Queridos diocesanos: Zorionak! ¡Felices fiestas de la Virgen Blanca, patrona de Vitoria! Gora Andra Mari Zuria!
Las fiestas de Nuestra Señora La Blanca vuelven a reunirnos en torno a aquello que mejor nos define como pueblo: la alegría de tener Madre, en mayúscula, el júbilo compartido de ser hermanos, el encuentro entre mayores y jóvenes, la amistad vecinal, la gratitud por nuestras raíces y la esperanza en el futuro. Son días para celebrar, para descansar y también para mirar de manera especial a nuestra Reina y Señora.
Este año viviremos las fiestas con el eco aún reciente de un acontecimiento que ha marcado profundamente la vida eclesial y social en España y también en nuestra ciudad: la visita del Santo Padre, el Papa León XIV.
Durante su peregrinación por Madrid, Barcelona y Canarias, el Papa nos ha dejado palabras que merecen ser recordadas y meditadas, también en medio de nuestras celebraciones. ¡Porque nuestra Diócesis también alzó la mirada!
En esos días de junio el Papa nos invitó a poner siempre a la persona en el centro, reconociendo la dignidad de todo ser humano, especialmente de quienes sufren, de los más vulnerables, de quienes viven en soledad o experimentan cualquier forma de exclusión.
Asimismo, León XIV insistió en la necesidad de diálogo y reconciliación en una sociedad a menudo marcada por la polarización. Nos recordó que las diferencias no deben convertirse en muros infranqueables y que el encuentro sincero es siempre más fecundo que la confrontación permanente.
El Papa también puso ante nuestros ojos la centralidad de la Eucaristía y la importancia de la presencia real de Jesús en este sacramento, nuclear en la vida de todo cristiano, invitándonos a volver a la fuente de la Eucaristía para encontrar amor, paz, esperanza y fuerza para transformar la realidad que nos rodea, convirtiéndonos nosotros mismos en pan compartido para los demás.
Y junto a todo ello, el Santo Padre dirigió una palabra especialmente esperanzadora a los jóvenes, animándoles a no conformarse con una vida superficial, sino a dar sentido a sus vidas explorando la vocación sacerdotal y a la vida religiosa como una vida plena, alegre y entregada.
En nuestras fiestas patronales encontramos una magnífica oportunidad para no olvidar estas palabras de León XIV en su primera visita a nuestro país. Que cada saludo, cada comida compartida, cada encuentro en nuestras calles y plazas sea una ocasión para fortalecer la convivencia y la fraternidad. Que nadie se sienta solo en estos días y que sepamos abrir espacio en nuestro corazón para quien más lo necesita.
Rompamos con todo lo que nos separa. Como nos recordó el Papa en la Almudena de Madrid cuando se encontró su imagen milagrosa, “fue gracias a una muralla demolida que se produjo el reencuentro de la Madre con su pueblo”. Y abramos también nuestro corazón a todos sin excepción, como el Santo Padre también recordó en la Abadía de Montserrat, donde invitó a «deponer las armaduras que endurecen el corazón para revestirnos únicamente de las armas de Dios».
Bajo la protección de la Virgen Blanca, patrona de Vitoria-Gasteiz, pidamos al Señor que nos conceda la gracia de ser constructores de paz, sembradores de esperanza y testigos de la alegría del Evangelio. Ciudadanos, hombres y mujeres, hermanos todos en Cristo que alzamos la mirada para poner nuestros ojos en él, en Jesús, a través de María, reflejando nuestra acción en amor hacia el prójimo, sin condiciones. Porque, como nos recordó el Papa en la histórica y multitudinaria misa en la plaza de Cibeles el 7 de junio y donde cientos de alaveses participaron, «Nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano«.
Deseo de corazón a todos los vitorianos y vitorianas unas felices fiestas de La Blanca 2026 llenas de respeto, alegría y fraternidad.
Con mi afecto y bendición,





