El V Congreso Latinoamericano de CEPROME marca un hito en la región, al conmemorar los diez años de una institución dedicada a la prevención y la protección integral de menores y personas vulnerables
Bajo el lema «Reparar el daño: entre la fe que sostiene, el cuidado que acompaña y la justicia que restaura», el Centro de Investigación y Formación Interdisciplinar para la Protección del Menor —CEPROME— inauguró su V Congreso Latinoamericano, que se está celebrando en Costa Rica entre el 3 y el 5 de marzo. Este encuentro marca sin duda un hito en la región, al conmemorar los diez años de trayectoria de una institución dedicada a la prevención de abusos y la protección integral de menores y personas vulnerables en el seno de la Iglesia católica.
Tal es así, que el papa León XIV —quien vivió y trabajó en Perú durante más de 40 años— ha otorgado un respaldo fundamental al encuentro, enviando un sentido mensaje a los participantes. En su misiva, el Santo Padre califica el camino de reparación como «una de las tareas más urgentes y dolorosas del Cuerpo de Cristo», y subraya que esta labor no es exclusiva de expertos, sino una dimensión esencial de la misión evangelizadora que «interpela la conciencia de cada pastor y de cada comunidad eclesial».
Desde esta responsabilidad asumida, el Pontífice hace un llamamiento a una «verdadera conversión en la justicia: personal, pastoral e institucional». Y es que, a su juicio, los líderes locales no pueden limitarse a garantizar las normas, sino que deben «asumir en primera persona una cultura del cuidado capaz de prevenir el abuso, de escuchar a las víctimas y de dar testimonio de la ternura de Cristo, transformando las heridas en rendijas de esperanza».
Con el respaldo por escrito de la Santa Sede, Francisco Javier Acero Pérez, obispo auxiliar de México y miembro del Consejo de CEPROME, subrayó durante la inauguración la postura firme de su institución como punta de lanza de la Iglesia: «Todos los aquí presentes estamos en contra de los abusadores y de los encubridores, estamos exactamente del mismo lado. Podemos ser aliados, no enemigos. Y debemos encontrar las manzanas podridas y vencer las resistencias para apartarlas de las sanas».
En su calidad de portavoz, monseñor Acero recordó que la labor de CEPROME se sitúa del lado de los más vulnerables y de la sociedad civil, buscando siempre el bien común. Y advirtió de que la institución no debe quedarse en las meras palabras, sino trasladarlas a hechos, pues «la credibilidad no se recupera con discursos, sino con procesos sostenidos y verificables».
El congreso, así las cosas, se ha estructurado en torno a tres dimensiones fundamentales que buscan guiar el camino de la Iglesia hacia una renovación integral y profunda. En primer lugar, «la fe que sostiene», entendida como el fundamento pastoral que impulsa a afrontar la herida desde la responsabilidad, sin negarla en ningún caso. Después, «el cuidado que acompaña», enfocado en la promoción de protocolos claros, formación especializada y procesos de escucha activa. Y, por último, «la justicia que restaura», la cual conlleva una responsabilidad institucional plena, colaboración estrecha con las autoridades civiles y garantías reales de no repetición.
En lo referente al concepto de «reparación», el obispo auxiliar de México fue tajante al afirmar que «hablar de reparación implica reconocer que hubo daño. Y la Iglesia no puede sanar lo que no reconoce. La reparación no es un gesto simbólico. Es un proceso concreto que exige responsabilidad, formación y transformación cultural».
Durante las sesiones de trabajo propiamente dichas, los participantes han definido las claves para una reparación que sea verdaderamente integral y sanadora, empezando por la pareja que forman reconocimiento y verdad. «Implica escuchar, creer a las víctimas, pedir disculpas públicas y verificar los hechos, lo que restaura su dignidad y visibiliza su sufrimiento», según se ha proclamado. La justicia restaurativa también ha sido uno de los elementos sobre los que se ha hecho más reflexión, pues, más allá del castigo, se busca sanar el daño psicológico, físico y espiritual mediante un acompañamiento integral. La responsabilidad institucional de la Iglesia —que debe asumir la reparación económica y moral de los abusos cometidos por sus miembros—, las garantías de no repetición —mediante la implementación estricta de protocolos de protección y cambios estructurales que prevengan futuros casos— y la reparación simbólica —a través de actos públicos para la memoria histórica y la reconstrucción del tejido social— también han emergido como cuestiones a tomar en cuenta.
Por último, el congreso también ha querido recordar que el acompañamiento no es algo opcional. Monseñor Acero recordó que ofrecer este proceso —una «presencia cálida y acogedora ante una situación dolorosa»— es «responsabilidad de cualquier persona con responsabilidad dentro de las actividades pastorales e instituciones diocesanas».
Citando al papa Francisco, se ha puesto de manifiesto que, aunque la Iglesia convive con luces y sombras, está afrontando la plaga de los abusos con «dedicación y firmeza». León XIV también ha reconocido que comparte el dolor de las víctimas que han encontrado puertas cerradas, insistiendo en que «la escucha es profundamente importante» para que las víctimas se sientan acogidas por «auténticos pastores».
Con este V Congreso, CEPROME Latinoamérica reafirma su misión de una década en la investigación y formación, buscando que este diálogo interdisciplinario entre especialistas de América Latina, Estados Unidos y Europa fortalezca la construcción de una Iglesia más segura y humana para todos.








