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El Papa reclama con los jóvenes en Barcelona que el sistema sanitario incluya entre sus prioridades la salud mental

En la vigilia de oración en el Estadio Lluís Companys, León XIV escuchó testimonios muy duros, como el de un chico que relató una historia de violencia, de cárceles y drogas

La primera jornada de León XIV en Barcelona ha culminado con una vigilia de oración en el Estadio Lluís Companys, en Montjuic, donde ha mantenido un conmovedor diálogo con los jóvenes, respondiendo a las preguntas de tres de ellos, que le han planteado algunas de las cuestiones que más les inquietan y que han sido una pequeña muestra, además, de cómo las nuevas generaciones se están acercando a la trascendencia a Dios.

El Pontífice escuchó testimonios muy duros, como el de tercer joven en intervenir, que relató una historia de violencia, de cárceles y drogas. Una historia de un rebelde ante Dios que se rindió y ahora se pregunta si es posible el perdón.

En su respuesta, el Papa ha cuestionado que, a veces, ante los males que nos acechan, nos dirigimos a Dios y no a nosotros mismos. Tras recordar que hoy hay un clima envenenado en las relaciones familiares, con abusos y opresiones —ha citado en concreto la violencia contra la mujer—, ha dicho que «todos estamos llamados a abordar la realidad», bien a nivel personal, bien como sociedad».

Porque, según ha dicho, «no podemos atribuir a Dios lo que ha sido confiado a nuestra responsabilidad; no podemos imaginar que Dios, desde lo alto, responda a nuestras necesidades de modo automático o impida milagrosamente que el mal suceda».

Por contra, ha recordado que Dios nos ha dado inteligencia y voluntad, una conciencia, y nos ha revestido de dignidad y libertad. «Y ha venido a nuestro encuentro para indicarnos el camino a seguir para que nuestra sociedad sea humana y reinen la paz y la fraternidad», ha agregado.

En este sentido, ha señalado que el amor debe ser la clave de todas las relaciones humanas y que, si triunfa la violencia y el odio, debemos hacernos preguntas a nosotros mismos, a las dinámicas de la sociedad, a la cultura del individualismo, a la tentación de la violencia y no a Dios.

Sobre el perdón, ha dicho que es «un camino largo», que requiere paciencia, un trabajo «que debemos hacer con nosotros mismos, tanto personalmente como por medio de otros itinerarios de acompañamiento y reconciliación interior».

«Es necesario no desanimarse: en el perdón se avanza con pequeños pasos. La reconciliación con la historia es gradual y, sobre todo, no debemos pensar que el perdón equivalga siempre y en todos los casos a volver a la situación anterior», ha concluido.

Salud mental

Otro chico le planteó, a partir de su propia experiencia con la depresión, el problema de la salud mental entre los jóvenes. El Papa ha interpretado esta situación como una señal de que hay algo erróneo en la idea de crecimiento que somete a las personas a presiones, expectativas y tensiones que comprometen equilibrios fundamentales. «Por ello, se necesita un sistema sanitario que incluya entre sus prioridades este malestar invisible y generalizado, que afecta también a los jóvenes», ha dicho.

En este sentido, ha animado a los jóvenes a confiar esos dolores a Dios, pero también a alguien que pueda acompañar. Y ha advertido a los creyentes de la tentación de espiritualizar el dolor, reconduciéndolo a la voluntad de Dios o a algún misterioso proyecto suyo. «Dios no quiere el sufrimiento, lo lleva con nosotros y nos invita a confiar en Él de modo perseverante.

Nuevos cristianos

El otro testimonio ha ofrecido un punto de vista más amable, pues es ejemplo de esos miles de adultos que en España recibieron el Bautismo en la Pascua. Aunque la pregunta que ha planteado tiene que ver con el vacío que experimentan las nuevas generaciones y que puede estar detrás de esta todavía incipiente vuelta a Dios: «¿Cómo podemos mantener la mirada alzada hacia lo que de verdad importa, cuando la sociedad nos empuja a mirar constantemente hacia el suelo o solo a nosotros mismos?», lo ha interpelado.

En su respuesta, el Papa ha planteado dos ideas. En primer lugar, la necesidad de cultivar la sana inquietud en un mundo dominado por la idolatría del beneficio y del rendimiento, el afán de tener que producir siempre y ser vencedores, así como el culto a la propia imagen… Porque cuando se paran, aprecian el tiempo de un modo nuevo y se dejan iluminar por el Evangelio, «desarrollan también un pensamiento critico respecto a un sistema social que no pone a la persona en el centro y que provoca situaciones de injusticia y pobreza».

La segunda idea tiene que ver con cultivar la inquietud: «Es en esta sociedad en la que tú y tantos otros habéis descubierto el valor de una vida más humana, más plena, abierta al encuentro con Dios y a la alegría de la fe». En este sentido, les ha pedido que se dejen acompañar en los itinerarios eclesiales y se confronten con sacerdotes, religiosos y personas que, como nosotros, han emprendido este camino.

Tras la proclamación del Evangelio, León XIV ha vuelto a tomar la palabra para hacer una reflexión, que ha articulado en torno a la figura de Nicodemo. Y esa circunstancia le ha servido para reflexionar, precisamente, por la situaciones de oscuridad que el ser humano vive a lo largo de su vida.

Para el Papa no son algo que rechazar, sino un espacio para renacer, pues «nos despojan y nos devuelven a lo esencial; nos quitan las máscaras humanas y religiosas que usamos de día, para que no nos reconozcan o para dar una imagen de nosotros diferente de lo que somos; nos dejan al descubierto, en nuestras luces y en nuestras sombras, devolviéndonos a la humildad de sabernos mirar en la verdad, más allá de la presunción de pensar que nuestro camino ya esté cumplido y que avancemos como si tuviéramos una luz clara sobre todo e incluso sobre Dios».

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