«No quería ser Papa ni como joven ni como viejo», confesó el Pontífice respondiendo al pequeño en su encuentro con las realidades de asistencia caritativa de la archidiócesis de Barcelona
La estancia de León XIV en Barcelona está dejando momentos de una gran intimidad. Sucedió en Montjuic, en el diálogo con los jóvenes, y en la cárcel de Brians 1, con el abrazo a Montse, una interna. Y esta tarde, esa intimidad se ha trasladado a la Iglesia de San Agustín, en el barrio del Raval, donde un niño de 6 años, Renzo, emocionó al Papa y a todo el auditorio —a algunos hasta las lágrimas— con una carta y muchas preguntas.
Renzo se las pudo formular en directo. Lo hizo con cierta timidez, sorprendido mientras el Papa lo escuchaba. Un momento antes, el vídeo que contaba su historia, que muestra el contraste entre la ilusión de un niño por escribirle al Papa y las dificultades de su familia para llegar a fin de mes y pagar el pequeño piso en el que viven a pesar de que su padre tiene varios trabajos.
«¿Le gusta el fútbol?, ¿de pequeño quería ser Papa?», lanzó en un primer momento ante la sorpresa y sonrisa de los presentes, incluso del Papa. Luego, las preguntas más graves: el porqué de una madre y un padre preocupados o de los muchos trabajos del padre. El porqué de las cosas malas que pasan, de la gente que vive en la calle, de los abuelos solos.
El Papa, conmovido tras conocer la historia y escuchar al niño, bajó las escaleras del altar para salir a su encuentro y al de su madre y los abrazó a ambos. De nuevo en la presidencia del acto, situada justo delante del altar, respondió a las preguntas. Improvisó al principio. Primero sobre llegar a ser Pontífice: «No quería ser Papa ni como joven ni como viejo, pero cuando el Señor llama hay que decir que sí».
Y luego sobre el fútbol. Dijo que ahora juega al tenis y que de joven practicaba el fútbol americano. Sin embargo, en su etapa en Perú, con los seminaritas, practicó algo de fútbol. «Era defensa, no un gran goleador», añadió.
Ante de abordar el resto de las cuestiones, León XIV agradeció la acogida. «Aquí me siento como en casa». La explicación, como él mismo explica, no se limita a que esta iglesia, conocida como catedral de los pobres, está dedicada a san Agustín y la atienden sus hermanos agustinos, sino porque tiene una anécdota en ella. En 1982, al viajar a Barcelona, quiso visitarla, pero estaba cerrada. «Hoy está abierta. Y qué hermoso es encontrar una iglesia con una comunidad de agustinos y tantas personas que viven, que alaban a Dios, que encuentran comunidad, acogida, integración en esta iglesia y pastoral social», continuó.
Abuelos: «Nunca deberían quedarse solos»
León XIV también ha respondido a la pregunta sobre los abuelos, que «son muy importantes en la vida de las familias» y «nunca deberían quedarse solos». Y así ha invitado a cuidar y acompañar a los abuelos y a no permitir que «la soledad y el abandono ser normalicen en la vida de los adultos mayores». «Es algo muy triste», ha dicho.








