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«La inteligencia artificial facilita la vida de la Iglesia; el futuro de las diócesis con esta tecnología va a ser muy sorprendente»

Entrevistamos a Luis Téllez, responsable técnico de ERP OMNIA diócesis, sistema de planificación de recursos empresariales que provee de estrategia tecnológica a las Iglesias particulares

Durante esta semana, el edificio SEDES SAPIENTIAE de la Conferencia Episcopal Española ha acogido las IV Jornadas de responsables de economía, que avanzando en la rendición de cuentas se han celebrado los días 2 y 3 del presente mes de junio. ECCLESIA ha entrevistado a Luis Téllez, responsable técnico de ERP OMNIA diócesis, sistema de planificación de recursos empresariales que provee de estrategia tecnológica a las provincias eclesiásticas. Su conferencia, que puso fin a las jornadas, versó sobre «la aplicación de la IA a la gestión diocesana y parroquial: ejemplo práctico».

Organizado por la Vicesecretaría para Asuntos Económicos, el evento fue inaugurado con una intervención de monseñor Luis Argüello, arzobispo de Valladolid y presidente de la CEE, y contó con ponencias de Fernando Giménez Barriocanal, vicesecretario para Asuntos Económicos; José Antonio Márquez, director de la Oficina de Innovación Tecnológica de la CEE; y Ester Martín, directora de la Oficina de Transparencia de la institución.

Conversamos sobre la aplicación práctica de las nuevas tecnologías, específicamente la inteligencia artificial, en la gestión del día a día de las diócesis. Téllez, representante de la empresa desarrolladora de la ERP implantada en la mayoría de las diócesis, compartió detalles sobre cómo esta plataforma empresarial avanzada que permite a las organizaciones desarrollar, automatizar e integrar aplicaciones de gestión de manera ágil y flexible está transformando las tareas de hoy y la visión del mañana.

—¿En qué casos concretos se está aplicando ya la inteligencia artificial a la gestión de las diócesis españolas?
—Lo que intentamos en este proyecto de ERP —Enterprise Resource Planning, que en español se traduce como Planificación de Recursos Empresariales— que está implantado en la mayoría de las diócesis es no dejar de lado estas nuevas tecnologías que van surgiendo y se van desarrollando con la llegada de la inteligencia artificial, para poder ir aplicándolas en el día a día. El objetivo principal es facilitar el trabajo de las personas. Una de las aplicaciones, por ejemplo, es el registro de facturas de gastos prácticamente sin intervención humana: el usuario final solo tiene que validar que lo que propone el sistema es correcto. Otra, muy importante, es el análisis de documentos extensos. La IA es capaz de hacer un resumen rápido de mucha información, enumerar los puntos clave y estructurar los datos en segundos, facilitando una tarea que antes requería leer todo el documento y resumir manualmente. También está el tema de los modelos predictivos y la traducción de idiomas, que la IA hace estupendamente. Esto nos ayuda en el desarrollo del programa para adaptarlo a las necesidades lingüísticas de diferentes Comunidades Autónomas, como ocurre con el catalán o el gallego, algo que era una exigencia para nosotros.

—¿Cuántas diócesis españolas funcionan ya utilizando inteligencia artificial?
—El ERP, en general, está implantado prácticamente en 70 diócesis, concretamente en 60-62. Es cierto que, luego, funcionan a diferentes velocidades. Sin embargo, en la mayoría —hablamos de casi el 80 % de esas 60—, el sistema ya lleva años presentando toda su información económica. Y se está ampliando mucho el ámbito de aplicación a otras necesidades de la Curia. El ERP nació para el control económico, pero avanza con la realidad de una diócesis, llevando toda la parte de secretaría, cancillería, nombramientos y comunicaciones. Ahora, estamos trabajando en toda esa parte.

—¿Encuentran muchas resistencias en la forma más tradicional de hacer las cosas de una institución con más de 2.000 años de historia?
—Principalmente, la mayor parte de las resistencias son por desconocimiento. Porque no se ha tenido la oportunidad de explorar estas herramientas, o quizás a alguien que le haga falta un pequeño curso de formación orientado a cómo explotarlas. La mayoría de las personas, como en todos los casos, están centradas en su día a día, sacando las diócesis adelante, que no es poco. Como sabemos, la Iglesia con poco hace mucho. De una manera similar, nosotros, la empresa que hacemos el ERP, somos pocas personas que, con pocos recursos, hacemos mucho.

—Pero es normal que existan miedos con todo lo que se comenta sobre la IA y su velocidad de desarrollo…
—Al final, la aplicación que pueda tener la IA, dependerá de cada uno. Es cierto que esto avanza a un ritmo que a veces puede ser preocupante, si te planteas hasta dónde puede llegar, pero su incorporación a todo lo que hacemos en el día a día creo que va a ir cada vez a más.

—¿Cómo cree que van a ser las diócesis del futuro con esta IA tan desarrollada e incorporada plenamente a los procesos de gestión?
—La verdad es que va a ser sorprendente. Todo lo que estamos comentando en estas jornadas y en esta misma entrevista era impensable hace solo dos años. Ha habido un boom increíble en este tiempo, pues los modelos de IA evolucionan día a día. La competencia entre modelos es brutal, y cada día nos sorprenden con más cosas. Ya hay IA capaces de hacer un vídeo con voz que parece una película, algo que antes costaba millones, y ahora te lo hace en segundos, para un usuario normal en su casa. A partir de ahí, lo que va a ser el futuro es lo que seamos capaces de imaginar.

—También, y más allá de la gestión, aplicado a otras áreas donde hacen falta manos, como la evangelización…
—Sí, por supuesto. La IA, al final, lo que hace es facilitar ciertos trabajos. Es verdad que el usuario que pregunta a la IA también tiene que ser experto en el tema que pregunta, tiene que tener el criterio y saber qué y cómo preguntar, y ese es uno de los grandes problemas hoy en día. Hay quien piensa que con preguntar algo y recibir una respuesta ya ha resuelto el problema, pero necesitas ser experto en la materia. ¿Puede ayudar en tareas de evangelización o temas más pastorales? Por supuesto. Pero claro, el que pregunta tiene que saber qué necesita que la IA le facilite. Partiendo de una pregunta sencilla, la IA es capaz de preparar todo un documento perfectamente organizado en cuestión de segundos. Creo que todas esas tareas facilitan la vida diaria. Sin embargo, como sucede con la aplicación económica, luego hay que aterrizarla, traerla a tierra. Si no, la IA se queda en la nube y no llegamos a materializar nada de lo que necesitamos.

—¿Cuál ha sido su valoración sobre estas jornadas?
—Han sido muy positivas, tanto para mí como para todo el equipo. El hecho de que la Vicesecretaría de Asuntos Económicos haya invitado a nuestra empresa, que trabaja para la Conferencia Episcopal, nos hace una gran ilusión. Ver cómo las diócesis utilizan el programa y que no se ha parado de nombrar el ERP en cada frase que salía en las ponencias ha sido una alegría enorme para mí y el equipo. Nos motiva a seguir trabajando en este proyecto tan bonito.

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