Manolo Campillo, presidente de Scouts Católicos de Murcia, ha indicado que «debemos cuidar esa llama de la paz para que no se apague»
La Luz de la Paz de Belén es un símbolo representado en una vela que se enciende cada año en la cueva en la que nació Jesús y que los niños, jóvenes y voluntarios de Scouts MSC repartirán por toda España. Este año, la recogida de la luz ha sido más complicada dado el conflicto bélico y la dificultad de viajar con la luz encendida desde Belén hasta la frontera con Jordania. Un grupo de seis personas han acudido a la Iglesia Católica Litz para recoger la Luz y luego llevarla a la catedral de Murcia, desde donde se repartió a delegaciones venidas de toda España.
Manolo Campillo, presidente de Scouts Católicos de Murcia, ha atendido a ECCLESIA para contar cómo fue ese viaje en el que él también participó. «Salimos el miércoles para tener un día de descanso en Linz y el regreso lo hicimos justo al finalizar la ceremonia de entrega de la luz. Terminó a las 15:30 y salimos de Austria a las 16:00 horas. En cada uno de los vehículos pusimos dos llamas en dos velas para que si una se apagaba en cada uno de los coches fuera una más. En total traíamos cuatro luces encendidas».
En relación a la preparación del viaje, explica que «fue muy intensa, ya que tuvimos que preparar comida que pudiéramos consumir dentro del coche, sin necesidad de hacer paradas, porque teníamos calculado que el tiempo del que disponíamos era de 24 horas para poder llegar a tiempo a Murcia. Saliendo de Linz a las 16:00, teníamos que llegar a Murcia a esa misma hora de la tarde del día siguiente. Ese era nuestro reto».
«Íbamos entusiasmados y con muchísima ilusión»
Para el viaje de ida los seis componentes de la delegación salimos de la catedral de Murcia a las 7:00 de la mañana y se nos hizo se nos hizo una especie de despedida desde la catedral, que es la que enviaba a sus delegados para recoger la luz para después entregarla a la propia catedral. Una vez que estábamos en Austria también nos comunicábamos con la gente que estaba en Murcia y estando al día de todas las actividades que estaban desarrollando. Todos nos iban alentando y transmitiendo la ilusión que tenían para el momento final que sería la entrega en Murcia. Íbamos entusiasmados y con muchísima ilusión».
Durante el trayecto, cuenta que «teníamos planificado que cada dos o tres horas hacíamos un cambio de conductor para salir del coche, estirar las piernas y coger aire para seguir. Llevábamos frutos secos, pequeños bocadillos, fruta y bebida para poder consumir de manera individual. Así fuimos haciendo todo el viaje. Nos íbamos comunicando con un walkie de un coche a otro para evitar estar con el teléfono y nos íbamos preguntando cómo íbamos y si necesitábamos descanso».
En su travesía, los enviados desde Murcia pasaron por un total de 5 países. «Salimos de Austria, pasamos a Alemania, después atravesamos Suiza, después por Francia hasta llegar finalmente a España».
«La llegada fue espectacular»
En lo que respecta a la llegada a Murcia, Campillo indica que «estaba organizada y fue un poco espectacular. Nos coordinamos con la Policía Local para que nos abrieran camino cuando llegáramos para no encontrarnos atasco y poder llegar a tiempo. Nos esperaron a la llegada dos motos de policía y con las sirenas y las luces puestas fueron parando el tráfico en un recorrido de unos cuatro o cinco kilómetros para poder llegar a la puerta de la catedral. Para nuestra sorpresa cuando llegamos la Plaza de la Cruz estaba repleta de scouts y cuando nos vieron sacar las luces nos dieron un aplauso y nos hicieron un pasillo para entrar a la catedral. Fue un momento muy emotivo y muy emocionante».
Por último indica que en lo que respecta a la ceremonia «fue muy bonita y solemne. Lo que estamos compartiendo es esa luz que viene desde Belén. El esfuerzo por llevarla de un sitio a otro y transmitirlo de una persona a otra sin que se apague. Simboliza el esfuerzo que todos debemos hacer por construir la paz. Debemos cuidar esa llama para que no se apague».








