”Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos” (Jn 10,9)
- Seguramente a muchas gentes de hoy les resultarán extrañas las imágenes del pastor, del rebaño y del redil. ¿Significan algo para nosotros?
- ¿Podemos hacer nuestro el hermoso salmo en el que cantamos y proclamamos: “El Señor es mi pastor”?
- ¿Pero no es más extraño aún que Jesús se compare a sí mismo con la puerta del redil o del aprisco en el que se recogen las ovejas?
- ¿Hemos llegado a entender que, con la imagen de la puerta, Jesús quiere decir que por él nos viene la salvación?
- ¿Si Jesús es la puerta del aprisco, no tendremos que pedirle que nos ayude a librarnos de los que tratan de seducirnos y llevarnos al mal?
- ¿De verdad vemos en Jesús la posibilidad de vivir en libertad y de acudir a los pastos que dan alimento verdadero a nuestra existencia?
- ¿Confío personalmente en Jesucristo, sabiendo que él puede defenderme de quienes tratan de arrebatarme el único tesoro que merece la pena?







