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Rafael Lazcano, biógrafo del Papa: «Para León XIV, España es un reflejo de muchos de los desafíos que afronta hoy la Iglesia en Europa»

«Para León XIV, España es un reflejo de muchos de los desafíos que afronta hoy la Iglesia en Europa»

Entrevistamos a quien fuera compañero de estudios de Robert Prevost en los 80. Fundador de la Editorial Agustiniana, expresidente del Instituto Histórico Agustiniano y autor de más de 30 libros, acaba de publicar una trilogía fundamental sobre el Santo Padre

El historiador, bibliógrafo y editor Rafael Lazcano (Mondreganes, León, 1957) se ha convertido en una de las voces más autorizadas para acercarse a la figura de León XIV. Compañero del hoy Papa en el Colegio Internacional Santa Mónica de Roma en la década de los 80, combina el rigor académico con el trato personal en una obra biográfica que ha despertado un notable interés dentro y fuera del ámbito eclesial. Autor de más de 30 libros y especialista en historia de la Orden de San Agustín, acaba de completar una trilogía dedicada a Robert Prevost con títulos como Biografía de León XIV. El Papa agustino, peregrino hacia Dios; León XIV. El camino de un pastor; y 365 días con el Papa León XIV, en los que profundiza tanto en la dimensión humana y espiritual del Santo Padre como en las claves de su pensamiento y su magisterio. Presidió el Instituto Histórico Agustiniano entre 1994 y 2001, y fue fundador y director de la Editorial Agustiniana entre 1988 y 2001.

—¿Qué rasgo personal de León XIV cree que va a sorprender en este viaje a quienes sólo lo conocen como Papa?

—Creo que sorprenderán especialmente varios rasgos de la personalidad de Robert Prevost: su calidez humana, su capacidad de escucha y su sensibilidad pastoral. Quienes hoy lo conocen sólo como León XIV descubrirán a una persona sencilla, serena y muy atenta a los demás, capaz de generar confianza con naturalidad incluso en encuentros breves. Detrás de la figura pública del Papa hay un hombre de vida austera, trato cordial, amplia cultura y sólida vida espiritual, profundamente marcada por la tradición agustiniana.

—¿Qué episodio de su biografía le parece más revelador y, sin embargo, menos conocido?

—Uno de los episodios más reveladores y menos conocidos de su biografía pasa por el largo período vivido como misionero y pastor en contextos humildes y alejados de los grandes centros de poder eclesial. Allí cultivó una relación muy directa con las comunidades, compartiendo dificultades cotidianas y aprendiendo a ejercer la autoridad desde la cercanía y no desde la distancia. Aquella experiencia marcó profundamente su manera de entender la Iglesia. Más que un hombre de despacho, aparece como alguien formado en el contacto real con las personas, especialmente con quienes atraviesan situaciones de fragilidad o exclusión.

—¿Qué preocupaciones de la Iglesia explican mejor su elección?

—Su elección puede entenderse a la luz de varias preocupaciones centrales de la Iglesia actual: la necesidad de fortalecer la unidad interna, recuperar la credibilidad moral y mantener una capacidad de acompañamiento en un mundo cada vez más fragmentado y secularizado. También influye la búsqueda de un liderazgo capaz de combinar continuidad doctrinal con sensibilidad hacia los desafíos contemporáneos. León XIV representa, en ese sentido, una figura de equilibrio; alguien con experiencia de gobierno, formación intelectual sólida y conocimiento directo de las periferias humanas y eclesiales. Muchos cardenales vieron en Prevost a una persona capaz de ofrecer estabilidad, escucha y hondura espiritual en un momento particularmente complejo para la Iglesia.

—¿Tiene sentido a estas alturas hablar de un ‘estilo León XIV’ propio o todavía estamos viendo inercias del pontificado de Francisco?

—Después de un año, ya empiezan a percibirse algunos rasgos propios que permiten hablar de un ‘estilo León XIV’, aunque todavía sea pronto para definirlo plenamente. Es lógico que existan continuidades con el pontificado anterior en los primeros compases, porque la Iglesia no cambia de rumbo de manera brusca con cada Papa. Sin embargo, León XIV ha comenzado a imprimir un tono personal más reflexivo, sereno y quizá más reservado en las formas, aunque igualmente afable en el trato. Su manera de comunicar, de escuchar y de ejercer la autoridad apunta a un perfil muy propio, menos marcado por los gestos mediáticos y más orientado a la profundidad pastoral, doctrinal y espiritual.

