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Argüello, en la apertura de la Asamblea Plenaria: «Ni el Estado ni el mercado pueden salvarnos»

El presidente de la Conferencia Episcopal Española ha señalado ante todos los obispos españoles los cuatro grandes signos de este tiempo a nivel social: la demografía, la vivienda, el trabajo y la convivencia política

Luis Argüello, arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, pronunció este lunes su primer discurso en una Asamblea Plenaria ordinaria tras su elección del pasado mes de marzo. Una intervención dividida en dos partes diferenciadas: hacia fuera (sociedad) y hacia dentro (Iglesia), aunque todos los mensajes tienen su eco en las dos.

En el texto del arzobispo aparecen numerosas citas del papa Francisco, sobre todo de la encíclica Dilexit nos, que salió a la luz en octubre, y de la bula de convocación del Jubileo de 2025, Spes non confundit. Precisamente de dos referencias a estos documentos parte su introducción. Pero las citas y referencias que utiliza van más allá. Hay periodistas como Moisés Naim, filósofos como Byung-Chul Han o Hanna Arendt, un psicólogo como Diego Velicia, un sacerdote de Salamanca (Tomás Durán) o un franciscano experto en inteligencia artificial (Paolo Benanti).

Argüello comenzó su intervención con un análisis de los principales problemas o signos de los tiempos a nivel social, que son la demografía, la vivienda, el trabajo y la convivencia política en España. A ellas añadió el drama provocado por la DANA en Valencia y otros lugares de España.

Demografía

Argüello dedicó un importante espacio a la cuestión demográfica. Tras constatar con hechos que es un problema —nacen menos niños y hay menos matrimonios— que merece una respuesta, reflexionó sobre los fundamentos de esta situación. Detrás de ellos se encuentran las dificultades económicas y de vivienda, pero también culturales y ambientales, pues la familia se ve denigrada, como algo de lo que hay que liberarse. «Los medios y ambientes elogian la bondad de la falta de vínculos y la asunción del divorcio sin drama, como salida normalizada y deseable ante cansancios y conflictos», explicó.

Otra realidad es la idea de que no es bueno tener niños. Por diversos motivos: porque coartan la libertad, el desarrollo profesional o porque, así lo difunden algunos medios de comunicación, es algo perjudicial para el planeta.

«Estos condicionantes ideológicos han tomado cuerpo en la reciente legislación sobre la persona, el matrimonio y la familia. La problemática familiar no solo no es abordada, sino que desde el Estado se promueven medidas y legislaciones que agravan dichos problemas. España es el farolillo rojo en políticas familiares de protección de la familia y promoción de la natalidad», agregó.

Así, citando al papa Francisco, ha propuesto una alianza social para la esperanza para dar respuesta a esta situación. «Si hay esperanza, se está dispuesto a dar la vida y a transmitir la vida», ha agregado.

Vivienda

Desde las cifras, abordó la cuestión de la vivienda, sobre la que ha concluido: «Para muchas personas la vivienda, alquilada o en propiedad, supone un gasto inasumible y dificulta la vida familiar y social de muchos conciudadanos».

También se refirió a problemas como la sobreocupación, que personas de edad adulta solo puedan permitirse compartir, los precios en las grandes ciudades o la ocupación.

Trabajo

Sobre la cuestión del trabajo, constató que hay personas que no pueden trabajar, por una parte, porque no encuentran el modo y también cómo hay puestos de trabajo que no son cubiertos por falta de personal. También citó la temporalidad, la siniestralidad o la conciliación.

Del mismo modo, citó la corriente que está llevando a muchas personas a rechazar trabajos en aras de mejores condiciones y del bienestar —cita el movimiento de la «gran renuncia»—, que convive con la realidad que viven muchos migrantes. Su presencia, dijo, es paradójica: «La demografía de nuestra sociedad los necesita, pero generan rechazo; el mercado laboral los reclama, pero tiran de las condiciones laborales hacia abajo; viven en nuestros pueblos y barrios y participan en los servicios del estado del bienestar, gracias a sus hijos se mantienen escuelas que sin ellos cerrarían, pero la sanidad y los servicios sociales experimentan límites; a veces, se generan guetos y se pone de manifiesto la dificultad real del multiculturalismo».

En cualquier caso, defendió nuevamente la regularización extraordinaria de migrantes que ya están en nuestro país: «La actual tierra de nadie es inaceptable». Y ha añadido que la Iglesia anima «a abordar las causas que obligan a salir de la propia tierra, afirmando el derecho a no emigrar, a combatir a las organizaciones que trafican con los emigrantes y su necesidad imperiosa de cruzar los mares o atravesar desiertos; también a las organizaciones que, en los países de llegada, aprovechan la necesidad de sobrevivir o de realizar diversas gestiones».

Convivencia política

Al hablar de la dificultades de la convivencia política en nuestro país, Argüello se refirió primero a una situación global, en el que la vida democrática se ve devaluada al quedar anulados el encuentro y el diálogo a causa de la dialéctica populista y polarizada. «Las deficiencias del ejercicio democrático, falta de respeto al principio de legalidad y supresión de facto de la separación de poderes, junto con el deseo del mercado de lograr una economía eficiente y globalizada que pueda desarrollarse sin muchos límites, alimentan el deseo de algunos líderes de construir democracias (la práctica totalidad de los Estados miembros de la ONU se definen democráticos) más autoritarias», dijo.

