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León XIV presenta su encíclica ‘Magnifica humanitas’: «La inteligencia artificial debe ser desarmada»

El Pontífice cerró el evento en el que se presentó su primera encíclica y en la que participó el cofundador de Anthropic, una empresa de desarrollo de sistemas de IA

En hecho sin precedentes, el papa León XIV ha presentado este lunes su propia encíclica, la primera, Magnifica humanitas, sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. Lo hizo en un evento que él mismo presidió en el Aula del Sínodo y en el que intervinieron los cardenales Pietro Parolin, Víctor Manuel Fernández y Michael Czerny, así como varios expertos, entre los que se encontraba el cofundador de Anthropic, Christopher Olah.

El Pontífice inició su intervención recordando a León XIII y su Rerum novarum, que salió al paso en un momento clave de la historia, la revolución industrial, ofreciendo una lectura y una interpretación a lo que sucede a la luz del Evangelio.

Hoy, dijo el Papa, nos encontramos ante una transformación de similar magnitud, con consecuencias quizá aún mayores: «La inteligencia artificial ya incide en muchos ámbitos de nuestra vida y afecta a las decisiones que configuran la convivencia humana. También está cambiando drásticamente la forma de hacer la guerra», subrayó.

Por eso, como su predecesor, se siente llamado a contemplar «otra enorme transformación con ojos de fe, con lucidez de razón, con apertura al misterio, y con los gritos de los pobres y de la tierra resonando en mi corazón».

Ejercicio de escucha

En este contexto, ha escuchado a científicos e ingenieros, a políticos y funcionarios, a padres y maestros. Y ha constatado que hay voces que alertan ante los sistemas de armas cada vez más autónomos, que los algoritmos pueden bloquear el acceso a la asistencia sanitaria, al empleo y a la seguridad y que son muchas las personas que no tienen voz cuando se toman decisiones.

Con toda esta información, maduró una respuesta expresada en la encíclica: «La inteligencia artificial debe ser desarmada. La palabra es fuerte, lo sé, pero la he elegido deliberadamente porque este momento necesita palabras capaces de atraer la atención, despertar las conciencias. e indicar caminos a seguir para la humanidad».

Puso el ejemplo del compromiso de la Iglesia en el desarme nuclear, «un servicio a la paz y a la dignidad humana». Y de igual modo la inteligencia artificial debe ser desarmada, «liberada de lógicas que la convierten en un instrumento de dominación, exclusión y muerte». «Al igual que la energía nuclear, debe estar al servicio de todos y del bien común. Las decisiones sobre la tecnología nunca deben separarse de la conciencia y la responsabilidad. […] La paz, que no es simplemente la ausencia de guerra, es la justicia en acción. Pero cuando la tecnología debilita nuestro sentido crítico, la paz misma está en peligro», agregó.

Es necesario construir

Pero, según León XIV, no basta solo con desarmar la IA, sino que hay que construir. Según añadió, orientarla hacia el bien común. «Solo juntos –quienes diseñan los sistemas y quienes se ven afectados por ellos— podremos construir un futuro, no unos pocos privilegiados, sino para toda la familia humana».

Solo con una visión tan integral puede orientarse la inteligencia artificial hacia el bien común. Solo juntos —quienes diseñan los sistemas y quienes se ven afectados por ellos, los países más ricos y los más pobres, las instituciones y los individuos, los centros de poder y las periferias— podremos construir un futuro, no para unos pocos privilegiados, sino para toda la familia humana.

«Esta es la civilización del amor de la que habló san Pablo VI y que san Juan Pablo II proclamó con tanta fuerza como horizonte que debemos buscar juntos. No es un sueño ingenuo. Es una dirección. Es el camino que Jesucristo abre en la historia. Por esta razón, la Iglesia desea, con humildad y franqueza, formar parte de los debates sobre la inteligencia artificial. No poseemos respuestas técnicas, ni pretendemos desplazar a quienes tienen la experiencia. Pero aportamos una sabiduría sobre lo humano que nuestro tiempo actual necesita desesperadamente: cada persona es única e insustituible, un sujeto libre e inteligente dotado de conciencia, capaz de buscar a Dios, de servirse mutuamente y de cuidar nuestra casa común», concluyó.

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