—¿Qué cree que se está interpretando mal sobre este nuevo pontificado?

Uno de los errores más frecuentes sobre este nuevo pontificado consiste en encerrar demasiado pronto a León XIV en categorías ideológicas o medirlo únicamente en comparación con sus predecesores. Su perfil apunta más bien a una figura compleja, de robusta formación, experiencia pastoral y sentido institucional, lejos de simplificaciones como «continuista» o «rupturista». Muchos análisis proyectan sobre él expectativas políticas inmediatas, olvidando que un pontificado no se define por los primeros gestos mediáticos, sino por la profundidad y coherencia de sus decisiones, que sólo adquieren verdadero sentido con el paso de los años, a la luz del Evangelio y de los signos de los tiempos.

—¿Qué relación real tiene León XIV con España más allá de lo protocolario?

—La relación de León XIV con España probablemente va mucho más allá de lo anecdótico o protocolario. Existe, ante todo, una conexión cultural y eclesial sólida, fruto de la historia común del catolicismo y de los vínculos mantenidos con instituciones, comunidades religiosas y ámbitos académicos españoles. Además, su sensibilidad hacia la tradición intelectual y espiritual hispánica podría influir en su manera de comprender algunos desafíos actuales de la Iglesia. España continúa ocupando un lugar relevante dentro del mundo católico, no sólo por su pasado histórico, sino también por su capacidad de reflexión teológica, su patrimonio espiritual y su proyección misionera. Todo ello permite pensar en una relación marcada más por la afinidad cultural y pastoral que por simples referencias circunstanciales.

—¿Qué peso tiene la tradición española en su formación espiritual e intelectual?

—La tradición española ocupa un lugar significativo en la formación espiritual e intelectual de Robert Prevost, hoy León XIV, especialmente a través de la herencia agustiniana y de la gran tradición teológica y mística hispánica. Figuras como san Agustín, leídas y desarrolladas durante siglos en el ámbito español, junto con autores como santa Teresa de Jesús, san Juan de la Cruz, santo Tomás de Villanueva o fray Luis de León, forman parte de un patrimonio espiritual que ha influido de manera decisiva en la cultura católica universal. Además, el mundo hispanoamericano, tan ligado históricamente a España, ha marcado buena parte de su experiencia pastoral y eclesial. Todo ello ayuda a comprender una sensibilidad donde conviven vida interior, reflexión intelectual y presencia pastoral.

—Antes de ser elegido Papa, se ha prodigado mucho en sus visitas a España…

—Sus visitas a España antes de convertirse en León XIV nunca tuvieron un perfil mediático alto ni despertaron demasiada atención fuera de círculos eclesiales concretos. Venía más como religioso agustino y hombre de gobierno interno de la Iglesia que como figura pública. Recorrió comunidades, participó en encuentros académicos y mantuvo contacto con sectores religiosos españoles, pero sin construir una relación especialmente visible con la vida pública española. De hecho, muchos en España apenas conocían su trayectoria antes del cónclave. Sin embargo, esas visitas sí le permitieron tomar el pulso a la Iglesia española.

—Es buen conocedor, por tanto, del debate español entre secularización y catolicismo cultural.

—Sí, y además creo que lo entiende sin demasiados romanticismos. León XIV conoce una realidad española donde el catolicismo mantiene una enorme presencia cultural —en las fiestas, el patrimonio, las tradiciones o incluso el lenguaje—, pero donde la práctica religiosa y la autoridad moral de la Iglesia han disminuido claramente. Seguramente percibe que en España ya no basta con apoyarse en la tradición histórica para mantener influencia social o capacidad de convicción. Ese fenómeno no afecta sólo a España, sino a buena parte de Europa occidental, y probablemente él lo interpreta como uno de los grandes retos del catolicismo contemporáneo: cómo seguir teniendo relevancia pública y espiritual en sociedades que ya no se organizan alrededor de la Iglesia.

—Si tuviera que resumir la relación de León XIV con España en una sola idea, ¿cuál sería?

