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Carlos López Segovia: «La Iglesia española se ha convertido en la punta de lanza contra los abusos»

El vicesecretario para Asuntos Generales de la Conferencia Episcopal revela que en las Oficinas Diocesanas se acompaña también a víctimas abusadas fuera de la Iglesia y que ya se ha dado formación específica a 152.000 fieles y más de 103.000 niños para detectar y denunciar posibles casos

La diócesis de Ávila continúa con su itinerario de Formación Permanente del Clero, centrado la prevención y actuación en los casos de abusos a menores. En el marco de su tercera sesión, celebrada en el aula Obispo José Luis Retana del seminario diocesano con una presencia numerosa de sacerdotes abulenses, ha intervenido de manera destacada el vicesecretario para Asuntos Generales de la Conferencia Episcopal Española y promotor de Justicia del Tribunal de la Rota, Carlos López Segovia. Tras definir la lacra de los abusos como «un drama de la sociedad en general e innegable», ha denunciado la «cerrazón por achacarnos la totalidad del pastel» y esto, a su juicio, «no es justo». Por ello, ha alertado sobre la «falacia» de la verdad mediática, sin restar un ápice al dolor de toda la Iglesia: «Un solo caso merece todo el esfuerzo realizado durante todos estos años».

López ha comenzado su intervención recordando que «la primera referencia a la lucha de la Iglesia sobre abusos a menores data de hace veinte siglos, del Concilio de Elvira», en el cual se promulgó la ley eclesiástica que establece, entre otros órdenes, prescripciones para sancionar las agresiones sexuales de clérigos. Así quedaba la disposición: «Los que abusan sexualmente de niños no pueden recibir la comunión ni en peligro de muerte».

Desde entonces, se ha trabajado concienzudamente en este sentido, destacando «el Código de Derecho Canónico, promulgado por san Juan Pablo II, convertido en un documento vivo, que ha sido actualizado por el propio Pontífice, por Benedicto XVI y ya dos veces por el papa Francisco», ha subrayado. Y siempre, obviamente, en el sentido de reforzar los tipos penales de estos delitos, en consonancia con la denuncia de los casos, la comunicación con las autoridades seculares y la colaboración con las normas civiles, que han sido una constante, especialmente en los últimos 24 años. «Por eso, cuando nos dicen que la Iglesia no hace nada, es bueno recordar esto», ha afirmado.

Un esfuerzo materializado desde 2019 con la institución de las Oficinas Diocesanas por parte del Papa Francisco en su motu proprio Vos estis lux mundi . «Pero pronto vimos que la función de estas oficinas no podía limitarse a recibir las denuncias: tenía que ir más allá. La Iglesia en España se ha situado en la vanguardia de todas estas acciones sobre este asunto tan doloroso. Las oficinas empezaron a poner avances en campo de prevención, formación, detección y acompañamiento. Ya no solo de víctimas de abusos en ámbito eclesiásticos, sino en toda la sociedad. Se han convertido en punta de lanza. Y, sobre todo, un trabajo en comunión con las instituciones de vida consagrada a un nivel que yo no había visto hasta ahora. Porque en este campo, o vamos todos a una o nos abren brecha. Es, por tanto, un cambio de vertiente en el que queda patente que nos interesan las personas».

Por eso, ha destacado también el trabajo de las Oficinas Diocesanas, donde se acompaña también «a personas abusadas no en el seno de la Iglesia. Con mucho esfuerzo y mucho tesón, sin ser afectados por la mayoría de estos crímenes. Y los objetivos que se han alcanzado son que hoy día la práctica totalidad de las denuncias acaban en las mesas de los fiscales. No hay casos que se queden sin denunciar. Ojalá que los que vengan puedan encontrar que la Iglesia actúa, y actúa con verdad, con justicia y con misericordia. Si conseguimos remar todos a una, vamos a poder contribuir a la eliminación de esta lacra. Claro que queda aún mucho por hacer, y la Iglesia es lenta en algunas de sus acciones, pero una vez que lo hace, es capaz de llevarlo con contundencia hasta sus últimas consecuencias».

Formación a más de 150.000 personas

Esta es la respuesta «más contundente» que podemos dar como Iglesia. «Hemos de situarnos en la humildad de que necesitamos esta formación», ha señalado. En cuanto a los datos, López ha destacado la formación a más de 152.000 personas llevadas a cabo solamente en 2022. «De ellos, unos 2.700 eran sacerdotes; 3.732, monitores; 18.200, padres; 21.000, profesores; 2.900, catequistas. Y 103.854 niños y adolescentes, formando a los menores para que sean ellos los primeros que detecten qué es un abuso y sean capaces de comunicarlo».

Por último, Carlos López ha explicado a los sacerdotes abulenses la legislación canónica actual en materia de abusos, dando, además, las claves de las medidas implementadas en colaboración con las instituciones públicas —como, por ejemplo, eliminar el secreto pontificio en estos casos—. Para ello, ha remitido a la lectura del informe Para dar Luz, de la Conferencia Episcopal, donde se detallan los protocolos, la documentación necesaria para el trabajo con menores, el cumplimiento de la norma existente —tanto civil como canónica—, las medidas de acompañamiento y reparación espiritual que se brinda desde las oficinas diocesanas, el plan de reparación integral en preparación desde la CEE, y todo cuanto se precise en este sentido para saber cuál debe seguir siendo el trabajo de la Iglesia en este campo.

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