En el santuario mariano, símbolo de Cataluña, el Papa invita a renunciar a las palabras hirientes, al juicio inmediato y a las calumnias
Después de pasar por la periferia y la intimidad de la cárcel, el papa León XIV ha llegado a Montserrat, donde le han recibido con gran entusiasmo un pueblo diverso pero unido en su figura, la del sucesor de Pedro. En un santuario que es emblema de Cataluña y que celebró recientemente su milenario, se ha dado cita toda la realidad catalana, visible en las banderas: las de Cataluña, España y Vaticano, por supuesto, pero también las de Perú, Colombia, Venezuela, Suiza… y hasta Chiclayo.
Antes de ingresar en el templo, el Pontífice se ha encontrado en el patio de acceso con cientos de escolares que le han dado una calurosa bienvenida. Dentro le esperaban los obispos españoles, con una nutrida representación de directores de distintos departamentos de la Conferencia Episcopal Española.
En su camino hasta la sede de la basílica, desde donde ha presidido el rezo del rosario, ha saludado a dos niños con un «¡hola!» y se ha detenido en la capilla del Santísimo. Allí, de rodillas, se ha recogido unos momentos en oración.
«Estoy contento de poder venir a los pies de la Moreneta para encomendarle, lleno de confianza en su intercesión maternal, mi servicio petrino y la misión de la Iglesia en el mundo que clama pidiendo justicia y paz», ha iniciado el Pontífice su discurso tras el rezo del rosario.
En su discurso, León XIV ha hecho una reflexión sobre cómo María es una vía privilegiada para llegar a Jesucristo y ha citado, en concreto, el caso de Ignacio de Loyola, que tras una noche de oración ante la Virgen «entregó sus armas de caballero, momento que marcó el inicio de una vida nueva al servicio de Jesucristo».
«Con esta misma actitud filial, os invito a acoger hoy la invitación de María: “Haced lo que él os diga”». Y eso que propone Jesús es, según el Papa, «el camino de la misericordia, la reconciliación, la verdad y la mansedumbre».
«Al mismo tiempo, desenmascara la violencia que puede esconderse en nuestras palabras y actitudes: la crítica que humilla, la condena que destruye y la agresividad que divide. Esa violencia puede revestirse muchas veces de aparentes armaduras con las que intentamos proteger nuestras heridas, nuestros miedos o el sufrimiento causado por las injusticias», ha añadido.
Al referirse al cuidado maternal de María, ha hecho una invitación a reconocernos como hermanos para que «nadie quede excluido y la comunión sea más fuerte que toda división». Y le ha pedido que «nos enseñe a renunciar a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a la murmuración y a las calumnias».
«Que aprendamos a custodiar y a cultivar el amor en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos y en las comunidades cristianas, de modo que el odio ceda paso a la esperanza y la paz», ha concluido.
Saludo desde el balcón
Al término del rezo del rosario, León XIV se ha asomado al balcón exterior de la basílica para saludar a los presentes que se habían congregado a sus puertas.
Según las autoridades, en Montserrat había en torno 7.000 fieles. Visiblemente contento, se ha congratulado por ver en Madrid y luego en Barcelona «un país lleno de fe, de amor, de deseo de alabar a Dios, de dar gracias a Dios y estar unidos».
Y ante un mar de banderas de distintas nacionalidades, dio las gracias a Cataluña por «haber recibido a tantas personas de otros países, porque enseña cómo integrar a todos en una única familia».
Y ha concluido: «Gracias a cada uno y a todos vosotros que estáis aquí esta mañana para recordar a todos en Cataluña, en España, en el mundo, que la fe da vida, que la fe da esperanza».