En este contexto, en nuestro país las dificultades residen, según el presidente de los obispos, en la lectura de democrática de la historia como instrumento de polarización al servicio de la conquista o mantenimiento del poder y en las dificultades para armonizar una nación política de nacionalidades y regiones.

Y añadió: «La acogida del don recibido, ejercitado en un proyecto de bien común, en medio de los desafíos de un mundo en guerras sangrientas e híbridas, ha de hacernos superar populismo y polarización. Claro que esta doble acción precisa, por una parte, renunciar a la posverdad que legitima la mentira como instrumento político y, por otra, dar la vuelta a la tortilla de una cultura que favorece el individualismo del «derecho a tener derechos» y la desvinculación como proyecto liberador de individuos, identidades y agrupaciones sociales de todo tipo. Es un desafío que no podemos dejar solo en manos de los políticos, pues precisa el compromiso ciudadano de muchos para ensayar en la vida cotidiana y edificar en la vida social y política, formas de familia, empresa, economía y política para el bien común».

La catástrofe de Valencia

Según el arzobispo de Valladolid, la DANA que ha provocado tanto sufrimiento demuestra que «ni el Estado ni el mercado pueden salvarnos, aunque en el último tramo del tiempo moderno se hayan presentado como salvadores que pueden cumplir lo que prometen».

«Reducidos a consumidores y votantes, mercado y Estado nos proponen una salvación, ¡el progreso!, que no basta. Pero la tragedia ha vuelto a despertar un alma común y fraterna, un deseo de compartir y ayudar, un don que no es comercio y un compromiso que no es voto. El Estado y el mercado necesitan del don para regenerarse y abandonar toda pretensión mesiánica», destacó.

Dicho esto y tras señalar que los partidos progresistas y los que son conservadores, aunque no lo pregonen, estén más cerca de lo que creen en la concepción individualista de la persona —«la conciencia de vulnerabilidad y la experiencia del límite sorprenden al ciudadano que confía en el progreso rápido e incesante», sugiere volver a las preguntas sobre el ser humano. «En definitiva, hemos de hacernos la pregunta central: ¿qué es ser hombre, varón y mujer?», concluyó.

Los temas de la Plenaria

En clave más interna, Argüello se detuvo fundamentalmente en dos asuntos: la recepción del Sínodo sobre la sinodalidad, clausurado a finales de octubre, y el Congreso de Vocaciones, dos realidades que, además, puede ser propuestas de la Iglesia para la sociedad.

Sobre el Sínodo, puso el énfasis varias cuestiones, entre ellas la que tiene que ver con obispos, y entre estos los eméritos, y sacerdotes. «El Sínodo nos otorga a los obispos, con nosotros a presbíteros y diáconos, una singular responsabilidad al servicio de la armonía y de la comunión del pueblo de Dios. Hemos de subrayar nuestra colegialidad en provincias eclesiásticas y en esta Conferencia Episcopal. Han de crecer entre nosotros los diálogos que contribuyan al discernimiento eclesial para la misión que hemos de realizar en nuestras diócesis junto con la porción del pueblo de Dios que se nos ha encomendado. Os propongo hacer un ejercicio de conversación en el Espíritu, en el que compartamos los ecos que el documento final del Sínodo haya suscitado en nosotros y sugiramos los pasos que dar en nuestra Conferencia al servicio de la comunión misionera en y entre nuestras Iglesias diocesanas. Hemos de ver como acompañarnos y apoyarnos en nuestro ministerio», explicó.

Sobre los eméritos, a propuesta de la Comisión Episcopal para el Clero y los Seminarios y la Vicesecretaría para Asuntos Económicos, recomendó que se elaboren criterios mínimos comunes para la mejor atención que las diócesis les ofrecen.

Sobre el Congreso de Vocaciones, aportó que señalar la importancia de descubrir la vida como vocación y los distintos caminos vocacionales tiene un impacto en la vida política y social, en un momento en el que se entronizan los derechos, la libertad y la autonomía radical.

«Se echan de menos hombres y mujeres, que, además de enarbolar banderas de valores, estén dispuestos a empeñar su propia vida en aquello que proclaman. Es de una importancia política de primer grado que no solamente promovamos los derechos humanos, sino que promovamos los deberes humanos. Y quién sino la Iglesia puede generar un ambiente de deber de amor como respuesta al amor de Dios y al prójimo», continuó.

En su intervención, el arzobispo de Valladolid también hizo referencia al Proyecto marco de pastoral con jóvenes o a la reforma de los seminarios, que se abordará durante la semana. Y ha concluido con una llamada a la esperanza, al hilo del Jubileo de 2015, con textos de Byung-Chul Han, Julián Carrón y, de nuevo, de la Spes confundit del papa Francisco.

«¡El momento que estamos viviendo puede llegar a ser una gran ocasión! Lo será si nuestros ojos iluminados descubren el paso del Señor por la historia y nuestro corazón fortalecido se entrega al amor más grande caminando por sus huellas en un pueblo. ¡Juntos!», concluyo el Argüello ante la Plenaria.

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