Señala que son «camino de evangelización y de catequesis, de primer anuncio, de formación en la fe y de acompañamiento en el crecimiento espiritual»
La segunda jornada del II Congreso Internacional de Hermandades y Piedad Popular, que se celebra estos días en Sevilla, contó con la presencia del cardenal Kevin Farrell, entre otros cargos, prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida. En su intervención —ofreció una de las ponencias del día— reivindicó el papel de las hermandades en la formación cristiana, como escuela de la vivencia de la fe.
Y lo hizo así, porque el modo de transmitir la fe al que estábamos acostumbrados ya no es efectivo. «Muchas personas, en algunos países, ya no reciben ninguna formación cristiana y religiosas en general, ni en la familia, ni en la parroquia, ni en otras estructuras eclesiales a las que ya no acuden, y menos aún en la escuela», dijo.
Una formación que no se limita «a clases de tipo escolar», sino que tiene que ser una catequesis kerigmática y vivencial.
En este sentido, ha dicho que las hermandades, en esta tarea urgente, deben ofrecer «caminos de evangelización y de catequesis, de primer anuncio, de formación en la fe, de acompañamiento en el crecimiento espiritual».
El purpurado ha presentado a las cofradías como casa: «La hermandad está llamada ser el lugar vital, hecho de espacios concretos y sobre todo de relaciones donde uno puede sentirse en casa, acogido y aceptado. Debe ser un lugar donde uno se sienta en familia, y redescubrir el reencuentro con su pasado».
En opinión de Farrell, es responsabilidad de todos perseverar en una firme fraternidad «para que el individualismo de la sociedad contemporánea no infecte estas asociaciones».
Comunión
Otro aspecto que resaltó el purpurado fue la comunión, que, dijo, debe ser alimentada. En este sentido, dijo que el acertado impulso de los laicos, producido desde el Concilio Vaticano II, debe ser bien entendido, dentro de la Iglesia institucional, de los pastores, y no independientemente de ella.
«Lo correcto es que los laicos enriquezcan la Iglesia con sus dones, que no se formen entidades separadas. Y esto se aplica también a las hermandades»,








