El papa León XIV ha presidido este miércoles la Eucaristía en la obra magna de Gaudí y bendecido la torre de Jesucristo
El papa León XIV ha presidido este miércoles la Eucaristía en la basílica de la Sagrada Familia y la posterior bendición de la torre de Jesucristo, uno de los momentos cumbre de su viaje por España, que concluyó con espectáculo de luz y sonido. Una celebración —en el día del centenario de la muerte de Antonio Gaudí— marcada por la belleza, los sonidos y la luz, y que el Pontífice ha completado con una homilía en la que ha subrayado mensajes de días anteriores.
El Pontífice ha llegado al templo en papamóvil poco antes de las 19:30 horas. Tras bajar del vehículo y antes de acceder al templo, se ha encontrado con Valentina, de 11 años e invidente, que le ha explicado al Papa la torre de Jesucristo a través del tacto. A continuación, ha bajado a la cripta para rezar ante la tumba de Gaudí.
Como en la catedral el martes, León XIV ha comenzado con una referencia a la unidad y concordia, de las que son signo la Sagrada Familia. También ha vuelto a la idea del camino, presentada al recoger que el templo expiatorio, como obra en construcción, recuerda que «la vida cristiana es siempre un camino, porque se trata de un proyecto que Dios lleva a cabo».
«No habitamos, pues, una obra inacabada, sino un templo aún en construcción. Su imperfección no
es un defecto, porque da testimonio de un deseo; no significa una carencia, sino que expresa una promesa que queremos honrar con coherencia. Nuestra gratitud se convierte entonces en compromiso, al tiempo que cooperamos en el proyecto de Dios, es decir, en la construcción a la que él mismo nos llama», ha añadido.
Así, más adelante, al reflexionar sobre el Evangelio, el Papa afirma con contundencia que «no podemos creer en Jesús y promover la guerra, no podemos creer en Jesús y matar al inocente, no podemos creer en Jesús y abandonar a quien sufre, a quien llora, a quien huye de la miseria».
Estandarte de caridad
En este sentido, ha subrayado que, mirando a Cristo, el mundo se ve con ojos renovados y, por tanto, «la cruz se convierte en estandarte de caridad, porque Dios nos ama así, transformando un instrumento de muerte en un signo de esperanza». «Esta cruz brilla de día, reflejando la luz del sol, y brilla de noche, iluminando la ciudad como un faro abierto al Mediterráneo», ha añadido.
Al final de la homilía, ha tocado el tema del arte, que considera «una de las obras de la fe» y ha reconocido cómo Gaudí, a través de la Sagrada Familia, propone una peregrinación espiritual, «que conduce al encuentro con Cristo, nacido, muerto y resucitado con nosotros».
Y ha añadido: «En su sabiduría, la Iglesia renueva así la Biblia pauperum de las antiguas catedrales,
que son en sí mismas mensajes de evangelización de gran riqueza. En este tiempo de la imagen, resulta aún más evidente cómo el arte y la belleza son eminentes canales de evangelización».
Una belleza, ha concluido, que nos anima a aprender del Señor el arte de vivir su Evangelio. «Mientras alzamos la mirada hacia él, el crucificado resucitado, comprometámonos a levantar el rostro de quienes yacen en el polvo. Y demostremos así que la Sagrada Familia es la iglesia más alta del mundo, no para destacar en clasificaciones mundanas, sino para guiar los pasos del pueblo de Dios que peregrina en esta tierra de Cataluña, con la cruz que ilumina el camino, como una lámpara encendida en la espera del regreso del Esposo», ha concluido.








