horas, ofreciendo una homilía centrada en la «nueva ley» de Jesús, y la transformación que esta brinda a cada corazón. En la Misa participaron unas 400 personas, las cuales fueron elegidas al azar por el párroco para evitar favoritismos. Debido a la limitación de espacio en el templo, cientos de personas más siguieron la liturgia desde la plaza a través de pantallas gigantes.
Durante su reflexión, el Papa subrayó con entusiasmo que el mensaje cristiano no es ni puede ser nunca una carga, sino todo lo contrario: una fuerza liberadora. «Es la gracia del Espíritu Santo la que inscribe indeleblemente nuestros corazones y cumple los mandamientos de la Antigua Alianza», proclamó, explicando asimismo que los diez mandamientos deben verse como una luz en el desierto y no como una imposición externa: «Su observancia se entiende y se lleva a cabo no tanto como un cumplimiento formal de preceptos, sino como un acto de amor, de correspondencia agradecida y confiada con el Señor de la alianza».
En este sentido, recordó que la voluntad de Dios busca siempre el bienestar del hombre: «La ley dada por Dios a su pueblo no está en conflicto con su libertad, sino que, por el contrario, es la condición para su florecimiento». Y citando el Concilio Vaticano II, subrayó que la Iglesia hace suyas las alegrías y angustias de la humanidad, especialmente de todos aquellos que sufren.
Uno de los momentos más intensos de la jornada se vivió cuando el Papa abordó con valentía los problemas sociales que afectan al barrio marítimo de Roma. Aludiendo a las raíces del mal que nacen de un corazón «frío, duro y carente de misericordia», denunció las lacras que golpean a la comunidad local: «Lo experimentamos también aquí en Ostia, donde lamentablemente la violencia existe y es dañina, a veces se arraiga entre jóvenes y adolescentes, tal vez alimentada por el abuso de sustancias; o por organizaciones criminales que explotan a las personas».
Sin perder la mirada a esta realidad, León XIV hizo un llamamiento a la resistencia espiritual y social: «No se resignen a la cultura del abuso y la injusticia. En cambio, propaguen respeto y armonía, empezando por desarmar el lenguaje». Instó a los fieles, especialmente a los jóvenes, a aprender en la parroquia una coherencia entre fe y vida que incluya el perdón y la reconciliación con el hermano antes de cada celebración en el templo.
Recordando que, hace 110 años, el Papa Benedicto XV dio nombre a la parroquia en plena Primera Guerra Mundial, León XIV lamentó que hoy «muchas nubes aún oscurecen el mundo», con lógicas de arrogancia y victoria a cualquier precio. Y, como antídoto, propuso la mansedumbre: «Contrarrestemos esta tendencia con el poder desarmante de la mansedumbre, continuando pidiendo la paz, acogiendo y cultivando su don con tenacidad y humildad».
La visita concluyó con una sentida oración a María, Reina de la Paz, pidiéndole que proteja a la comunidad de Ostia mientras intenta, día a día, ser un reflejo del amor de Dios en sus calles. Con este gesto, León XIV no solo inició su camino por las parroquias romanas, sino que dejó claro que su pontificado también estará marcado por la presencia directa en las periferias y el compromiso con la justicia social. Por último, el Papa mantuvo un encuentro privado con el Consejo Pastoral de la parroquia, una práctica que destacó como una tradición que mantiene desde sus visitas en Perú. El encuentro duró aproximadamente unas tres horas, concluyendo cuando ya había caído la noche sobre Ostia.








