Skip to content Skip to sidebar Skip to footer

‘Sacrificio Pascual’: una historia que sigue ardiendo en el corazón

El testimonio sobre el martirio de las agustinas misioneras Caridad y Esther en Argelia revive con fuerza en una entrevista con María Jesús Rodríguez

Hay historias que uno conoce… pero que no termina de comprender hasta que las escucha de nuevo, en voz viva, en carne cercana. La historia de Caridad Álvarez y Esther Paniagua no me era ajena. Formaba parte de esa memoria compartida de la familia agustiniana, de esos nombres que evocan entrega, misión y martirio. Y, sin embargo, aquella tarde, todo fue distinto.

Era un día como cualquier otro. Llevábamos ya meses trabajando juntos Amparo Latre, directora de comunicación de los Agustinos en España, y yo. Nos encontramos en la calle. Yo llegaba tarde, con la cabeza ocupada en mil asuntos, sin sospechar que estaba a punto de vivir una de esas entrevistas que no se olvidan.

Comenzamos casi sin darnos cuenta, pero en realidad todo había empezado antes. Desde que tocamos al telefonillo, algo me cautivó. No sabría explicarlo del todo: una mezcla de expectación, de respeto, de intuición de que allí había algo más que una simple entrevista. Bastaron unos minutos para confirmarlo. La voz de María Jesús Rodríguez —testigo directo de aquellos hechos— no solo narraba, sino que desvelaba. No solo recordaba, sino que volvía a hacer presente.

Un relato que atraviesa

Lo que impresiona no es únicamente la dureza del acontecimiento —el atentado, la violencia, la muerte—, sino la profundidad espiritual desde la que es contado. María Jesús no habla desde el dramatismo, sino desde la fe. Y eso lo cambia todo.

Relata el discernimiento previo, la conciencia clara de lo que significaba permanecer en Argelia, la libertad con la que Caridad y Esther eligieron quedarse. No hubo ingenuidad, sino fidelidad. No hubo improvisación, sino una decisión sostenida en la oración y en la Palabra.

Y luego, el día. Un día normal. Laudes al amanecer, trabajo, encuentros, bromas compartidas. La vida sencilla de la misión. Hasta que, de pronto, el sonido de los disparos. Y el silencio.

Pero incluso ahí, en medio de lo incomprensible, el relato no pierde su eje: la entrega. Aquella Eucaristía que iban a celebrar quedó consumada en el ofrecimiento de sus propias vidas. No llegaron al altar, pero se convirtieron en ofrenda.

Escuchar como quien recibe un don

A medida que avanzaba la entrevista, algo iba cambiando también en mí. Dejé de tomar notas con prisa. Dejé de pensar en titulares. Me limité a escuchar.

Porque hay momentos en los que el periodista tiene que hacerse a un lado y dejar que hable la verdad de lo vivido. Y aquella tarde, lo que se nos estaba confiando era un verdadero tesoro: la intimidad de una entrega, el misterio de una vocación llevada hasta el extremo.

No era solo una historia del pasado. Era una palabra para hoy.

Un camino compartido

Al terminar la entrevista, apagué la grabadora con cierta lentitud. Nos despedimos con Amparo, como quien sabe que ha sido testigo de algo importante. No hacía falta decir mucho más.

Salí a caminar por el barrio de Salamanca. Necesitaba silencio. Necesitaba dejar reposar lo escuchado.

Y entonces comprendí.

Me sentí como los discípulos de Emaús. Algo ardía por dentro. El corazón se había encendido mientras María Jesús abría su vida y nos confiaba un secreto hermoso: que la entrega total es posible, que el amor llega hasta el extremo, que la fe se hace concreta en decisiones que lo cambian todo.

Y que ese testimonio no es solo suyo. Es nuestro. Porque solo ha sido posible caminar hasta ahí juntos, como familia agustiniana.

This Pop-up Is Included in the Theme
Best Choice for Creatives
Purchase Now