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Así ha sido la visita de León XIV a Asís

El Pontífice viaja por segunda vez en su pontificado a la ciudad de san Francisco, esta vez para reunirse con los jóvenes que participan en el Go! Franciscan Youth Meeting 2026

Han sido poco más de cuatro horas. Pero la presencia del papa León XIV en Asís, para participar en un encuentro de jóvenes vinculado a los franciscanos —Go! Franciscan Youth Meeting 2026—, ha dado mucho de sí. En la fiesta de la Transfiguración del Señor, el Papa se ha reunido con los jóvenes para escuchar sus preguntas y ofrecer respuestas y celebrar la Eucaristía.

El Papa aterrizó en Asís en torno a las 8:30 horas de la mañana y, tras realizar los saludos protocolarios a las autoridades civiles y religiosas, se reunió con los jóvenes en la plaza de Santa María de los Ángeles. Allí respondió a tres preguntas, formuladas por jóvenes de Croacia e Italia. ¿Cómo ser testigos creíbles de Cristo? ¿Cómo responder afirmativamente a la llamada de Dios? ¿Por qué es difícil ver a la Iglesia como madre que acoge y ama?

«A los cristianos se les pedirá cada vez más que se conviertan en artífices de paz en el seno de sociedades tentadas a instrumentalizar la religión en la confrontación de identidades. Ser testigos de Cristo sigue siendo, por tanto, fascinante y exigente, porque abre la mente y el corazón más allá de las fronteras artificiales, es decir, más allá de los miedos provocados por la desinformación y los muros del prejuicio», respondió León XIV a la primera pregunta, que presentó Karolina, de Zagreb.

Para el Papa, esto significa alejarse de la cultura del poder y construir la civilización del amor, algo que «no se comprende ni se acepta de inmediato». «Aprendan de san Francisco la radicalidad evangélica, que es lo contrario del fundamentalismo: no los vuelve ciegos ni violentos, sino sensibles, atentos, siempre en el seguimiento de Jesús y, por tanto, humildes y acogiendo a todos», añadió.

A la segunda pregunta, relacionada con la vocación y planteada por Giovanni, el Pontífice dijo que «tomar una decisión para siempre no nos encierra en una jaula, sino que nos abre a un dinamismo mayor». Y continuó: «Amar es un éxodo, un camino por descubrir, un recorrido en el que Dios anda con nosotros, y este es el verdadero sentido de toda vocación».

En este sentido, el Papa recordó que en la fe se desmonta la ilusión de que los problemas se resuelven huyendo, traicionando o dando unos pasos por caminos siempre diferentes, sin llegar nunca muy lejos: «Se pueden multiplicar las experiencias, los contactos y el consumo, pero permaneciendo siempre en el mismo punto. El coste humano es elevado y el vacío interior es profundo. El para siempre, entonces, es una gracia a la que Dios mismo nos ayuda a responder con nuestra fidelidad, para alcanzar la plenitud de la vida».

Al interrogante sobre la Iglesia, puesto encima de la mesa por Luigi, León XIV hizo una llamada a la responsabilidad personal, pues cada uno tiene un papel «en esta obra siempre en marcha». «Tenemos diferentes responsabilidades y vocaciones, pero caminamos juntos, inspirándonos, ayudándonos y corrigiéndonos mutuamente. Es importante colaborar con nuestra parte. Entonces hablaremos de la Iglesia con el cariño con el que se habla de una madre, porque reconoceremos que le pertenecemos».

Eucaristía

Tras el encuentro, el Papa se dirigió al interior de la basílica de Santa María de los Ángeles para presidir la Eucaristía. Al hilo del relato evangélico de la Transfiguración, León XIV recordó que la Iglesia existe para introducirnos en el dinamismo de la escucha y la decisión planteado en el Evangelio, «en el cual comprendemos para quién vivir y cómo vivir».

«Es en la comunidad en donde aprendemos a distinguir la voz de Dios, que no coincide simplemente con nuestras opiniones, y a ser obedientes al Espíritu Santo, que hace audaces y creativos a todos aquellos que han aceptado seguir a Jesús: nosotros nos desfiguramos separándonos de él y de los demás; nos transfiguramos, en cambio, en las relaciones que robustecen y llaman a la vida. La espiritualidad franciscana, en la que ustedes se han formado, está muy atenta a reparar las relaciones fundamentales con Dios y con todas sus criaturas: una armonía que hay que custodiar y cultivar, hoy más que nunca», añadió.

Dirigiéndose a los jóvenes, les invitó a ser como san Francisco, a abandonar los caminos ya trazados y a abrir nuevos, coherentes con el camino de Jesús. «Hoy Europa y el mundo entero buscan en ustedes nuestros santos. ¡Tengan la audacia de creer en la palabra del Evangelio, sean muy humanos con la libertad de Jesucristo, abracen la hermana pobreza», les pidió.

También los invitó a ir a los lugares marginales, «donde la injusticia y la prepotencia de unos pocos niegan la dignidad y los sueños de muchos, de demasiados hijos e hijas de Dios».

«Apuesten, queridos jóvenes, por la civilización del amor, de la cual han encontrado los brotes en tantos ejemplos de gratuidad, y que transfigura —a imagen de Cristo— a innumerables artífices de paz también hoy comprometidos con el servicio a la vida en los más trágicos escenarios de muerte. Unan las mejores energías de su magnífica humanidad —los estudios, las competencias, el trabajo, las amistades, el amor, la oración— actualizando de diversos modos la visión de Francisco», concluyó.

Tras la Eucaristía, León XIV regresó al Vaticano. El domingo volverá a aparecer en público para el rezo del ángelus.

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