—El Santo Padre ve a España como un ejemplo muy significativo de transición religiosa y cultural. Un gran país donde la Iglesia todavía conserva una fuerte presencia simbólica y social, pero donde las nuevas generaciones viven cada vez más alejadas de la práctica y de las estructuras eclesiales tradicionales. Esa realidad despierta su interés tanto desde una perspectiva teológica como pastoral, pues plantea la necesidad de repensar el modo de anunciar el cristianismo en sociedades modernas, urbanas y secularizadas. En ese contexto, España aparece como un reflejo de muchos de los desafíos que afronta hoy la Iglesia en Europa.

—¿Qué nos dice y nos puede decir este viaje apostólico sobre sus prioridades?

—Este viaje apostólico de León XIV a España ofrece muchas claves sobre sus prioridades pastorales y eclesiales. Su apuesta por una atención pastoral a comunidades concretas, encuentros con jóvenes, espacios de debate político y de diálogo cultural, además de visitas a territorios socialmente complejos, eso indica que quiere una Iglesia menos centrada en los símbolos de poder y más conectada con las realidades humanas actuales. Resultará significativo observar el tono de sus discursos; la identidad cultural católica de España, el acento en la evangelización, la escucha y el acompañamiento en una sociedad secularizada. En el fondo, un viaje así no sólo habla de España; también funciona como una señal sobre cómo el papa Prevost entiende la misión de la Iglesia en la Europa contemporánea.

—¿Qué tendría que pasar para que este pontificado fuese recordado como histórico?

—Para que el pontificado de León XIV quedara realmente en la historia, tendría que convertirse en algo más que una etapa de continuidad o de gestión interna de la Iglesia. Su gran desafío consistiría en abrir un nuevo lenguaje para el cristianismo en pleno siglo XXI: una Iglesia capaz de dialogar con la inteligencia artificial, las transformaciones culturales, las migraciones masivas, la crisis ecológica y el desencanto espiritual de las nuevas generaciones sin perder profundidad ni identidad. Su pontificado podría marcar época si lograra desplazar a la Iglesia desde posiciones defensivas hacia una presencia más profética, social y humana; menos obsesionada con las guerras culturales y más centrada en la dignidad de las personas, la pobreza, la soledad, los derechos humanos y la reconciliación en sociedades polarizadas. Un León XIV histórico no sería simplemente un Papa popular, sino alguien capaz de hacer que la Iglesia vuelva a resultar moral e intelectualmente relevante en un mundo que ya no le concede autoridad de forma automática.

—¿Cuál debería ser el papel de la mujer dentro de la Iglesia, según León XIV?

—Según la sensibilidad que muestra León XIV, el papel de la mujer dentro de la Iglesia debería adquirir un peso más real y visible en los ámbitos pastorales, intelectuales y de gobierno. Probablemente no abordará esta cuestión únicamente desde categorías de poder o reivindicación, sino desde la convicción de que la Iglesia necesita incorporar plenamente el talento, la experiencia y la mirada femenina en sus procesos de decisión y en su diálogo con la sociedad contemporánea. Todo indica que podría favorecer una mayor presencia de mujeres en responsabilidades institucionales, reflexión teológica, formación y liderazgo pastoral. Más allá de debates concretos sobre los ministerios, el verdadero cambio pasaría por superar inercias clericales y reconocer que la voz de las mujeres resulta imprescindible para una Iglesia sinodal que quiera mantener credibilidad humana, cultural y espiritual en el siglo XXI.

—¿Qué mensaje se puede enviar al mundo desde España?

—El primer viaje apostólico de León XIV a España ofrecerá algunas claves importantes sobre sus prioridades pastorales y eclesiales. Sus encuentros con jóvenes, su cercanía a comunidades concretas y su atención a realidades marcadas por la pobreza y la migración muestran una voluntad clara de situar a la Iglesia junto a quienes viven mayores dificultades sociales y humanas. Igualmente resultará significativo el tono de sus intervenciones, probablemente orientadas a superar la polarización política, cultural y religiosa que atraviesan muchas sociedades europeas. El Papa podría insistir, además, en la necesidad de vivir la fe con alegría, convicción y proximidad, especialmente en sociedades donde el cristianismo ya no ocupa el centro de la vida pública. Al mismo tiempo, seguramente incorporará a su reflexión desafíos contemporáneos como la inteligencia artificial, el impacto de las nuevas tecnologías y la necesidad de defender siempre la dignidad de la persona y los derechos humanos frente a dinámicas de deshumanización o exclusión. Más que un viaje protocolario, esta visita está llamada a reflejar una manera concreta de entender la misión pública y pastoral de la Iglesia en el mundo actual.

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