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Paula Vega, misionera digital: «La Biblia no puede ser una bandera ideológica»

Tras iniciar los estudios en Teología se preguntó por las figuras femeninas. El resultado, un libro: Mujeres bíblicas

Paula Vega es misionera digital, conocida por acercar la fe católica a miles de personas a través de las redes sociales. Con estudios de teología y una vocación marcada por la evangelización, combina su presencia online con proyectos formativos y conferencias en España y en el extranjero. Acaba de publicar su último libro, Mujeres bíblicas (La Esfera de los Libros) en el que entrelaza la historia de estas figuras con experiencias de su propia vida, ofreciendo una mirada contemporánea y personal a relatos milenarios.

—¿De dónde nace la idea de escribir este libro?
—El libro nace de mi propio proceso, de un camino muy personal. Cuando empecé a estudiar Teología en 2018, conforme avanzaba en las clases, comenzó a surgir en mí una pregunta insistente: ¿dónde están las mujeres? Porque, aunque estudias la Biblia y en algunas asignaturas bíblicas aparecen menciones a ellas, suelen quedar relegadas a notas a pie de página, sin una verdadera profundización, o al menos esa fue mi experiencia en aquel momento.

Entonces comencé a investigar por mi cuenta y, conforme fui especializándome en el tema de las mujeres de la Biblia, ese mundo me fascinó por completo. Creo que es un ámbito todavía muy desconocido. A partir de ahí, empecé a compartirlo en redes sociales.

—¿Por qué ha decidido escribirlo desde la experiencia personal?
—Yo soy fiel defensora de que en la vida de cualquier cristiano tiene que haber dos patas: la formación y la espiritualidad. Y muchas veces la teología se suele quedar en lo académico; a veces, tenemos el error de dejarla solamente ahí y no bajarla a la tierra, no bajarla a nuestra vida, no permitir que nos toque realmente el corazón.

Cuando empecé a escribir este texto, era consciente de que ya existen maravillosos libros sobre las mujeres de la Biblia, que son puramente teológicos y que están escritos especialmente por mujeres teólogas. Pero creo que lo bonito era permitir también que esas historias pudieran entrelazarse con la vida de otras mujeres. Por eso decidí bajarlo también a mi propia vida y contar cómo las historias de esas mujeres habían conectado con mi propia historia.

—¿Podemos caer en el riesgo de instrumentalizar a estas mujeres y usarlas como arma ideológica?
—Lo primero, el texto en su contexto. Debemos respetar siempre ese contexto, esa historia, esa manera de actuar que las mujeres de la Biblia tuvieron en su momento concreto. Y, obviamente, es un reto, porque hay que aprender a mirarlas con fidelidad a la Escritura. Pero también debemos escuchar la realidad actual, porque la Palabra de Dios está viva y siempre nos quiere decir algo nuevo. Y lo segundo es que la Biblia no puede ser un arma arrojadiza que se use contra los demás ni tampoco una bandera ideológica. Partiendo de esa base fundamental, que la Biblia es Palabra de Dios, intentemos no utilizarla para nuestros propios medios ni para nuestros propios intereses ideológicos, políticos o del tipo que sean.

—Muchas de estas mujeres están contadas a través de voces masculinas en la Biblia, ¿cómo afecta eso al proceso de redescubrirlas?
—Sí, aparecen pocas mujeres y, además, hablan poco. Es un porcentaje muy mínimo de lo que escuchamos realmente de ellas. Pero creo que incluso eso les da más valor, porque cuando hablan y esas palabras se recogen por escrito es porque tienen un peso especial. Vuelvo otra vez a lo mismo, el texto en su contexto. Entender el sistema de valores, entender las prioridades, entender lo que era posible y lo que no. Y también entender que si la mayoría de esos textos han sido escritos por hombres, imagínate el valor que tiene que hayan puesto a una mujer, que hayan recogido sus palabras. Eso le da muchísima más importancia.

—¿Ha habido alguna figura con la que te haya costado más conectar o haya sido más difícil de comprender?
—Sí, hay algunas mujeres que cuestan. Hay mujeres como Judith o como Yael, que además se les llama benditas entre las mujeres, pero ejercen violencia y matan. Realizan el acto de matar. Otro ejemplo es Sara, la esposa de Abrahán, que durante toda nuestra vida cristiana siempre se nos ha presentado de forma muy edulcorada. Pero cuando realmente te adentras en la Escritura te das cuenta de que es una mujer con luces, con sombras, con heridas, con decisiones difíciles. Y creo que eso también es lo bonito: que nos choque y que nos demos cuenta de que son mujeres como nosotras, con nuestras luces y nuestras sombras. Nos ayuda también a bajarlas de los altares y reconocer que eran de carne y hueso y que también tenían dificultades, igual que nosotras. Y, precisamente, ahí es donde Dios se cuela para transformar sus vidas.

—¿Y alguna de la que tuvieras prejuicios y te haya sorprendido para bien?
—Creo que María Magdalena sería una de las más importantes. Cuando uno se adentra en la Escritura y la investigación se da cuenta de que era una mujer maravillosa, apóstol de apóstoles, y que no era prostituta, como nos han intentado hacer creer. Otra de mis mujeres favoritas es Agar, también en relación con Sara. Agar, que aparece en el libro de Génesis. Es una mujer de la que también se nos han dicho muchas cosas negativas, siempre en contraposición a Sara. Pero es una historia que me toca mucho, porque muestra cómo Dios mira a las mujeres, incluso en los momentos de mayor abandono, de mayor dificultad, de mayor discriminación. 

—En el libro habla de momentos y procesos muy íntimos. ¿Dónde se dibuja la línea entre la intimidad y el testimonio?
—Ha sido un proceso muy orado, tanto en mi oración personal como en la oración matrimonial con mi marido, porque hay una delicada línea entre la privacidad y el testimonio que siempre tenemos muy presente a la hora de compartir en redes sociales.

El criterio que intento seguir es si lo que voy a contar puede ayudar a otra persona, si eso puede ser caricia de Dios y de amor para otra persona que pueda estar pasando por la misma situación, que pueda estar teniendo dudas o momentos de dificultad. Tengo muchos momentos donde personas se han acercado a mí para agradecerme por haber hablado de mi enfermedad, por haber hablado del proceso de adopción, por haber hablado de mis dificultades también. El simple hecho de nombrarlo hace que otros puedan sentirse menos al margen. Entonces, conforme voy viendo los frutos, voy también dando gracias al Señor por permitirme poder dar ese testimonio, siempre respetando la privacidad. Mi vida al final es para darla, para dar testimonio.

—¿Sigue siendo la mujer una asignatura pendiente en la Iglesia?
—Sí. En los últimos años se han dado pasos bastante importantes y hay que agradecer muchísimo al papa Francisco por todo lo que ha hecho, pero cuando voy a dar conferencias sobre la mujer en la Iglesia, sobre el papel de la mujer, siempre acabo la charla diciendo «ojalá no tuviera que estar aquí, ojalá no tuviera que estar hablando de esto como si fuera un tema aparte o un tema del que todavía tenemos que estar hablando». Sueño con una Iglesia donde la mujer esté tan integrada que no tenga que ser noticia ni tengamos que estar escribiendo libros para recuperar su historia.

Sí que se ha avanzado, doy las gracias por eso, pero queda mucho camino por recorrer. Sobre todo, en el tema de la escucha. Venimos de muchos años en los que se habla sobre las mujeres, pero no se escucha a las mujeres, no se habla con ellas. 


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