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«Se vio en Países Bajos y ahora en España: la eutanasia se acaba aplicando a jóvenes con problemas de salud mental y claramente desatendidos»

La trágica eutanasia de Noelia Castillo ha suscitado una profunda reflexión de José Ramón Amor Pan, coordinador del Observatorio de Bioética y Ciencia de la Fundación Pablo VI

La trágica historia de Noelia Castillo, que acabó en eutanasia ayer jueves, ha suscitado una profunda reflexión en forma de texto de José Ramón Amor Pan, coordinador del Observatorio de Bioética y Ciencia de la Fundación Pablo VI. Bajo el muy explícito título de «Un fracaso colectivo», el experto en bioética lamenta que «ni su familia ni el conjunto de la sociedad le hemos proporcionado el soporte que necesitaba» para hacer frente a las secuelas de su violación, a la paraplejía provocada por su intento de suicidio, a sus trastornos límite de la personalidad y obsesivo compulsivo, traumas que la llevaron a solicitar y ejecutar la eutanasia.

A juicio de Amor Pan, «esta terrible historia ha demostrado que quienes utilizábamos el argumento de la pendiente resbaladiza para oponernos a la legalización de la eutanasia no estábamos equivocados». «La eutanasia empieza presentándose como algo excepcional y muy limitado, para luego normalizarlo y, poco a poco, ir ampliando los supuestos a los que se puede aplicar», argumenta.

Con 13 años y tras el divorcio de sus padres, Noelia Castillo pasó a ser tutelada por la Generalidad de Cataluña, siendo ingresada en un centro de menores hasta los 18 años. A los 21, fue víctima de una violación múltiple, motivo por el cual intentó suicidarse, tirándose desde un quinto piso.

«Siempre me he sentido sola, porque nunca me he sentido comprendida y nunca han empatizado conmigo. Siempre he tenido problemas de convivencia. Antes de pedir la eutanasia, yo veía mi mundo y mi final muy oscuros. No tenía ni objetivos ni nada. Sí, me gustaba mucho maquillarme, hacer la manicura… me gustan muchas cosas, pero no tenía ni metas, y sigo sin tener. Lo veo todo muy oscuro. No tengo ganas de nada. Ni de salir ni de comer ni de hacer nada. El dormir se me hace muy difícil. Además, tengo dolor de espalda y de piernas. Por fin lo he conseguido y a ver si puedo descansar, porque no puedo más», relató hace unos días en televisión.

«Se vio en Países Bajos y se ve ahora en nuestro país: hoy —la eutanasia— termina aplicándose a personas jóvenes con problemas de salud mental y, en no pocos casos, claramente desatendidas», explica Amor Pan, quien recuerda en su artículo unas palabras de Victoria Camps en Tiempo de cuidados: «Debemos avanzar hacia una sociedad cuidadora. Una sociedad donde los más desvalidos no se sientan abandonados, una sociedad menos arrogante, en la que sus miembros, sin excepciones ni dispensas de ningún tipo, estén dispuestos a hacerse cargo de la contingencia humana en todas sus manifestaciones». Porque, a juicio del coordinador del Observatorio de Bioética y Ciencia de la Fundación Pablo VI, «claramente, por sus declaraciones, Noelia se ha sentido muy abandonada».

También cita el experto la encíclica Fratelli tutti, en la que el papa Francisco se muestra muy contundente: «Digámoslo, hemos crecido en muchos aspectos, aunque somos analfabetos en acompañar, cuidar y sostener a los más frágiles y débiles de nuestras sociedades desarrolladas». Por ello, insiste el artículo, «no es un triunfo de la libertad sino el fracaso de una sociedad que no sabe acompañar el sufrimiento. El caso de Noelia, en mi opinión, no es para celebrarse como un progreso social y moral sino para llorar como un estrepitoso fracaso colectivo».

Del mismo modo, Amor Pan recoge unas palabras de Noelia en su entrevista televisiva, que, reconoce, le «helaron la sangre»: «No me gusta nada por qué camino va la sociedad, el mundo, yo prefiero desaparecer. Va cada vez a peor». A este respecto, el autor concluye su artículo destacando como «un signo de los tiempos» el hecho de que esta muerte haya tenido lugar en el Hospital Residència Sant Camil de San Pere de Ribes (Barcelona), un centro fundado por los religiosos Camilos, aunque en la actualidad su gestión sea totalmente pública.

El pasado 18 de octubre se celebraron los 50 años de existencia del hospital, y, como afirmó el propio superior provincial de los Camilos, «somos herederos del bien que han hecho otros, de tantas manos y corazones que han construido este lugar como un verdadero templo del cuidado». José Carlos Bermejo destacó que, en Sant Camil, «cada gesto de cuidado es una liturgia del servicio, una expresión del Reino de Dios», subrayando que el hospital es «un lugar sagrado donde se celebra cada día la vida, el alivio y la ternura».

Tras pedir que se le entienda «bien», pues «no estoy formulando una crítica a una orden religiosa que admiro profundamente», Amor Pan escribe que le «parece paradójico que lo que fue concebido como un lugar para ofrecer un servicio integral a los enfermos, para cuidar a la persona en la globalidad de su ser y para enseñar a cuidar de esta manera, haya sido el lugar en el que se ha aplicado la eutanasia a Noelia».

Tras solicitar la muerte asistida en 2024, que fue avalada por la Comisión de Garantía y Evaluación de la Generalidad de Cataluña, finalmente se aplicó la eutanasia el pasado jueves, después de que sucesivos procesos judiciales incoados por su padre —juzgado de Barcelona, Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, Tribunal Supremo, Tribunal Constitucional, Tribunal Europeo de Derechos Humanos— lograran retrasarla. El preceptivo informe médico-forense avaló que sus padecimientos eran graves, crónicos, constantes e imposibilitantes, además de no existir posibilidad de mejora, requisitos que la ley prevé para que la eutanasia pueda aplicarse.

El coordinador del Observatorio de Bioética y Ciencia de la Fundación Pablo VI considera que le «parece mucho decir que “no existe posibilidad de mejora”». «¿Conocen dichos forenses la estimulación magnética transcraneal repetitiva, los buenos resultados que está dando y, sobre todo, la evidencia científica que permite soñar con éxitos mayores en el corto plazo? ¿Se le aplicó o por lo menos se le ofreció a Noelia este recurso terapéutico?», se pregunta.

Por último, se cuestiona si «¿Se puede estar por la prevención del suicidio y, a la vez, por la promoción de la eutanasia?», recordando la urgencia a la hora de prevenir los suicidios que «ha sido reconocida y priorizada al más alto nivel, como subraya la Organización Mundial de la Salud», y que la reducción de la tasa de suicidios es un indicador de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.

Por último, el autor sentencia que «los políticos harían bien en no tensionar lo que ya es una realidad súper compleja y trágica en sí misma».

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