“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”. (Mt 18,26 y 29)
- Algunos políticos exigen que un país pida hoy perdón por algo que hicieron otros que vivieron hace siglos. Pero los que exigen esa petición de perdón ¿no se están beneficiando de los que consideran errores de sus propios antepasados?
- Cuando recordamos los errores de una época histórica, ¿estamos dispuestos a reconocer nuestra responsabilidad o subrayamos solo la responsabilidad de los demás?
- Nosotros mismos ¿nos situamos entre los deudores o entre los acreedores? ¿Hemos de pedir perdón o hemos de comportarnos con la paciencia que los otros nos solicitan?
- ¿Al pedir el perdón a los demás lo consideramos como una gracia totalmente inmerecida o como un deber ajeno al que creemos tener derecho?
- Si alguien nos pide a nosotros un gesto de compasión ¿tenemos conciencia de que el perdón que otorgamos es un reflejo del perdón que Dios nos concede a todos?
- Si tanto nos cuesta perdonar a los demás por las injusticias que hemos padecido ¿cómo nos mostramos dispuestos a pedir a Dios el perdón por nuestros pecados?
¿Y yo, cuánto tiempo hace que no pido perdón a Dios y a mis hermanos con un sincero propósito de cambio en mi conducta de cada día?





