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Julián Ruiz Martorell: «Debemos crear entre todos un tejido de relaciones que evite la confrontación»

Tras casi 13 años en las diócesis de Huesca y Jaca, tomó posesión en su nuevo destino en vísperas de la Navidad

¿Qué balance hace de su paso por Huesca y Jaca?
De profunda gratitud. En primer lugar, al Señor, que me concedió la vida, el regalo de una familia cristiana, la fe, la vocación y la misión eclesial. Y en estos doce años y ocho meses, el agradecimiento se hace extensivo a tantas personas que el Señor ha puesto en mi camino con los que hemos ido haciendo juntos un itinerario eclesial. 

Las diócesis están unidas in persona episcopi. ¿Es difícil atender dos diócesis?
La dificultad más importante radica en los desplazamientos y en la duplicidad de funciones. Pero esto se ve atenuado por la colaboración de sacerdotes, personas consagradas y seglares. No es posible estar al mismo tiempo en dos sitios diferentes. Pero sí se puede disfrutar del tiempo, convirtiéndolo en servicio, con una distribución serena y equilibrada. La experiencia me ha enseñado que servir a dos diócesis probablemente no sea lo más indicado, por la atención que requiere cada una de ellas en particular. No obstante, he tenido oportunidad de conocer y tratar a personas que viven muy intensamente en clave de Evangelio.

¿Cómo afronta el cambio?
Con ilusión y esperanza. Iniciar una nueva etapa me permite recargar las pilas, poner el cronómetro en marcha en un nuevo horizonte pastoral, conocer otra diócesis.

¿Cuáles serán sus prioridades?
En primer lugar, conocer y amar, desde la valoración y la gratitud por el trabajo y el testimonio realizado hasta ahora. En segundo lugar, seguir avanzando en el camino trazado por el Sínodo diocesano. En tercer lugar, estar en sintonía con toda la Iglesia en su vida y misión, en los ámbitos de la evangelización, la celebración de la fe y el testimonio de la caridad. Y todo ello, reconociendo el protagonismo del Espíritu Santo. Él irá marcando las prioridades. 

Toma posesión el 23 de diciembre, a las puertas de la Navidad. ¿Tiene algún significado?
La elección del día surge de lo que dictamina el calendario. El obispo que procede de una diócesis debe tomar posesión de la otra en el plazo de dos meses. Y lo más importante, la celebración el 23 de diciembre tiene un profundo significado: en las puertas de la Navidad, con actitud de gozosa esperanza, saliendo al encuentro del Señor que viene. Adviento es un tiempo litúrgico privilegiado y su gozosa desembocadura abre el horizonte personal y comunitario.  

¿Cómo animaría a los católicos a vivir la Navidad en un momento de fuerte secularización?
Invitándoles a distinguir entre las luces y la Luz. Las luces de las calles, los adornos, las celebraciones, nos advierten y nos deben preparar anímica y socialmente. Pero también necesitamos realizar un proceso de recepción de la verdadera luz que es Jesucristo. Él ilumina nuestras vidas. Él da sentido a nuestras actividades, proporciona respuesta a nuestros interrogantes y orienta nuestros pasos. Vivir con intensidad el Adviento es una gran oportunidad para vibrar con emoción en Navidad. 

¿Hay algún reto especial para la Iglesia y la sociedad?
En la Iglesia, es urgente dar a conocer a Jesucristo a quienes no lo conocen todavía, o viven como si no existiese, o le han dado la espalda. Es decisivo que las personas se encuentren con Él. En la sociedad, debemos crear entre todos un tejido de relaciones que evite la confrontación. 

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