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Iglesia, trabajadores y sindicatos se unen para «tejer comunidad» y pedir una tecnología al servicio de la justicia social

Durante los Cursos de Verano de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), el sindicato UGT reveló que ha empezado a difundir la encíclica Magnifica humanitas entre sus afiliados

La Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) inauguró ayer miércoles en Madrid sus tradicionales Cursos de Verano. Bajo el lema «Tejer comunidad en la era digital: el compromiso por el bien común», más de 200 personas se están dando cita esta semana en el Colegio Mayor Universitario Marqués de la Ensenada para reflexionar sobre cómo recuperar la centralidad de la persona en un mundo gobernado por las máquinas.

La jornada de apertura de ayer escenificó lo que es un muy vivo y potente diálogo entre la Iglesia española y el sindicalismo. Representantes de la Conferencia Episcopal, junto a líderes de UGT y USO, compartieron un diagnóstico común: la transformación tecnológica debe estar al servicio de la justicia social y no solo de la productividad.

Raúl Tinajero, director del Secretariado de la Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida, se mostró muy claro al señalar que la Iglesia debe leer los signos de los tiempos en la cultura digital: «Defender la dignidad del trabajo es defender la dignidad de la persona», afirmó, advirtiendo contra el peligro de un «paradigma tecnocrático» que someta la vida a la fría lógica de la eficacia. Tinajero animó a los presentes a ser «artesanos del encuentro» en espacios «donde la verdad no sea sustituida por la manipulación, donde el diálogo venza a la polarización y donde la solidaridad prevalezca sobre el individualismo».

Por su parte, la presidenta general de la HOAC, Paloma Becerra, presentó estas jornadas como un «espacio imprescindible de resistencia y discernimiento», donde el objetivo es claro: «El futuro no puede construirse contra las personas, sino con ellas», y reivindicó una sociedad que sitúe en el centro la fraternidad frente a un poder tecnológico que amenaza con deshumanizar el mundo obrero.

La voz de los sindicatos también resonó con fuerza. Cristina Estévez, de UGT, recordó que la tecnología no es neutra y que «el trabajo no puede reducirse a algoritmos, métricas o productividad. Sigue siendo un espacio de dignidad, participación social y ejercicio de derechos». En una línea similar, Joaquín Pérez, secretario general de USO, apeló a la historia del movimiento obrero cristiano para reclamar una regulación que proteja a las personas de tecnologías que deshumanizan el empleo.

El broche de oro a las intervenciones de ayer lo puso el sociólogo Sebastián Mora con su ponencia marco, titulada significativamente «Sembrar humanidad en una sociedad tecnocrática». En ella, reivindicó una espiritualidad encarnada en las luchas de las personas trabajadoras, pues «la verdadera espiritualidad cristiana es espíritu en el mundo».

Ante el avance del individualismo, que Mora calificó —citando al papa Francisco— como uno de los «grandes virus de nuestro tiempo», el profesor de Comillas apostó por una antropología del cuidado: «La apuesta cristiana en el siglo XXI ha de tener el cuidado como centro; la vulnerabilidad como lugar teológico». Y subrayó que la verdadera esperanza cristiana «empieza bajando al dolor del mundo» para construir comunidades capaces de generar alternativas.

Tras la ponencia marco, los participantes han podido incorporarse a cinco espacios de diálogo específicos diseñados para desmenuzar las distintas caras de esta transformación. En estas mesas se abordan temas críticos como las repercusiones del consumo digital en la ecología integral, la inteligencia artificial en el entorno laboral, o el derecho a una información veraz frente a la posverdad. Incluso, se ha reservado un espacio para debatir sobre el transhumanismo y el poshumanismo, corrientes que, según afirmaron los ponentes, ponen en jaque la propia singularidad humana caracterizada por la vulnerabilidad y la corporalidad.

Precisamente, Mora profundizó en su intervención en la intuición de que, hoy, la misión cristiana consiste en «generar y sembrar humanidad», especialmente cuando la cuestión social se ha vuelto una cuestión antropológica. Insistió en que la justicia no es una abstracción, sino algo que «comienza por los descartados» del sistema. Frente a la lógica del beneficio, propuso una antropología del cuidado abierta a la diversidad de las personas, que reconozca nuestra interdependencia mutua como la base de una sociedad verdaderamente democrática y humana.

Esta mirada al futuro no puede ni pretende olvidar las raíces de la fe. Antes de su apertura al público general, los cursos dedicaron el pasado lunes y martes unas jornadas específicas para consiliarios y animadores de la fe, donde el teólogo Fernando Rivas invitó a los asistentes a inspirarse en el ímpetu de las primeras comunidades cristianas. El objetivo ha sido aprender de aquellos primeros creyentes cómo vivir una «triple comunión» que hoy permita a la HOAC acompañar el sufrimiento y las esperanzas del mundo obrero en una cultura hiperconectada pero a menudo deshumanizada.

Desde el ámbito sindical también se ha puesto en valor la convergencia con el magisterio de la Iglesia. Cristina Estévez reveló que UGT ha comenzado a difundir entre su afiliación la encíclica Magnifica humanitas, al considerar que sus propuestas sobre transparencia algorítmica y protección frente al desempleo tecnológico «coinciden plenamente» con las reivindicaciones sindicales actuales. Por su parte, Joaquín Pérez (USO) recordó el legado de José Luis Blanco González, militante de HOAC y cofundador de su sindicato, como ejemplo de la importancia de la formación permanente para no quedar a merced de tecnologías que avanzan más rápido que la propia legislación laboral.

Como expresión de lo reflexionado, los cursos vivirán hoy jueves un momento clave con la celebración de la Eucaristía en la catedral de la Almudena, presidida por el obispo auxiliar Vicente Martín. Al finalizar, se realizará ante las puertas del templo un gesto público y participativo sobre la inteligencia artificial y el mundo laboral. La acción incluirá una escenificación inspirada en «las espigadoras», de la zarzuela La rosa del azafrán, que pretende mostrar cómo la tecnología debe dejar de ser una amenaza de desconcierto para integrarse plenamente al servicio de las personas y del cuidado del mundo.

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