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Los domingos y el discernimiento

La película, proyectada durante el Encuentro de Directores Espirituales que organiza la Comisión para el Clero y Seminarios, es un buen instrumento para trabajar la «rectitud de intención»

¿Puede el cine ayudar a comprender la vocación y el discernimiento espiritual? Estrenada el año pasado y una de las grandes triunfadoras en los Premios Goya, Los domingos, dirigida por Alauda Ruiz de Azúa, ha generado un notable debate por su aproximación íntima y realista a la vida religiosa. La película narra la historia de Ainara, una joven que se enfrenta a la decisión de consagrar su vida, mostrando los retos, las dudas y los conflictos familiares que acompañan este camino. Su repercusión ha trascendido el ámbito cinematográfico, despertando interés entre espectadores, críticos y aquellos que acompañan vocaciones en seminarios y parroquias. En este marco, la Comisión para el Clero y Seminarios de la Conferencia Episcopal Española organizó en febrero el IX Encuentro de Directores Espirituales, incluyendo la proyección de la película y un coloquio posterior en su programa. La cita permitió plantear interrogantes esenciales: ¿cómo se vive realmente un proceso vocacional? ¿Puede la ficción iluminar las decisiones profundas que acompañan a quienes sienten la llamada a la vida consagrada?

El éxito de Los domingos radica en un fenómeno poco común en el cine español actual: la ausencia de caricatura. Para Juan Orellana, crítico de cine y director de Pantalla 90, la película está hecha con una «honestidad» tal que permite lecturas opuestas, desde quienes ven un elogio a la vocación hasta quienes perciben una crítica al sectarismo. Esta ambigüedad nace del respeto de la directora por representar la realidad eclesial sin caer en el trazo grueso, documentándose con rigor para evitar los estereotipos habituales del cine nacional.

Koldo Alzola, sacerdote trinitario que asesoró el rodaje en su parroquia de Vizcaya, confirma este esfuerzo por el realismo. Desde la forma de dar la comunión hasta la disposición del altar en un funeral, la producción consultó cada paso para garantizar la veracidad de los rituales. Alzola relata que la directora «huía de cualquier representación que no fuera real», buscando una verosimilitud que permitiera al espectador entrar en la historia sin prejuicios estéticos. Esta base es la que permite que el creyente reconozca su fe en la pantalla y que el no creyente respete la seriedad de lo que se narra.

Duda y confrontación

Tras la proyección en el IX Encuentro de Directores Espirituales, el foco se desplazó de la técnica a la teología de la llamada. En este contexto, atendieron a ECCLESIA Avelino Castells, director espiritual del Seminario de Valencia, y Clemente Lucena, rector del Seminario de Tarragona, quienes coincidieron en que la película acierta al mostrar que el discernimiento no es un camino lineal ni exento de conflicto.

Frente a la tendencia de ver la oposición familiar como un simple obstáculo, tanto Avelino Castells como Clemente Lucena subrayan que la confrontación y la duda son partes constitutivas de un proceso vocacional sano. La tía de la protagonista, con sus preguntas punzantes y su escepticismo, obliga a Ainara a salir de una burbuja de sentimientos difusos para aterrizar su decisión en la realidad. Para Lucena, este contraste sirve para afianzar la vocación: una decisión que no ha sido cuestionada es una decisión que no ha madurado todavía. La presencia de voces contrarias es, en última instancia, una oportunidad para que la libertad personal se purifique y se fortalezca frente a la incomprensión del ambiente.

Proceso de libertad radical

Para estos sacerdotes, dedicados a la formación, la película es una herramienta útil para trabajar la «rectitud de intención». El hecho de que la vocación de Ainara pueda interpretarse como una respuesta a la herida personal por la pérdida de su madre permite plantear una pregunta vital sobre si se elige a Dios por amor o por huida de un dolor. Avelino Castells destaca que la cinta no cierra esta cuestión, lo que obliga al joven que está en el seminario a examinar con honestidad su propia historia personal y sus motivaciones.

Además, se remarca que el acompañamiento espiritual debe parecerse al que se ve en la cinta: una presencia constante en medio de lo ordinario. Koldo Alzola destaca que una de las conversaciones clave sobre el discernimiento ocurre en la sacristía mientras se preparan folletos. Este detalle refuerza la idea de que Dios no llama solo en grandes momentos de éxtasis, sino en la cotidianeidad del servicio y en el diálogo honesto sobre las dudas que surgen día a día, un aspecto que Castells y Lucena consideran fundamental para la formación de los futuros presbíteros.

En el ámbito de la formación en seminarios, el filme permite profundizar en la naturaleza misma de la renuncia cristiana. A través de la historia de Ainara, se puede ilustrar que seguir una vocación implica dejar atrás opciones de vida que son buenas y legítimas, lo cual constituye el mayor testimonio de la libertad del ser humano. Esta renuncia no se presenta como un sacrificio vacío, sino como una elección por un bien mayor.

La narrativa pausada de la cinta también invita a recuperar la capacidad de introspección, funcionando como un contrapunto necesario al ruido del mundo digital. Al mismo tiempo, aborda la integración familiar, mostrando que el proceso vocacional de una persona transforma a todo su entorno. Los saltos temporales que se observan en la trama son interpretados en clave de pastoral como la representación de los largos periodos de maduración y silencio que requiere cualquier compromiso definitivo, recordando que detrás de cada «sí» hay un camino de lucha interna y discernimiento acompañado.

Aunque la mirada de la película sea externa, el relato termina por desvelar una verdad bella que tiene que ver con la libertad y la opción a contracorriente de la fe en el mundo actual. Los domingos ha conseguido que la pregunta por la vocación regrese a la esfera pública sin caricaturas ni anacronismos. Esta cinta se presenta como una ventana abierta que invita a los jóvenes a no tener miedo a las dudas ni a las resistencias externas, pues es en el crisol de la confrontación y la honestidad personal donde la llamada de Dios se vuelve una certeza que transforma la vida. 

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